Conquistar Gaza

Año 1917, Primera Guerra Mundial. Los contendientes: Gran Bretaña y el Imperio Turco-Otomano. El frente de batalla: Gaza.

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, los turcos, con ayuda de sus aliados alemanes, intentaron conquistar la península del Sinaí a Egipto, en aquel entonces un protectorado británico. El objetivo era hacerse con el Canal de Suez. Pero las ofensivas otomanas fracasaron y para 1916 eran los británicos quienes avanzaban por el Sinaí, a lo largo del Mediterráneo, para llegar a territorio otomano. Conquistaron El-Arish, donde hoy en día pasa la frontera entre Egipto y la Franja de Gaza. Pero ahí tuvieron que frenarse. Los otomanos, bien pertrechados en una poderosa línea defensiva entre Gaza y Beersheva, repelieron los intentos británicos de conquistar Gaza dos veces, en abril y mayo de 1917.

Hasta que los británicos decidieron poner al mando del frente contra los otomanos al general Edmund Allenby, con el objetivo no sólo de conquistar Gaza, sino de conseguir Jerusalén como regalo de Navidad para Gran Bretaña. Allenby no vino solo, llegó reforzado con cien mil soldados, en su mayoría australianos, neozelandeses e indios. Cuando los árabes locales escucharon por primera vez el nombre del nuevo general les temblaron las rodillas. Según el folclore del lugar, el dominio otomano acabría cuando viniera el profeta y las aguas del Nilo llegaran hasta la zona. Curiosamente Allenby suena parecido a Al-Nabi, que en árabe significa el profeta. Además, los británicos colocaron caño de agua para abastecer a sus tropas, que atravesaba el Sinaí y traía agua desde el Nilo.



Al-Nabi

Por supuesto, los aguerridos otomanos no pensaron ni por un momento bajar los brazos por un par de supersticiones locales y se preparon para resistir al tercer ataque. Esta vez la tendrían más fácil aún, conocían punto por punto los planes de la ofensiva, luego de que un oficial de inteligencia británico herido cerca de un puesto otomano perdiera su cartera con todos los mapas e indicaciones. La noche del 30 de octubre estaba claro que los británicos marcharían contra Gaza y allí concentraron los otomanos toda su fuerza. El 31 de octubre los británicos conquistaron Beersheva. Los preparativos para conquistar Gaza no habían sido más que un engaño para distraer la atención de los turcos, mientras que la caballería australiana y neozelandesa avanzaba en silencio hacia Beersheva.

Después de conquistar Beersheva, Gaza calló como un castillo de naipes. En diciembre, una semana antes de Navidad, Allenby llegó a Jerusalén. En octubre de 1918 Allenby venció de nuevo a los turcos en la última gran batalla en esta zona, al pie de Tel Meguido, que le valió el apodo Lord of Armagedon.

Cementerio Militar Británico de Beersheva.
Soldados caídos en las batallas de Gaza y Beersheva

El Arca de la Alianza y la batalla de Eben Ezer

Diseño hipotético del Arca de la Alianza
basado en las descripciones del Tanaj

Al principio del Libro de Samuel, unos años antes de la implantación de la monarquía de Israel, se narra una de las tantas batallas que tuvieron lugar entre los filisteos y los israelitas. Los filisteos, que habían llegado a la región a través del mar, buscaban expandir sus influencias tierra adentro, en tanto que los israelitas se encontraban en plena conquista de Canaán.
"Y salió Israel al encuentro de los filisteos en guerra, y acamparon en Eben Ezer. Y los filisteos acamparon en Afec" (I Samuel 4:1).
Afec es una localidad que se encuentra, geográficamente, en la frontera entre la Planicie de Sharón y las Colinas de Samaria. Desde tiempos antiguos, Afec ha funcionado como una de las principales estaciones en la ruta comercial -Vía Maris- que unía a Egipto con los grandes imperios de Siria y Mesopotamia.

En una de las colinas de Samaria, a unos 5 km al noroeste de Afec, los arqueólogos Israel Finkelstein y Moshe Kochavi, de la Universidad de Tel Aviv, excavaron los restos de un asentamiento israelita que data de la época de la conquista de Canaán. Si bien no hay ninguna inscripción que relacione el lugar con el campamento de batalla israelita, la hipótesis de que se trata del Eben Ezer bíblico es ampliamente aceptada por la mayoría de académicos.

