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Herodión: resumen histórico.

De Herodes a Herodión 

Herodes el Grande es conocido por dos cosas: los grandes edificios que construyó y la gran cantidad de gente que mató. Según el Evangelio de Mateo, mandó a matar a todos los niños de Belén por miedo a que allí hubiese nacido el mesías, el legítimo rey. Según Falvio Josefo, Herodes mandó a matar a una de sus esposas y dos de sus hijos, también por miedo a que intentaran quitarle el trono. Se decía que era más seguro ser el cerdo de Herodes que ser su hijo (a los cerdos no los mataría porque no son kasher y como judío no los comería). Pero al parecer, incluso un hombre tan sanguinario como Herodes amaba a su mamá.

En el año 40 A.C., cuando Herodes aún no era más que el gobernador de Galilea, la región fue invadida por los partos. El Imperio Parto, enemigo acérrimo del Imperio Romano, provenía de Persia, actualmente Irán. Herodes era aliado de los romanos y tuvo que huir con su familia. Junto a una colina cercana a Belén se desató una batalla con sus perseguidores, de la que Herodes salió victorioso, pero en medio de la lucha volcó el carro en el que iba su madre. Herodes temió haber quedado huérfano, hasta que vio que su amada madre estaba ilesa. Luego continuó su huida y llegó hasta Roma. Tres años más tarde, en el 37 A.C., regresó con tropas romanas, derrotó a los partos y fue coronado rey.

Aquella colina, donde Herodes casi había perdido a su madre, cobró para él un valor especial. Durante su reinado, Herodes el Constructor levantó grandes ciudades, puertos, templos, teatros, además de una docena de fortalezas y palacios a lo largo y ancho del reino. Pero fue precisamente en aquella colina donde construyó la única fortaleza que llevaría su nombre: Herodión. Y fue también allí donde decidió ser sepultado. Para que el sitio se transformara en un gran monumento a su persona, mandó tapar la fortaleza con toneladas de tierra, cambiando la forma de la montaña en una especie de cono cortado, parecido a un volcán, que se distingue con facilidad a la distancia. A mitad de la montaña erigió un magnífico mausoleo.

Restos de la fortaleza sobre la cima del monte.

Judíos contra Roma

Herodes murió y fue enterrado en el año 4 A.C. Siete décadas más tarde, en el 66 D.C., estalló la Gran Rebelión de los judíos contra Roma. En el año 70, los romanos tomaron la ciudad de Jerusalén y destruyeron el Templo, otra de las grandes obras de Herodes (véase "Qué es el Muro de los Lamentos"). Después de la destrucción de Jerusalén, aún quedaban unos pocos focos de rebeldes judíos atrincherados en fortalezas herodianas, incluyendo Herodión y Masada. Al igual que en la más famosa Masada, también en Herodión los rebeldes construyeron una sinagoga, una de las sinagogas más antiguas del mundo cuyos restos se pueden ver hasta el día de hoy. Aunque se sirvieron de sus fortificaciones, cabe suponer que los rebeldes no sentían simpatía por el difunto Herodes, lo consideraban servidor de los romanos, opresor del pueblo y usurpador del trono. Tal vez expresaron su desprecio destruyendo el mausoleo y desechando sus huesos. Finalmente los romanos también tomaron Herodión en el año 71, al parecer sin demasiada dificultad, sin necesidad de un sitio prolongado y un gran operativo militar como el que aplicarían luego en Masada.

La antigua sinagoga.

La Gran Rebelión fue derrotada, pero el descontento de los judíos ante el dominio romano subsistió. Cuando el Emperador Adriano decidió transformar a Jerusalén en una ciudad pagana y construir un templo a Júpiter sobre las ruinas del Templo de Jerusalén, estalló la Rebelión de Bar Kojba. Los judíos lucharon lo que hoy llamaríamos una guerra de guerrillas. Bar Kojba, el líder de la rebelión, sabía que no se podía derrotar al poderoso ejército romano en un enfrentamiento frontal. Los rebeldes se escondían en cuevas y pasadizos subterráneos, de allí salían a atacar a los romanos por sorpresa y volvían a ocultarse. En Herodión se pueden visitar impresionantes túneles y pasajes ocultos, excavados para este fin. Así resistieron durante tres años, del 132 al 135, hasta que los romanos vencieron otra vez. Herodión quedó abandonado casi por completo hasta la época moderna.

Pasadizos subterráneos.

En busca de la tumba perdida

En 1972, el profesor Ehud Netzer de la Universidad Hebrea de Jerusalén, comenzó a excavar Herodión con el propósito de encontrar la tumba de Herodes. Pero los restos de la tumba, quizás destruida por los rebeldes judíos en el Siglo I, no aparecían por ningún lado. El eminente arqueólogo tardó 35 años en descubrir su ubicación exacta. El hallazgo por fin fue anunciado en el 2007: restos de un majestuoso mausoleo con tres sarcófagos rotos y vacíos, que posiblemente habían contenido los cuerpos de Herodes y otros dos miembros de su familia. Al poco tiempo el Profesor Netzer sufrió un trágico accidente, cayó cerca de la tumba que tanto había buscado y murió. Que su recuerdo sea bendito.

Hoy en día los restos del mausoleo y los sarcófagos se exhiben en el Museo de Israel, en la sección de arqueología.

Modelo del mausoleo.

