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El sospechoso de siempre

Suelo ponerme nervioso en los aeropuertos. Eso no me ayuda a pasar más ligero los controles de seguridad israelíes. Tengo la sensación de que los controles más o menos aleatoreos que a veces hacen al bajar del avión antes de llegar a migraciones, siempre me tocan a mí. Como ya los espero, no me aguanto y miro de reojo a los guardias de seguridad. Estos notan que los estoy mirando y naturalmente me detienen para interrogarme. Lo mismo a la partida desde Ben Gurión, me paran antes de llegar al check in. Alguna que otra vez me ha salvado mi madre. Basta que diga "es mi hijo" con su hebreo cargado de un muy marcado acento sudamericano, con un sólo vistazo a la señora de lentes que me reclama, comprenden en seguida que no constituyo ninguna amenaza para la nación.

Se ve que mi apariencia no es tan apacible como la de mi señora madre y despierta sospechas de diversa índole. Por ejemplo aquella vez en el aeropuerto de Taipei, Taiwán. Llevaba una semana durmiendo tres o cuatro horas por noche, tenía unas ojeras que me llegaban hasta las rodillas y no me había afeitado. Cuando el guardia de El-Al me hacía las preguntas de rutina, medio atontado por el cansancio pedía que las repitiera una y otra vez. El muchacho debió pensar que era otro el motivo y me aclaró: "no nos importa si llevas drogas, sólo queremos estar seguros que no llevas explosivos".


En mi último viaje (vuelo con mi hermana a Amsterdam), ya más experimentado, sabía que la clave para pasar rápido los controles es mantener la calma. Pero la chica de seguridad no estaba convencida que yo fuera el mismo personaje que aparece en la foto de mi pasaporte. Para convencerla le enseñé mi teudat zeut israelí, mi cédula de identidad uruguaya, mi carnet de estudiante, mi tarjeta magnética para viajar en tren (viene con foto) y hasta mi identificación como soldado retirado. En ese orden. No sabía que llevaba tantas identificaciones en la billetera. Y aún así la chica de seguridad - que sospecho era nueva - no terminaba de convencerse. Mi hermana se reía de mí. Llegó a las preguntas típicas, si tengo familiares en Israel, cómo se llaman, etc. Respondí que tengo un primo en Haifa pero no me acordaba el nombre. Mi hermana que seguía muy entretenida le dijo el nombre. Yo la desafié a ver si se acordaba del nombre de la nueva esposa de nuestro primo. Vamos, si ya estamos jugando al quiz, pongamos preguntas más difíciles. Al final llegó el supervisor y nos dejó pasar al instante.

Menos jocosa fue la experiencia al retorno con la seguridad del aeropuerto de Amsterdam (¿O eran de KLM?). Nos hicieron pasar a cada uno por un cilindro que parecía de ciencia ficción, separar las piernas y alzar las manos, para un escaneo completo de pies a cabeza (¿rayos X?¿detector de metales?). Al salir del cilindro un holandés alto y grandote pide permiso para continuar la revisión (¿qué ocurre si alguien se la niega?). Como si lo anterior no fuera suficiente, también te palpan a mano. Holanda es un país que vive en paz desde la Segunda Guerra Mundial, Israel está ante continua amenaza. Y sin embargo el interrogatorio israelí, incluso cuando se alarga y se torna molesto, es mucho menos agresivo e invasivo que el método holandés y que el de muchos otros países. Apuesto a que es también más efectivo. Así que damas y caballeros, sepan comprender y disculpen la molestia.

En fin, en cualquier aeropuerto de Israel o el mundo, la clave para pasar los controles de seguridad sin mayores contratiempos es mantener la calma.