Casa típica israelita de 4 habitaciones, en Eben Ezer
 
La primera batalla fue desastrosa. Los filisteos mataron, según el relato bíblico, a 4 mil hombres. Los israelitas, en aquella situación, hicieron lo que cualquier pueblo de la antigüedad hubiese hecho: traer la divinidad al campo de batalla. Así pues, tomaron el Arca de la Alianza del Tabernáculo de Shiló, donde se conservaban las Tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés en el Monte Sinaí, y regresaron al combate, creyendo que el poder del Arca les ayudaría a derrotar al enemigo. Sin embargo, cuenta el Tanaj que la mala suerte continuó para el pueblo de Israel. Unos 30 mil israelitas murieron en el segundo enfrentamiento y, para mayor desgracia nacional, el Arca de la Alianza fue secuestrada por los filisteos.

Los filisteos, que conocían los milagros que el Dios de los hebreos había hecho en la tierra de Egipto, trataron al Arca con mucho respeto, e incluso miedo. Hay que remarcar que los filisteos eran un pueblo politeísta, y el Arca simplemente representaba para ellos otro dios. Por eso no es extraño que al llegar a Ashdod, antigua ciudad filistea, colocaran el Arca en el templo dedicado al dios Dagón (I Samuel 5:2). Una ola de estragos, desastres y plagas azotaron las ciudades por las que pasaba el Arca, y los filisteos comprendieron que, si querían alejar de ellos la maldición, debían devolvérsela a los israelitas.

Ruta del Arca de la Alianza. Desde Shiló, pasando por su captura en Eben Ezer y las ciudades filisteas, hasta Kiriat Yearim
 
Tras su devolución, el Arca de la Alianza fue guardada durante 20 años en Kiriat Yearim (actual Abú Gosh), hasta que el Rey David decidió llevársela a Jerusalén después de proclamarla capital de Israel. Con la inauguración del Templo, el Rey Salomón, hijo de David, colocaría finalmente el Arca en el Sancta Sanctórum.
 
¿Dónde se encuentra actualmente el Arca de la Alianza? Existen decenas de teorías, pero ninguna prueba fehaciente. Su pista se perdió tras la conquista de Jerusalén por parte de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la destrucción del Primer Templo (586 a. C.). A lo largo de la historia, sobre todo en los siglos XIX y XX, la ubicación exacta del Arca de la Alianza, a la que se le atribuyen poderes divinos, ha acaparado la atención de varios arqueólogos y aventureros, entre ellos el inglés Montigue Parker. El misterio del Arca de la Alianza también ha sido llevado a la gran pantalla, consiguiendo enormes éxitos de taquilla.
 
Famoso arqueólogo del siglo XX buscando el Arca de la Alianza

La Sinagoga de Baram

¿Para qué van los judíos a la sinagoga? Primero que nada: a rezar.

Hoy en día las sinagogas tienen importantes funciones sociales, no solamente religiosas. Los judíos van a la sinagoga no solamente a rezar, sino a encontrarse con los parientes, amigos y otros miembros de la comunidad, por eso en hebreo se le llama "Beit Kneset", casa de encuentro. Para algunos el rol social de la sinagoga es más importante que los rezos. Pero aún así, se sobreentiende que la función primera y original de una sinagoga son los servicios litúrgicos. Muchos judíos se sorprenderían al saber que, históricamente, en las primeras sinagogas no se rezaba.

Mientras existió el Templo de Jerusalén, el culto religioso consistía en los sacrificios de animales y demás rituales que se llevaban a cabo únicamente en el templo. Hasta que el escriba Esdras estableció la lectura pública de la Torá. Esdras fue el primer gran reformista y revolucionario del judaísmo: sacó al judaísmo del dominio exclusivo de los sacerdotes y lo trasladó al pueblo. Tal vez haya sido en sus días o poco después, en el siglo V a.c., que surgieron las primeras sinagogas. Aunque las más antiguas que se han encontrado son del Siglo I d.c. Cuartos pequeños y modestos donde se estudiaban la Torá y sus preceptos. No fue hasta el Siglo II, décadas después destrucción de Jerusalén, que las sinagogas cobraron su importancia actual, reemplazando al desaparecido Templo como centro espiritual de la vida judía. Recién entonces los rabinos instauraron las plegarias como sustituto a los sacrificios. Naturalmente, las sinagogas crecieron en tamaño y esplendor.