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De la Tierra de Yahvé a la Isla de Afrodita

Si uno se durmiera en Israel y por arte de magia despertara en Chipre, podría demorar en notar el cambio de latitudes: el mismo paisaje, el mismo suelo, la misma vegetación y el mismo clima. Chipre es una tierra árida pero no del todo, me recordó la salida de Jerusalén en camino al Mar Muerto, esa región incierta dónde escasea la lluvia pero aún no es desierto, ese limbo entre la ciudad y la desolación, entre la vida y la muerte. Por allí donde está Betania (actual El-Azaria), antiguo hogar de Lázaro, Marta y María. Según la leyenda, Lázaro después de la resurrección se mudó a la antigua Kition (actual Lárnaca), donde vivió otros treinta años. Imagino que se habrá sentido como en casa.

Iglesia de San Lázaro en Lárnaca, Chipre.
Se dice que allí está su segunda tumba.

Chipre e Israel tienen también mucha historia en común. Tierras pequeñas de ubicación estratégica que fueron conquistadas una y otra vez por los grandes imperios. Por ambas pasaron griegos, romanos, bizantinos, cruzados, otomanos, británicos. Hay quienes ven similitudes también entre sus conflictos actuales: chipriotas y turcos, palestinos e israelíes.

Chipre fue en algunas épocas una especie de "Tierra Santa en el exilio", Lázaro no fue el único que cambió así de domicilio. En los siglos XII y XIII muchos cruzados expulsados de tierra firme se refugiaron en la vecina isla. En el Siglo XX, acabada la Segunda Guerra Mundial, refugiados judíos que partían de Europa en dirección a Palestina eran interceptados por los británicos y enviados a campos de detención en Chipre.

Israel y Chipre son excelentes destinos turísticos para los amantes de la historia y la arqueología. Después de haber visitado tantos sitios arqueológicos en Israel no creía que los de Chipre me iban a impactar. Me llevé una grata sorpresa con Paphos y sus mosáicos romanos. Los mosaicos romanos de Galilea palidecen en comparación.

Impresionante calidad y estado de conservación.
Véase la señora en pelotas, de esas no he visto en Israel,
en Tierra Santa hasta los mosaicos son más recatados.
Estrella de David y esvástica entre otras figuras geométricas.

Azotus Paralius: brevísimo resumen histórico de Ashdod

Ashdod fue una de las ciudades-estado que conformaban la Pentápolis filistea (junto con Gaza, Ashkelón, Gat y Ekrón). A pesar de estar cerca de la costa mediterránea, la ciudad, cuyas ruinas se identifican actualmente en Tel Ashdod, no tenía acceso directo al mar, y su actividad portuaria se desarrollaba en los asentamientos de Ashdod Yam, a 5 km al oeste, y de Tel Mor, a 8 km al noroeste.

La antigua ciudad filistea de Ashdod (Tel Ashdod)
y sus puertos (Ashdod Yam y Tel Mor)

Probablemente durante la Edad de Bronce ya existía un pequeño puerto de comercio en Ashdod Yam, pero su importancia empezó a crecer en la Edad de Hierro. Con la destrucción de Tel Mor por parte de las tropas asirias del rey Sargón II en el año 712 a. C., Ashdod Yam se convirtió en el principal asentamiento portuario conectado directamente a la ciudad interior de Ashdod.

Mapa de Madaba (siglo VI d. C.) que muestra la ciudad-puerto 
de Ashdod Yam (llamada Azotus Paralius)

En la época bizantina, la ciudad costera de Azotus Paralius se hizo aún más importante que su antigua capital. El Mapa de Madaba muestra una ciudad cristiana próspera y floreciente, con iglesias, fuentes, mercados y grandes edificios públicos. Tras la conquista árabe de la tierra de Israel, a mediados del siglo VII, el nombre de la ciudad fue arabizado a Isdud. Del periodo árabe destaca en Ashdod Yam una fortaleza llamada Kalat al Mina (la Ciudadela del Puerto).

Kalat al Mina, fortaleza árabe destinada a defender Ashdod
de los barcos de guerra bizantinos

Se está hoy en día realizando una excavación exhaustiva del antiguo puerto de Ashdod Yam. Es, pues, momento propicio para recordar la importancia que en su día tuvo esta ciudad. El proyecto de la Universidad de Tel Aviv, iniciado en verano de 2013 y cuya etapa inicial constará de 5 temporadas de excavación, tiene previsto volver a colocar a Ashdod en el mapa arqueológico.

Necrópolis de Ashdod de la época bizantina (Azotus Paralius)
descubierta durante las excavaciones de 2013

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Métodos de sepultura en el judaísmo (III): la época de la Mishná y el Talmud

Necrópolis judía de la época de la Mishná y el Talmud (Beit Shearim)
 
La Gran Revuelta Judía (67-73) y la Rebelión de Bar Kojba (132-135) generan una nueva realidad en la historia del pueblo judío. A partir de esos acontecimientos, los judíos comienzan a vivir fuera del territorio de Judea en contra de su propia voluntad. La situación es tan inestable que surge el temor, bastante razonable, de que al cabo de 12 meses ningún familiar pueda regresar al nicho del difunto para recolectar sus huesos y colocarlos en el interior de un osario, como era costumbre durante la época del Segundo Templo. Debido a que se trata de un sistema de enterramiento que consta de dos fases, la consecuencia halájica de no completar el procedimiento es que el difunto no ha sido enterrado. Y en el judaísmo enterrar a los muertos es una obligación. Por eso, el pueblo judío se ve nuevamente en la necesidad de modificar, esta vez por razones prácticas, el método de sepultura.

