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Así dijo Ciro

El Cilindro de Ciro (539 A.C.): uno de los documentos más importantes de la historia del pueblo judío y de la humanidad. Otra entrega de nuestra serie "Quién ganó", esta vez directo desde el Museo Británico en Londres:




"Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba." Crónicas 36:23

Esclavos fuimos

"En cada generación debe el hombre verse a si mismo cómo si él hubiese salido de Egipto".



¡Moadim le simjá!
¡Feliz Pésaj!

De la Tierra de Yahvé a la Isla de Afrodita

Si uno se durmiera en Israel y por arte de magia despertara en Chipre, podría demorar en notar el cambio de latitudes: el mismo paisaje, el mismo suelo, la misma vegetación y el mismo clima. Chipre es una tierra árida pero no del todo, me recordó la salida de Jerusalén en camino al Mar Muerto, esa región incierta dónde escasea la lluvia pero aún no es desierto, ese limbo entre la ciudad y la desolación, entre la vida y la muerte. Por allí donde está Betania (actual El-Azaria), antiguo hogar de Lázaro, Marta y María. Según la leyenda, Lázaro después de la resurrección se mudó a la antigua Kition (actual Lárnaca), donde vivió otros treinta años. Imagino que se habrá sentido como en casa.

Iglesia de San Lázaro en Lárnaca, Chipre.
Se dice que allí está su segunda tumba.

Chipre e Israel tienen también mucha historia en común. Tierras pequeñas de ubicación estratégica que fueron conquistadas una y otra vez por los grandes imperios. Por ambas pasaron griegos, romanos, bizantinos, cruzados, otomanos, británicos. Hay quienes ven similitudes también entre sus conflictos actuales: chipriotas y turcos, palestinos e israelíes.

Chipre fue en algunas épocas una especie de "Tierra Santa en el exilio", Lázaro no fue el único que cambió así de domicilio. En los siglos XII y XIII muchos cruzados expulsados de tierra firme se refugiaron en la vecina isla. En el Siglo XX, acabada la Segunda Guerra Mundial, refugiados judíos que partían de Europa en dirección a Palestina eran interceptados por los británicos y enviados a campos de detención en Chipre.

Israel y Chipre son excelentes destinos turísticos para los amantes de la historia y la arqueología. Después de haber visitado tantos sitios arqueológicos en Israel no creía que los de Chipre me iban a impactar. Me llevé una grata sorpresa con Paphos y sus mosáicos romanos. Los mosaicos romanos de Galilea palidecen en comparación.

Impresionante calidad y estado de conservación.
Véase la señora en pelotas, de esas no he visto en Israel,
en Tierra Santa hasta los mosaicos son más recatados.
Estrella de David y esvástica entre otras figuras geométricas.

Epitafio a Adriano


En español:


En hebreo:


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El sospechoso de siempre

Suelo ponerme nervioso en los aeropuertos. Eso no me ayuda a pasar más ligero los controles de seguridad israelíes. Tengo la sensación de que los controles más o menos aleatoreos que a veces hacen al bajar del avión antes de llegar a migraciones, siempre me tocan a mí. Como ya los espero, no me aguanto y miro de reojo a los guardias de seguridad. Estos notan que los estoy mirando y naturalmente me detienen para interrogarme. Lo mismo a la partida desde Ben Gurión, me paran antes de llegar al check in. Alguna que otra vez me ha salvado mi madre. Basta que diga "es mi hijo" con su hebreo cargado de un muy marcado acento sudamericano, con un sólo vistazo a la señora de lentes que me reclama, comprenden en seguida que no constituyo ninguna amenaza para la nación.

Se ve que mi apariencia no es tan apacible como la de mi señora madre y despierta sospechas de diversa índole. Por ejemplo aquella vez en el aeropuerto de Taipei, Taiwán. Llevaba una semana durmiendo tres o cuatro horas por noche, tenía unas ojeras que me llegaban hasta las rodillas y no me había afeitado. Cuando el guardia de El-Al me hacía las preguntas de rutina, medio atontado por el cansancio pedía que las repitiera una y otra vez. El muchacho debió pensar que era otro el motivo y me aclaró: "no nos importa si llevas drogas, sólo queremos estar seguros que no llevas explosivos".


En mi último viaje (vuelo con mi hermana a Amsterdam), ya más experimentado, sabía que la clave para pasar rápido los controles es mantener la calma. Pero la chica de seguridad no estaba convencida que yo fuera el mismo personaje que aparece en la foto de mi pasaporte. Para convencerla le enseñé mi teudat zeut israelí, mi cédula de identidad uruguaya, mi carnet de estudiante, mi tarjeta magnética para viajar en tren (viene con foto) y hasta mi identificación como soldado retirado. En ese orden. No sabía que llevaba tantas identificaciones en la billetera. Y aún así la chica de seguridad - que sospecho era nueva - no terminaba de convencerse. Mi hermana se reía de mí. Llegó a las preguntas típicas, si tengo familiares en Israel, cómo se llaman, etc. Respondí que tengo un primo en Haifa pero no me acordaba el nombre. Mi hermana que seguía muy entretenida le dijo el nombre. Yo la desafié a ver si se acordaba del nombre de la nueva esposa de nuestro primo. Vamos, si ya estamos jugando al quiz, pongamos preguntas más difíciles. Al final llegó el supervisor y nos dejó pasar al instante.