De qué época es esta sinagoga:

Parque Nacional de Baram
 
Hasta hace 25 años todos los estudiosos coincidían que la Sinagoga de Baram, en la Alta Galilea, data del siglo II o III, guiándose por el estilo arquitectónico romano típico de entonces. Pero en las excavaciones arqueológicas a fines de los 80s se encontraron debajo del piso de la sinagoga, monedas del siglo V (período bizantino). Bah, qué minucias, dirá el lector, siglo más o siglo menos, a quién le importa. Pero los arqueólogos son gente rara, este tipo de misterios les quitan el sueño. Hoy parece una trivialidad, cualquiera puede construir un edificio que imite en su estilo la arquitectura de tiempos pasados, pero eso era inconcebible en la era clásica. Y lo que era aún más inaceptable en aquellos tiempos, era construir edificios importantes que no fueran perfectamente simétricos.
 
La explicación: en algún lugar de la Galilea de cuyo nombre no me quiero acordar, había una sinagoga muy bonita del siglo III. En el siglo V las autoridades cristianas bizantinas, prohibieron la construcción de sinagogas nuevas. Los habitantes de Baram para no quebrantar la ley, en lugar de construir una nueva, tomaron la sinagoga de hace dos siglos, la desarmaron piedra por piedra, la transportaron a Baram y allí la armaron de nuevo. Igual que hicieron sus vecinos judíos de Cafarnaúm y otras partes de la Galilea. O tal vez no fueran las prohibiciones bizantinas que impulsaron la mudanza, simplemente era más rápido y más barato comprar y trasladar una sinagoga ya hecha que construirla de cero. Sean cuales sean los motivos, al rearmarla se las tuvieron que ingeniar lo mejor posible, improvisando cuando no encontraban qué piedra iba exactamente dónde, por eso les quedó un poquitín chueca.
 
Obrero judío construyendo una sinagoga en el Siglo V.
 
¡Shaná tová umetuká!
¡Feliz 5773!

Cesarea Marítima: breve resumen histórico

Cuenta el historiador Flavio Josefo que en el lugar había un pequeño puerto fenicio, hasta que el Rey Herodes el Grande construyó la ciudad de Cesarea del 22 al 10 a. C. Llamada así en honor a su patrón político, el Cesar Octavio Augusto. La máxima obra de Herodes en Cesarea fue la construcción del gran puerto artificial. En el año 6 d. C. el hijo de Herodes, Arquelao, fue despojado del poder por los romanos y enviado al exilio en Galia, a partir de entonces gobernaron los procuradores romanos, asentados en Cesarea, entre ellos Poncio Pilatos.

Restos del Palacio de Herodes. ¿Habitado luego por Poncio Pilatos?
Las trifulcas entre los habitantes judíos y paganos de Cesarea en el año 66 d. C., fueron uno de los detonantes de la Gran Rebelión de los judíos contra Roma. En el año 70 d. C., luego que los romanos aplastaran la rebelión y destruyeran Jerusalén, Cesarea pasó a ser la capital de la provincia. En el Siglo IV el Imperio Romano se convirtió al cristianismo (período bizantino), Cesarea también: los templos paganos fueron sustituidos por iglesias, cesaron las luchas de gladiadores en el anfiteatro, etc. Durante el período bizantino el obispado de Cesarea rivalizaba en su estatus político con el de Jerusalén. La ciudad continuó creciendo hasta alcanzar su máxima extensión.

El hipódromo, originalmente para carreras de caballos.
Convertido luego en anfiteatro para luchas de gladiadores.

Cesarea fue una de las ciudades que duró más tiempo como capital en Tierra Santa, perdió su posición luego de casi seis siglos, con la primera conquista árabe en el 640 d. C. Sin llegar a recuperar el esplendor ni la centralidad que tuvo en los tiempos romanos y bizantinos, Cesarea volvió a ser una ciudad importante tras ser conquistada por los cruzados en el año 1101. Pasó de manos entre cristianos y musulmanes un par de veces más, hasta que fue conquistada en el año 1265 por el Sultán mameluco Baibars. Temiendo que los cruzados pudieran volver a invadir por mar, Baibars destruyó hasta los cimientos las antiguas fortalezas cruzadas sobre la costa del Mediterráneo, entre ellas Cesarea. Desde entonces Cesarea permaneció en ruinas y despoblada por más de 600 años. En 1872 se estableció allí una aldea de musulmanes provenientes de Bosnia, que fue evacuada durante la Guerra de 1948.