A mediados del siglo II d. C., la mayor parte de la comunidad judía se traslada a la zona de Galilea, en el norte del país. Allí adoptan el método de entierro más común entre los paganos, que consiste en depositar el cadáver del difunto en un sarcófago el día de su muerte. O en otras palabras: consiste en completar el proceso de sepultura el mismo día para no tener que regresar a la tumba al cabo de un tiempo determinado. Las cuevas mortuorias pasan a ser, en la época de la Mishná y el Talmud, enormes almacenes de sarcófagos amontonados.

Sarcófago judío del siglo III d. C. hallado
en la necrópolis de Beit Shearim
 
Los rabinos sabían que eran tiempos difíciles y que no todos los judíos podían vivir en Israel. Y en esa misma época desarrollan una idea teológica destinada a preservar el vínculo entre el pueblo judío y su tierra. Dice el Talmud de Babilonia: "El que está enterrado en la tierra de Israel es como si estuviera enterrado bajo el altar del Templo" (Ketuvot 111). Es decir, el judío que no tiene el privilegio de vivir en Israel al menos deberá esforzarse por ser enterrado en Israel.
 
En la época del Segundo Templo el cementerio más popular se encontraba en el Monte de los Olivos, pues la tradición afirma que allí comenzará la resurrección de los muertos de la era mesiánica. Pero en la época de la Mishná y el Talmud (siglos II-V d. C.) Jerusalén es una ciudad pagana (Aelia Capitolina). Los judíos no tienen permitido vivir en la ciudad, mucho menos ser enterrados en ella, de modo que se crea una pequeña disyuntiva. Por un lado, los judíos quieren ser enterrados en Israel. Por otro lado, el acceso a Jerusalén y al Monte de los Olivos está prohibido. ¿Acaso existe en Israel otro lugar digno para ser sepultado? La solución se halla en una ciudad de Galilea llamada Beit Shearim.
 
Sinagoga de Beit Shearim del siglo III d. C.
 
Junto con la mayor parte de la comunidad judía, también los grandes rabinos, los cohanim y el Sanedrín se trasladan a Galilea a raíz de la Rebelión de Bar Kojba. Entre ellos se encuentra Rabí Yehuda Hanasí, compilador de la Mishná y principal líder político y religioso de la época. El Talmud de Jerusalén relata que a su muerte, en la primera mitad del siglo III, fue enterrado conforme a su deseo en el cementerio de Beit Shearim. Este hecho convertirá a esta ciudad de Galilea en la principal necrópolis del pueblo judío de la época de la Mishná y el Talmud.
 
Los arqueólogos israelíes Benjamin Mazar y Nahman Avigad hallaron en las excavaciones de Beit Shearim más de 30 cuevas que contienen cientos de sarcófagos de piedra. Y es que judíos de todos los rincones de la diáspora encuentran en Beit Shearim, al lado de la tumba de Rabí Yehuda Hanasí, un lugar alternativo a Jerusalén para ser sepultados. De este modo, la necrópolis de Beit Shearim sustituye al Monte de los Olivos durante los siglos III-IV d. C., época de máximo esplendor de Aelia Capitolina, al tiempo que la tradición de los osarios, popular en la época del Segundo Templo, es relevada por sarcófagos.
 
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Métodos de sepultura en el judaísmo (II): la época del Segundo Templo

Cementerio judío en el Monte de los Olivos
(imagen extraída del documental El Segundo Templo)

Si durante la época del Primer Templo las cuevas mortuorias familiares estaban relacionadas con la creencia judía en la resurrección colectiva, a partir de la época del Segundo Templo comienza a desarrollarse una concepción diferente que viene acompañada por un cambio radical en el método de sepultura. La creencia primitiva de una resurrección colectiva da paso a una creencia más evolucionada según la cual la resurrección, al llegar la era mesiánica, sería una resurrección individual.

Esta transformación en la teología judía se fundamenta en la idea de la recompensa y el castigo divinos tras la muerte. Dice el Libro de Daniel: "Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua" (Daniel 12:2). De este versículo se desprende la idea de que las recompensas, o castigos, serán diferentes para cada persona. Al morir, cada uno se presenta ante Dios en un juicio celestial y, según sus acciones en la vida, es bendecido con el cielo o castigado con el infierno. El Libro de Daniel es uno de los libros más tardíos del Tanaj. Fue escrito en algún momento entre el periodo persa (siglos V-IV a. C.) y la Revuelta de los Macabeos (siglo II a. C.). Es decir, fue escrito durante la época del Segundo Templo, probablemente por los sabios de la Gran Asamblea, institución antecesora del Sanedrín.

Por tanto, si ahora la resurrección es individual y el juicio celestial es personal, la sepultura también tiene que ser individual. Y a partir de la época del Segundo Templo el pueblo judío comienza a enterrar a sus muertos de manera particular, cada uno por separado. Se excavaban cuevas en estructuras de roca. Pero, a diferencia de la técnica utilizada durante la época de los reyes de Judá, en estas cuevas no había plataformas de piedra donde apoyar los cuerpos, sino que se realizaban pequeños nichos en la pared (kujim, en hebreo) dentro de los cuales se depositaban los cadáveres. Cada nicho tenía una piedra giratoria en la entrada que le otorgaba al difunto cierta privacidad.