Menos jocosa fue la experiencia al retorno con la seguridad del aeropuerto de Amsterdam (¿O eran de KLM?). Nos hicieron pasar a cada uno por un cilindro que parecía de ciencia ficción, separar las piernas y alzar las manos, para un escaneo completo de pies a cabeza (¿rayos X?¿detector de metales?). Al salir del cilindro un holandés alto y grandote pide permiso para continuar la revisión (¿qué ocurre si alguien se la niega?). Como si lo anterior no fuera suficiente, también te palpan a mano. Holanda es un país que vive en paz desde la Segunda Guerra Mundial, Israel está ante continua amenaza. Y sin embargo el interrogatorio israelí, incluso cuando se alarga y se torna molesto, es mucho menos agresivo e invasivo que el método holandés y que el de muchos otros países. Apuesto a que es también más efectivo. Así que damas y caballeros, sepan comprender y disculpen la molestia.

En fin, en cualquier aeropuerto de Israel o el mundo, la clave para pasar los controles de seguridad sin mayores contratiempos es mantener la calma.

Ana Frank en la ciudad de las bicicletas


"Después de 1940 terminaron los buenos tiempos. Primero vino la guerra, luego la rendición, enseguida la entrada de los alemanes a Holanda. Y así comenzó la miseria. Un decreto dictatorial siguió a otro y los judíos se vieron especialmente afectados. Tuvieron que llevar una estrella amarilla en su vestimenta, entregar sus bicicletas y ya no podían viajar en tranvía, para no hablar de automóviles."

El Museo Ana Frank de Amsterdam está situado en la casa donde ella y su familia se ocultaron hasta que fueron descubiertos y deportados. Allí escribió su famoso diario. El museo es pequeño, pero la exposición está muy bien dispuesta, convirtiéndolo en una parada obligatoria para quien visita la maravillosa ciudad de Amsterdam, no menos que el Museo Van Gogh. El visitante va recorriendo las habitaciones de la casa mientras se va adentrando en forma cronológica en su trágica historia. Extractos cortos del libro aparecen escritos en la paredes, ejemplificados con fotos, videos, documentos o la misma arquitectura del edificio. El que más me llamó la atención fue el que cito arriba, sobre todo la parte de las bicicletas. Cuando leí el Diario de Ana Frank no me detuve a meditar sobre ese detalle. Entre la larga lista de restricciones impuestas por los nazis que Ana lista en los enunciados siguientes, la entrega de bicicletas puede parecer una nimiedad, pero no lo es.

Paseando por Amsterdam uno entiende lo que significan allí las bicicletas. Están por todas partes, más que los automóviles o el tranvía, montan en ellas holandeses de todas las edades. Me he sorprendido viendo a un padre cargando con dos niños pequeños en la canasta delantera de su bicicleta, a un anciano que no sé si podría mantenerse parado pero montaba con toda facilidad, a un hombre con un brazo enyesado sin ningún problema para maniobrar, ni que hablar de ciclistas tomando su café matutino mientras transitan. He visto a los holandeses seguir andando sin inmutarse ni cubrirse mientras se descargaba sobre ellos una lluvia torrencial, que obligaría a cualquier otro mortal a dejar tan precario vehículo y correr a refugiarse bajo el primer techo al alcance. Casi caigo víctima del accidente más frecuente en la ciudad: el turista pelotudo atropellado por pararse en el carril de las bicicletas. No sé si ya era tan así en 1940, pero si las bicicletas eran lo mitad de comunes entonces de lo que son ahora, dejar a un residente de Amsterdam sin bicicleta era una crueldad.

Amsterdam: ciudad de canales y bicicletas.

Otra cosa que no entendí del libro hasta visitar el museo: cómo es que podían estar tan ocultos si tenían tres pisos. Hay que ver las casas típicas de Amsterdam para comprenderlo. Esas casas altas y profundas, con las fachadas dando a la calle y la pared trasera que no se ve.

Amsterdam: ciudad de casas altas, profundas (y torcidas).

En Amsterdam aprendí una importante lección: hay ciertos libros que para entenderlos más cabalmente, viene bien visitar los sitios donde transcurre la narración. Sin lugar a dudas esto es aplicable a Israel, para entender el Libro de los Libros más a fondo hay que conocer la Tierra Santa. Ojalá algún día pueda viajar a la Tierra Media para entender mejor El Señor de los Anillos.