Minarete de la mezquita bosnia.

Hoy en día Cesarea es una de las ciudades de más alto nivel socio-económico de Israel, entre los adinerados que la habitan, se cuenta el actual Primer Ministro, Benjamín Netanyahu. El Parque Nacional de Cesarea, con sus ruinas romanas, bizantinas y cruzadas, es uno de los más visitados del país. Parada obligatoria si salen desde Tel Aviv hacia la Galilea por el Camino de la Costa. También se recomienda visitar el acueducto en la playa apenas al sur del parque arqueológico.


Posts relacionados: El puerto sumergido, Cesarea y los inicios del cristianismo.

Nota: fotos tomadas de Wikimedia Commons.

Rabí Yeshúa ben Yosef

El Monte de las Bienaventuranzas, situado en las proximidades del Mar de Galilea, es uno de los lugares más visitados por los cristianos durante su peregrinación por Tierra Santa. Según la tradición cristiana, es el lugar en el que Jesús predicó el llamado Sermón del Monte, que incluye sus principales enseñanzas. La misma tradición relaciona el monte con el lugar en el que Jesús escogió a los doce apóstoles.

Vista del Mar de Galilea y del Valle de Genesaret (Kinéret)
desde el Monte de las Bienaventuranzas

La sección más conocida del Sermón del Monte es la que contiene las Bienaventuranzas. Se trata de nueve oraciones que comienzan con la expresión "bienaventurados" o "dichosos" (Mateo 5:1-11):

Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos los que sufren, porque ellos serán consolados.
Dichosos los humildes, porque ellos herederán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por ser justos, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos seréis cuando os injurien, os persigan y digan contra vosotros toda suerte de calumnias por causa mía.

Los recursos empleados por Jesús para predicar a sus seguidores no son novedosos en la tradición judía. En Salmos 27:10 está escrito: "Y el impío no existirá más. Mirarás al lugar donde estaba y verás que no está más. Pero los humildes heredarán la tierra". Y en Isaías 61 el profeta proclama "buenas nuevas al humilde" para "consolar a los que sufren".

Resulta evidente que Jesús estaba familiarizado con los escritos del salmista y del profeta, ya que se basa en los textos del Tanaj para predicar sus bienaventuranzas. Más adelante, también como parte del Sermón del Monte, Jesús deja clara su postura sobre el judaísmo: "No penséis que he venido a derogar la Torá y los Profetas; no he venido a derogar, sino a cumplir. Porque os aseguro que, mientras no pasen el cielo y la tierra, ni un punto ni una coma desaparecerán de la Torá hasta que todo se cumpla. Por tanto, el que quebrante una sola de estas mitzvot, por pequeña que sea, y lo enseñe así a los hombres será tenido por el menor en el Reino de los Cielos. Pero el que las cumpla y enseñe será tenido por grande en el Reino de los Cielos" (Mateo 5:17-19).

Jesús vino a cumplir la Torá. Y enseña que aquel que quebrante las mitzvot de la Torá será tenido por el menor en el Reino de los Cielos. El versículo del Evangelio de Mateo no deja lugar a dudas: Jesús no vino a abolir la Torá. De este modo Jesús cumplió el mandamiento entregado a Moisés: "No añadiréis ni quitaréis palabra de cuanto os prescribo, sino que guardaréis los mandamientos del Eterno vuestro Dios" (Deuteronomio 4:2).
 
Sermón del Monte, óleo de Carl Heinrich Bloch (siglo XIX)

El Sermón del Monte también incluye la fórmula de la regla de oro del cristianismo: "Por tanto, todo lo que queráis que hagan con vosotros los hombres hacedlo vosotros con ellos, porque en eso consisten la Torá y los Profetas" (Mateo 7:12). Esta fórmula, que resume toda la Ley, fue establecida por Hillel el Sabio varias décadas antes del nacimiento de Jesús.

Cuenta el Talmud de Babilonia que en cierta ocasión un gentil se acercó a Hillel para que le resumiese la Torá en una sola frase. Su respuesta: "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. Todo lo demás son comentarios." Hillel fundó en el siglo I a. C. una escuela liberal de interpretación de las escrituras, basada en el cumplimiento de las normas éticas, en la piedad personal, en la humildad y en la preocupación por el prójimo.