Nichos de la época del Segundo Templo con piedras
giratorias en la entrada (Horvat Burgin)
 
Mediante este nuevo sistema de enterramiento tampoco se esperaba, como ocurría en la época del Primer Templo, a que se llenaran las tumbas para vaciarlas. En el periodo del Segundo Templo se colocaba el cuerpo en el interior del nicho y se cerraba con la piedra giratoria, de tal modo que el nicho quedara totalmente sellado. Al cabo de 12 meses regresaban los familiares a la tumba, recolectaban con cuidado los huesos y los colocaban en un pequeño recipiente de piedra caliza llamado osario. El tamaño de los osarios varía dependiendo de la longitud del fémur, que es el hueso más largo del cuerpo humano. Conociendo este detalle es posible intuir la edad aproximada del difunto a través del tamaño del osario. Hoy en día, cuando los arqueólogos abren un osario lo que normalmente encuentran es una calavera (es lo último que se colocaba) y debajo los fémures cruzados. Los huesos más pequeños, normalmente reducidos a polvo por el paso del tiempo, permanecen en el fondo.
 
 Osarios de la época del Segundo Templo
(imagen extraída del documental El Segundo Templo)
 
¿Por qué regresaban los familiares al cabo de 12 meses para recoger los huesos y colocarlos en un osario? Según una creencia judía que se desarrolla precisamente durante la época del Segundo Templo, el infierno no es una condena eterna sino una especie de castigo temporal en donde cada uno paga por sus pecados antes de llegar al cielo. Y el tiempo máximo que una persona puede pasar en el infierno, después de ser juzgado por el tribunal celestial, es de 12 meses. Por eso, el día en el que se recolectaban los huesos para colocarlos en el osario (yom likut atzamot) era para los familiares un día de júbilo y alegría. Ese día se celebraba un banquete festivo en honor al difunto. Porque incluso si la persona había recibido tras su muerte el peor de los castigos posibles, 12 meses en el infierno, a partir de ese momento su alma ya se encontraba en el cielo.
 
Y mientras, en el plano terrenal, sus huesos eran preservados dentro del osario a la espera de la resurrección que tendría lugar en la era mesiánica. Una resurrección que, en la época del Segundo Templo, ya no es colectiva sino individual.
 
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Métodos de sepultura en el judaísmo (I): la época del Primer Templo

La sepultura en el judaísmo es halajá. Y esta obligatoriedad de sepultar a los muertos ha acompañado al pueblo judío a lo largo de toda su historia, desde la época de los patriarcas. Lo primero que hace Abraham cuando muere su esposa Sara es buscar un lugar para enterrarla: "Sara murió en Kiriat Arbá, también conocida como Hebrón, en la tierra de Canaán. Abraham vino a exaltar a Sara y a llorar por ella. Abraham se levantó de al lado de su muerto, y habló a los hijos de Jet. Soy un inmigrante y un residente entre ustedes –dijo–. Véndanme una propiedad para un lugar de sepultura con ustedes de modo que pueda yo enterrar a mi muerto" (Génesis 23:2-4).

Pero a pesar de la la importancia de la sepultura en el judaísmo, o tal vez debido a ello, el pueblo judío no siempre ha enterrado a sus muertos de la misma manera. Y en cada época diferente de la historia los judíos se han visto en la necesidad de adaptar el método de entierro a las condiciones políticas, sociales y religiosas que les rodeaban. De este modo, podemos distinguir hasta cuatro técnicas distintas de sepultura que se corresponden a los grandes periodos históricos del pueblo de Israel: época del Primer Templo; época del Segundo Templo; época de la Mishná y el Talmud; época de la Diáspora (hasta la actualidad).

Durante la época del Primer Templo el principal método de entierro consistía en cuevas mortuorias familiares. Se excavaban cuevas en estructuras de roca. Dentro de cada cueva había una habitación que contenía pequeñas plataformas de piedra alrededor de la pared en las cuales se apoyaban los cadáveres. Con el paso del tiempo el cuarto se iba llenando, y llegaba un momento en el que ya no quedaban bancos libres para colocar más cuerpos. Cuando esto sucedía, liberaban espacio arrastrando los huesos a una fosa común que generalmente se encontraba en la entrada de la cueva. Y así sucesivamente. El arqueólogo Gabriel Barkay, que dirigió las excavaciones en Katef Hinom (una necrópolis de Jerusalén de la época del Primer Templo), decidió bautizar este sistema de sepultura con el nombre de maasefá, que podría traducirse por repositorio. Según Barkay, la expresión bíblica neesaf el abotav (fue reunido junto a sus padres) hace referencia a este método de enterramiento propio de la época.

Cueva mortuoria familiar en Katef Hinom (Jerusalén)
de la época del Primer Templo
 
La manera en la que los judíos enterraban durante la época del Primer Templo estaba íntimamente relacionada con la creencia en la resurrección de los muertos. Se creía que la resurrección, cuando ésta se produjese, sería una resurrección colectiva. Y esta creencia se refleja claramente en la profecía de los huesos secos del Tanaj (Ezequiel 37), en la que todos los huesos se levantan juntos y recobran vida.
 
En una de las cuevas mortuorias de Katef Hinom fueron hallados en una maasefá huesos de hasta 69 personas diferentes. Si todos los muertos resucitan al mismo tiempo, tal y como se creía, no es necesario enterrar cada cuerpo por separado y la sepultura individual, al menos en la época del Primer Templo (siglos X-VI a. C.), no tiene ninguna relevancia.
 
Tumbas de la época del Primer Templo
en el Valle de Hinom (Jerusalén)
 
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El Segundo Templo (2/2)


(Se recomienda reproducir a 720p)

Documental relacionado:
El Segundo Templo (primera parte)

El Segundo Templo (1/2)


(Se recomienda reproducir a 720p)

Documental relacionado:
El Segundo Templo (segunda parte)

¿Una columna del Templo de Jerusalén?

La Plaza de Batéi Majasé (Casas de Refugio) fue uno de los últimos lugares en resistir el asedio jordano al Barrio Judío de la Ciudad Vieja de Jerusalén durante la Guerra de la Independencia. Decenas de sus habitantes se agruparon en esas casas en vísperas de la caída de Jerusalén hasta la rendición, el 28 de mayo de 1948. Los últimos combatientes judíos fueron llevados a Jordania como prisioneros de guerra, mientras que los civiles (mujeres y niños) fueron trasladados por la Puerta de Sion a las afueras de la Ciudad Vieja. Tras la Guerra de los Seis Días (1967) el edificio principal de la plaza, donado en sus orígenes por la familia Rothschild, fue restaurado en su totalidad, y las casas de alrededor fueron tansformadas en un colegio público para los niños del Barrio Judío.

Durante las excavaciones que llevó a cabo Nahman Avigad fueron hallados varios restos arqueológicos que datan de la época del Segundo Templo, uno de los cuales puede verse hoy en día en uno de los extremos de la plaza. Se trata de una espléndida columna coronada por un capitel jónico:

 
Hay investigadores que opinan que la columna corresponde a la época hasmonea, pero el arqueólogo Nahman Avigad tiene una teoría mucho más atractiva e interesante. Según su opinión, la conjunción de los elementos hallados en la columna con ciertos datos históricos permite formular la hipótesis de que se trata de una columna perteneciente al Segundo Templo de Jerusalén.
 
1. El anillo superior de la columna tiene la inscripción "9" en números romanos de una manera especial: VIIII en vez de IX. Esta curiosa manera romana de numerar era habitual únicamente entre los siglos I a. C. y I d. C.
 
2. A ambos lados de las volutas del capitel hay varios ornamentos florales tallados directamente en la piedra, así como cornucopias (cuernos de la abudancia) y ovas y dardos, típicos de los capiteles jónicos de los templos de arquitectura helénica.
 
3. En el siglo I a. C. Herodes el Grande comenzó una masiva renovación y expansión del Templo de Jerusalén. Herodes fue famoso por su crueldad contra aquellos que se le oponían, pero también adquirió fama como gran constructor, a tal grado que el Talmud declara que "quien no haya visto el edificio de Herodes no ha visto un edificio hermoso en sus días".
 
4. Al sur del recinto del Templo edificó Herodes un ostentoso pórtico real para deleitar a sus invitados. Al respecto escribe el historiador Flavio Josefo en Antigüedades judías que se trataba de "una estructura más digna de mención que cualquier otra bajo el sol". Según Josefo, desde el pórtico real "la altura del precipicio era enorme" hasta tal punto que "si alguien miraba desde la azotea se mareaba y su vista quedaba incapacitada para llegar al fondo de una profundidad tan insoldable".
 
¿Y cómo llegó la columna a la Plaza de Batéi Majasé (hallada in situ)? En el siglo VI d. C. el emperador Justiniano edificó la Iglesia Nea y amplió el cardo principal de Jerusalén para conectarla con la Iglesia del Santo Sepulcro y realizar procesiones religiosas entre ambas. En la construcción de la Nea se utilizaron piedras de edificios públicos antiguos. En esa época -época bizantina- el Monte del Templo permanecía desolado y destruido, y el Imperio bizantino no tenía ningún interés en construir sobre el monte para mantener vigente la profecía de Jesús: "No dejarán de ti piedra sobre piedra" (Lucas 19:44). Por tanto, cinco siglos después de la destrucción del Templo de Jerusalén, todavía quedaban restos antiguos de valor que podían reutilizarse en nuevos proyectos (en arqueología esta práctica se conoce como "spolia").
 
Es probable que el anillo superior de la columna haya sido el anillo nº 9 de una serie de anillos que formaban una de las tantas columnas del pórtico real de Herodes. Y el hecho de que la columna estuviese formada por un mínimo de nueve anillos es una clara evidencia de la magnificencia y la gran altura de dicho pórtico, tal como relata Flavio Josefo. Si a eso le sumamos que este tipo de capitel jónico solamente se colocaba en templos de la antigüedad y que la arqueología data el hallazgo entre los siglos I a. C. y I d. C., tal vez nos encontremos ante el único testimonio extraído directamente de la explanada del Templo de Jerusalén.
 