¿Pudo Jesús de Nazaret ser discípulo de Hillel el Sabio? Es probable. Sus enseñanzas del Sermón del Monte demuestran que Jesús tenía una importante formación rabínica, y tal vez pertenecía a la escuela de interpretación de la Torá de Hillel, opuesta a las normas rígidas y estrictas de la escuela de Shamái.

La relación entre las bienaventuranzas del cristianismo y la tradición judía también está presente en la liturgia. Existe una oración en el judaísmo compuesta por tres frases que comienzan con las expresión "ashréi", que significa, precisamente, bienaventurados. Esta oración, de acuerdo a la halajá, debe ser pronunciada dos veces en el rezo de la mañana y una vez en el rezo de la tarde, es decir, tres veces por día. Esto implica, curiosamente, que los judíos observantes pronuncian cada día nueve bienaventuranzas, el mismo número de bienaventuranzas que Jesús pronunció en el Sermón del Monte.

Ashréi yoshevéi beiteja, od yehaleluja, sela.
Ashréi haam shekaja lo, ashréi haam she Adonái elohav -
Dichosos los que moran en tu casa, siempre te alaban.
Dichoso el pueblo que está en esa situación; dichoso el pueblo cuyo Dios es Adonái (x3).

Dos mil años de tradición cristiana han conseguido desjudaizar casi por completo la figura de Jesús. Pero lo cierto es que sus enseñanzas bien podrían tener cabida en la Mishná. Y Jesús -Rabí Yeshúa ben Yosef- bien podría ser considerado un taná de renombre en el judaísmo.
 
En el monte, además de disfrutar de una excelente panorámica del Mar de Galilea y del Valle del Kinéret, se puede visitar una iglesia de la Orden Franciscana, financiada por la Italia fascista de Benito Mussolini y diseñada por el famoso arquitecto Antonio Barluzzi. Pero eso ya es tema para otro post. 

Iglesia de las Bienaventuranzas, diseñada por el arquitecto Antonio Barluzzi


Tres religiones

Luego que Saladino conquistara Jerusalén de manos de los cruzados en el 1187, la mayoría de las iglesias de la ciudad fueron destruidas, incluyendo la Iglesia de Santa María en el Monte Sión. Sin embargo, un sector de dicha iglesia se salvó de la destrucción: el edificio donde se encuentra la Tumba del Rey David (primer piso) y el Cenáculo o Sala de la Última Cena (segundo piso). Debido a que David y Jesús también son figuras importantes para el Islam, considerados como profetas que precedieron a Mahoma, conocidos por los musumanes como Nabi Daud y Nabi Isa.

En el Siglo XIV, casi cien años después de la caída final de los cruzados, la Iglesia Católica volvió a poner pie en Jerusalén. La Orden de los Franciscanos creó la Custodia de Tierra Santa, que hasta el día de hoy representa al Vaticano en los lugares sagrados. El primer sitio que recuperaron los franciscanos fue el Cenáculo. Pero surgieron disputas entre judíos y cristianos por la propiedad legal del lugar. La tensión llegó a tal grado que el Papa prohibió a los mercaderes italianos que transportaban peregrinos a Tierra Santa llevar judíos. Los judíos que eran descubiertos viajando de incógnito eran arrojados al Mediterráneo. A fines del siglo XV las autoridades mamelucas resolvieron la disputa echando a judíos y a cristianos por igual, convirtieron al edificio en mezquita, la entrada a los no musulmanes quedó prohibida hasta fines del siglo XIX.

El Cenáculo. A la derecha se puede ver el mihrab, elemento típico de una mezquita.
Indica la kibla, la dirección en la que deber rezar el musulmán: La Meca.

Los británicos conquistaron Jerusalén en 1917, por primera vez después de casi 700 años la Ciudad Santa estaba de nuevo bajo autoridad cristiana (protestante). El Váticano, que hasta el día de hoy no ha cesado de reclamar la propiedad sobre el Cenáculo, consideró que las nuevas circunstancias ameritaban intentarlo de nuevo. Benito Mussolini en persona intercedió ante los británicos, pero no hubo caso. 