La Plaza de Batéi Majasé, con el edificio donado por la familia Rothschild y la columna hallada por Nahman Avigad durante las excavaciones arqueológicas

El Arca de la Alianza y la batalla de Eben Ezer

Diseño hipotético del Arca de la Alianza
basado en las descripciones del Tanaj

Al principio del Libro de Samuel, unos años antes de la implantación de la monarquía de Israel, se narra una de las tantas batallas que tuvieron lugar entre los filisteos y los israelitas. Los filisteos, que habían llegado a la región a través del mar, buscaban expandir sus influencias tierra adentro, en tanto que los israelitas se encontraban en plena conquista de Canaán.
"Y salió Israel al encuentro de los filisteos en guerra, y acamparon en Eben Ezer. Y los filisteos acamparon en Afec" (I Samuel 4:1).
Afec es una localidad que se encuentra, geográficamente, en la frontera entre la Planicie de Sharón y las Colinas de Samaria. Desde tiempos antiguos, Afec ha funcionado como una de las principales estaciones en la ruta comercial -Vía Maris- que unía a Egipto con los grandes imperios de Siria y Mesopotamia.

En una de las colinas de Samaria, a unos 5 km al noroeste de Afec, los arqueólogos Israel Finkelstein y Moshe Kochavi, de la Universidad de Tel Aviv, excavaron los restos de un asentamiento israelita que data de la época de la conquista de Canaán. Si bien no hay ninguna inscripción que relacione el lugar con el campamento de batalla israelita, la hipótesis de que se trata del Eben Ezer bíblico es ampliamente aceptada por la mayoría de académicos.

Casa típica israelita de 4 habitaciones, en Eben Ezer
 
La primera batalla fue desastrosa. Los filisteos mataron, según el relato bíblico, a 4 mil hombres. Los israelitas, en aquella situación, hicieron lo que cualquier pueblo de la antigüedad hubiese hecho: traer la divinidad al campo de batalla. Así pues, tomaron el Arca de la Alianza del Tabernáculo de Shiló, donde se conservaban las Tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés en el Monte Sinaí, y regresaron al combate, creyendo que el poder del Arca les ayudaría a derrotar al enemigo. Sin embargo, cuenta el Tanaj que la mala suerte continuó para el pueblo de Israel. Unos 30 mil israelitas murieron en el segundo enfrentamiento y, para mayor desgracia nacional, el Arca de la Alianza fue secuestrada por los filisteos.

Los filisteos, que conocían los milagros que el Dios de los hebreos había hecho en la tierra de Egipto, trataron al Arca con mucho respeto, e incluso miedo. Hay que remarcar que los filisteos eran un pueblo politeísta, y el Arca simplemente representaba para ellos otro dios. Por eso no es extraño que al llegar a Ashdod, antigua ciudad filistea, colocaran el Arca en el templo dedicado al dios Dagón (I Samuel 5:2). Una ola de estragos, desastres y plagas azotaron las ciudades por las que pasaba el Arca, y los filisteos comprendieron que, si querían alejar de ellos la maldición, debían devolvérsela a los israelitas.

Ruta del Arca de la Alianza. Desde Shiló, pasando por su captura en Eben Ezer y las ciudades filisteas, hasta Kiriat Yearim
 
Tras su devolución, el Arca de la Alianza fue guardada durante 20 años en Kiriat Yearim (actual Abú Gosh), hasta que el Rey David decidió llevársela a Jerusalén después de proclamarla capital de Israel. Con la inauguración del Templo, el Rey Salomón, hijo de David, colocaría finalmente el Arca en el Sancta Sanctórum.
 
¿Dónde se encuentra actualmente el Arca de la Alianza? Existen decenas de teorías, pero ninguna prueba fehaciente. Su pista se perdió tras la conquista de Jerusalén por parte de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la destrucción del Primer Templo (586 a. C.). A lo largo de la historia, sobre todo en los siglos XIX y XX, la ubicación exacta del Arca de la Alianza, a la que se le atribuyen poderes divinos, ha acaparado la atención de varios arqueólogos y aventureros, entre ellos el inglés Montigue Parker. El misterio del Arca de la Alianza también ha sido llevado a la gran pantalla, consiguiendo enormes éxitos de taquilla.
 
Famoso arqueólogo del siglo XX buscando el Arca de la Alianza

La Sinagoga de Baram

¿Para qué van los judíos a la sinagoga? Primero que nada: a rezar.

Hoy en día las sinagogas tienen importantes funciones sociales, no solamente religiosas. Los judíos van a la sinagoga no solamente a rezar, sino a encontrarse con los parientes, amigos y otros miembros de la comunidad, por eso en hebreo se le llama "Beit Kneset", casa de encuentro. Para algunos el rol social de la sinagoga es más importante que los rezos. Pero aún así, se sobreentiende que la función primera y original de una sinagoga son los servicios litúrgicos. Muchos judíos se sorprenderían al saber que, históricamente, en las primeras sinagogas no se rezaba.

Mientras existió el Templo de Jerusalén, el culto religioso consistía en los sacrificios de animales y demás rituales que se llevaban a cabo únicamente en el templo. Hasta que el escriba Esdras estableció la lectura pública de la Torá. Esdras fue el primer gran reformista y revolucionario del judaísmo: sacó al judaísmo del dominio exclusivo de los sacerdotes y lo trasladó al pueblo. Tal vez haya sido en sus días o poco después, en el siglo V a.c., que surgieron las primeras sinagogas. Aunque las más antiguas que se han encontrado son del Siglo I d.c. Cuartos pequeños y modestos donde se estudiaban la Torá y sus preceptos. No fue hasta el Siglo II, décadas después destrucción de Jerusalén, que las sinagogas cobraron su importancia actual, reemplazando al desaparecido Templo como centro espiritual de la vida judía. Recién entonces los rabinos instauraron las plegarias como sustituto a los sacrificios. Naturalmente, las sinagogas crecieron en tamaño y esplendor.