Tras la Guerra del 48, Jerusalén quedó dividida en entre israelíes y jordanos. La Tumba de David cobró una renovada importancia para los judíos, quedó como el lugar más sagrado de Jerusalén en manos israelíes, puesto que la Ciudad Vieja con el Monte del Templo y el Muro de los Lamentos quedó en manos jordanas. Sin embargo era complicado para los judíos llegar a rezar al lugar sin pasar por territorio jordano. Los jordanos se oponían a que Israel construyera una vía de acceso alternativa sobre suelo israelí, alegando que eso sería una violación al acuerdo del cese del fuego. Pero lo que negaban a Israel no podían negar al Papa Pablo VI, en su honor fue pavimentada la calle "Camino del Papa", por la que el pontífice llegó al Cenáculo durante su histórica visita a Tierra Santa en 1964. Jerusalén fue reunificada bajo gobierno israelí luego de la Guerra de los Seis Días en 1967. Desde entonces volvió a ser posible llegar al Monte Sión desde el Monte de los Olivos y desde la Ciudad Vieja.

El Camino del Papa
Recién en 1995 el Vaticano reconoció oficialmente al Estado de Israel y se procedió al intercambio de embajadores. También en esta oportunidad la Santa Sede pidió que el Cenáculo le sea devuelto, a lo cual Israel se negó. A diferencia de la Tumba de David, el Cenáculo no tiene interés para los judíos, me pregunto si el edificio se podría llegar a dividir como se ha hecho con la Tumba de Samuel, donde los judíos rezan en el subsuelo mientras que los musulmanes rezan en los pisos superiores. Pero si Israel entregara el Cenáculo a la Iglesia Católica eso podría causarnos problemas diplomáticos con los países cristianos no católicos.

Hoy en día el Cenáculo está abierto a los visitantes de todas las religiones y es uno de los sitios más visitados de la ciudad. Para los peregrinos cristianos es una parada obligatoria, incluso los grupos judíos suelen visitarlo de paso cuando van a la Tumba de David. El Cenáculo está bajo la autoridad del Ministerio de Asuntos Religiosos del Estado de Israel, no funciona como iglesia y no se celebran allí misas, salvo en ocasiones excepcionales, como las visitas de los Papas. Algunos grupos católicos celebran misa en el monasterio vecino, también llamado Cenáculo, el lugar más cercano a la anhelada antigua sede de la Custodia de Tierra Santa al que han podido llegar a instalarse los franciscanos.

Artículo relacionado: Dos pisos.

Dos pisos

Sobre el que hoy llamamos Monte Sión se encuentra el edificio que a mi entender ejemplifica más que ningún otro la complejidad de una ciudad disputada por varias religiones, donde las tradiciones religiosas se superponen una sobre otra, piso sobre piso. Me refiero al edificio que en su primera planta alberga la Tumba del Rey David y en la segunda el Cenáculo (la Sala de la Última Cena).

 Arriba

Abajo

Jesús de Nazaret y el Rey David llevaban más de mil y dos mil años muertos, respectivamente, cuando fue construido por los cruzados en el siglo XII como parte de la Iglesia de Santa María en el Monte Sión (Hagia Maria). Lo cual no impide que las tradiciones acerca de estos dos personajes se arraigaran en el lugar. La tradición que ubicaba allí el lugar exacto donde tuvo lugar la Última Cena venía desde mucho antes, pero la del Rey David probablemente la comenzaron los cruzados. La yuxtaposición de ambos sitios en un mismo edificio es simbólica, según los Evangelios Jesús desciende del Rey David, por lo tanto puede ser el Mesías, es decir: el legítimo heredero al trono, el Rey de los Judíos. No es casual que los cruzados dedicaran la misma casa al fundador de la dinastía y a su sucesor final, el comienzo y el final de la Casa de David en el mismo lugar. En los cimientos David y el Reino de Israel, por encima Jesús y el Reino de los Cielos.

En el Siglo XIX arqueólogos europeos descubrieron que el Monte Sión y la Ciudad de David original están algunos cientos de metros más al este. Los hallazgos no impiden que los judíos sigamos rindiendo nuestro respeto a David en el sitio cruzado, la mayoría de los judíos que rezan allí ni saben que están continuando una tradición cristiana. Aunque las creencias cristianas surgieron a partir del judaísmo, en algunos casos sucede a la inversa.

Desde el Siglo XII en adelante el edificio pasó de manos entre cristianos, judíos y musulmanes. Continúa en disputa hasta el día de hoy. Una fascinante historia que involucra a varios imperios, a jordanos e israelíes, a Benito Mussolini y al Papa Pablo VI, entre otros. Tema del próximo post.

Continuará...