De qué época es esta sinagoga:

Parque Nacional de Baram
 
Hasta hace 25 años todos los estudiosos coincidían que la Sinagoga de Baram, en la Alta Galilea, data del siglo II o III, guiándose por el estilo arquitectónico romano típico de entonces. Pero en las excavaciones arqueológicas a fines de los 80s se encontraron debajo del piso de la sinagoga, monedas del siglo V (período bizantino). Bah, qué minucias, dirá el lector, siglo más o siglo menos, a quién le importa. Pero los arqueólogos son gente rara, este tipo de misterios les quitan el sueño. Hoy parece una trivialidad, cualquiera puede construir un edificio que imite en su estilo la arquitectura de tiempos pasados, pero eso era inconcebible en la era clásica. Y lo que era aún más inaceptable en aquellos tiempos, era construir edificios importantes que no fueran perfectamente simétricos.
 
La explicación: en algún lugar de la Galilea de cuyo nombre no me quiero acordar, había una sinagoga muy bonita del siglo III. En el siglo V las autoridades cristianas bizantinas, prohibieron la construcción de sinagogas nuevas. Los habitantes de Baram para no quebrantar la ley, en lugar de construir una nueva, tomaron la sinagoga de hace dos siglos, la desarmaron piedra por piedra, la transportaron a Baram y allí la armaron de nuevo. Igual que hicieron sus vecinos judíos de Cafarnaúm y otras partes de la Galilea. O tal vez no fueran las prohibiciones bizantinas que impulsaron la mudanza, simplemente era más rápido y más barato comprar y trasladar una sinagoga ya hecha que construirla de cero. Sean cuales sean los motivos, al rearmarla se las tuvieron que ingeniar lo mejor posible, improvisando cuando no encontraban qué piedra iba exactamente dónde, por eso les quedó un poquitín chueca.
 
Obrero judío construyendo una sinagoga en el Siglo V.
 
¡Shaná tová umetuká!
¡Feliz 5773!

La Rebelión de Bar Kojba y el Templo de Jerusalén


A lo largo de la historia una de las características de la independencia de un país ha sido la acuñación de monedas. Porque la soberanía de un país reside en su moneda. Así lo hizo Juan Hircano para reforzar la independencia de Judea tras la revuelta macabea (167-160 a. C.) frente al Imperio Seleúcida. Así lo hizo el gobierno provisional durante la Gran Revuelta Judía contra Roma (66-73). Y así lo hizo también Bar Kojba, comandante de la rebelión que durante 4 años (132-136) consiguió devolverle a los judíos la independencia en la tierra de Israel.

Varias fuentes históricas - más o menos objetivas, más o menos rigurosas - narran al detalle los acontecimientos de la revuelta macabea y de la Gran Revuelta Judía (o Primera Guerra Judeo-Romana). Pero poco sabemos acerca de la Rebelión de Bar Kojba. Y cuando las fuentes escritas escasean la única solución se halla en la arqueología.

Se deduce a partir de los hallazgos arqueológicos (y de la interpretación de los mismos) que la rebelión liderada por Simeón Bar Kojba tuvo un éxito abrumador durante los primeros años. Los judíos lograron eliminar a toda una legión romana entera - la Legio XXII Deiotariana - y recuperaron el control de su país.

Una de las evidencias que afirman el hecho de que los judíos proclamaron la independencia es la acuñación de monedas. Sin embargo, existe un punto de la investigación en el que los expertos no se ponen de acuerdo. ¿Llegó Bar Kojba a Jerusalén? ¿Consiguió la rebelión reconquistar la capital?

Moneda de la época de Bar Kojba. En el lado izquierdo: relieve del Templo de Jerusalén, y la inscripción "Shimón". En el lado derecho: etrog y lulav y la inscripción "año primero de la liberación de Jerusalén"


Algunos investigadores sostienen que las monedas con el relieve del Beit Hamikdash reflejan solamente el anhelo de los judíos de recuperar el control de Jerusalén. Otros opinan, en cambio, que el hallazgo de dichas monedas, precisamente en Jerusalén, representa una prueba fehaciente de que la rebelión de Bar Kojba consiguió llegar a la ciudad santa e, incluso, reanudar los sacrificios y demás servicios del Templo.

A esta evidencia arqueológica se suma un versículo del Talmud que relata la entrada de Rabí Ismael ben Elisha (alumno de Rabí Akiva, líder religioso que apoyó a Bar Kojba en su rebelión) al Sancta Sactorum en el día de Yom Kipur.

"Rabí Ismael ben Elisha dijo: Yo entré una vez a la parte más íntima del Santuario (Kodesh Hakodashim) para ofrecer incienso, y vi [...] al Señor de los Ejércitos, que estaba sentado sobre un exaltado y elevado trono. Él me dijo: Ismael, hijo mío, ¡bendíceme! Yo le dije: Que sea tu voluntad que tu misericordia suprima tu enojo. Y que tu misericordia prevalezca por sobre tus otros atributos. Y que trates a tus hijos con el atributo de la misericordia, y que te comportes con ellos mejor de lo que la ley requiere. Y Él asintió con su cabeza" (Brajot 7a).

Rabí Ismael ben Elisha, que vivó entre los años 90-135, pudo entrar a la parte más sagrada del Templo cuando teóricamente no había Templo. Pero es posible, sin embargo, que estemos ante otro relato talmúdico que cobra vida en un hallagazgo arqueológico. En ese caso el relieve del Templo en las monedas de Bar Kojba puede no haber sido una mera ilusión.

¿Llegó Bar Kojba a Jerusalén? ¿Se reanudaron las labores del Templo? ¿Entró Rabí Ismael ben Elisha al Sancta Sanctorum? Tal vez el tiempo (y la arqueología) nos aclaren las respuestas.

P.D. El relato del Talmud se ha convertido, de la mano de Avraham Fried, en una famosa canción jasídica:


La Mona Lisa de Galilea

En el Museo del Louvre de París hay un cuadro muy especial con el retratro de una mujer. Una de las tantas peculiaridades de ese cuadro es que, no importa desde qué ángulo uno mire a la mujer retratada, siempre ella devuelve la mirada. O al menos eso parece. Ese cuadro se llama La Mona Lisa, y su autor es Leonardo Da Vinci.

Esa extraña sensación se debe a una avanzada técnica pictórica que, según casi todas las enciclopedias de arte, tiene su origen en el Renacimiento. Pero hay algo que muchas de esas enciclopedias ignoran. En 1986 una delegación arqueológica de la Universidad Hebrea de Jerusalén descubrió en una de las casas de la antigua ciudad de Séforis (Tzipori), en Galilea, el siguiente mosaico que data del siglo III d. C:


La mujer que aparece en el mosaico de Séforis está hecha exactamente con la misma técnica empleada por Da Vinci. Por ese motivo los expertos la bautizaron con el nombre de la Mona Lisa de Galilea. Actualmente este mosaico es una de las grandes atracciones de interés con los que se encuentra el turista que visita Galilea, en el norte de Israel.

Séforis fue durante los siglos II y III d. C. la principal ciudad judía de Israel, que en esa época todavía se encontraba bajo dominación romana. Destacados tanaím -Rabí Yosi, Rabán Shimón ben Gamaliel y Rabí Yehuda Hanasí, entre ellos- vivieron en Séforis. Fue también la sede del Sanedrín durante la primera mitad del siglo III.

La relación entre la arqueología y las fuentes escritas no suele ser un acontecimiento frecuente. Dice la Torá: "Cara a cara habló el Eterno con vosotros en el monte, en medio del fuego" (Deuteronomio 5:4). Este versículo fue cuestionado por los alumnos de Rabí Yojanán, un importante taná, quienes se preguntaron cómo es posible que Dios hable con cada uno "cara a cara", es decir, por separado. La asombrosa respuesta de Rabí Yojanán cobra relevancia en el hallazgo arqueológico: "Así como el icono de esa mujer mira a todos y a cada uno, incluso si la miran mil personas a la vez, y cada uno siente que ella le devuelve la mirada, del mismo modo Dios habló con todos en el monte" (Pesikta Rabati, Éxodo).

Rabí Yojanán vivió en el siglo III d. C. en la ciudad de Séforis. La casa en la que se encuentra el mosaico de la mujer data del siglo III d. C. Significa esto que existe la posibilidad de que Rabí Yojanán se encontrara frente a la Mona Lisa de Galilea en el momento en que daba la respuesta a sus discípulos. O como mímino conocía ese mosaico.

El mosaico -hecho con más de un millón de piedras de 28 colores- se encuentra en el triclinium de una enorme casa de dos pisos con jardín frente al teatro de la ciudad. Debido a que se trata de la casa más grande y lujosa hallada en Séforis se sospecha que pudo haber sido la casa de recepción del gobernador romano o de un gentil acomodado.

¿Quién era esa mujer? ¿A quién pertenecía realmente la casa? ¿Por qué un importante rabino del siglo III d. C. hace una analogía entre el mosaico de la casa de un gentil y el mismísimo Dios? El innegable hecho de que Rabí Yojanán conocía el icono es motivo suficiente para plantearse esos y otros muchos interrogantes. Pero eso es tema para otro post.

Cardo de Séforis

Montigue Parker y los tesoros del Templo de Salomón

Jerusalén, como toda ciudad antigua de la zona, podía existir donde fue ubicada primero que nada gracias a la presencia de una importante fuente de agua. En el caso de Jerusalén esa fuente es el Manantial Guijón. El manantial debía ser protegido ante posibles ataques enemigos, para este fin se construyó sobre el mismo una enorme torre de vigilancia hace 3800 años, cuyos restos fueron descubiertos hace poco. En tiempos de guerra podía llegarse en forma segura hasta la torre por un pasadizo subterráneo.

El aventurero inglés Montigue Parker no creyó que se tratara de un pasadizo hacia la fuente de agua, sino una entrada secreta hacia la cámara de los tesoros del Templo del Rey Salomón. Llegó a Jerusalén en 1909 con la intención de hacerse con las reliquias y comenzó allí sus excavaciones. Cuando vio que el túnel no lo conducía al destino esperado, se impacientó y decidió excavar directamente sobre el Monte del Templo, lo cual estaba absolutamente prohibido por las autoridades musulmanas y continúa prohibido hasta el día de hoy. Parker sobornó a los guardias y excavó clandestinamente por las noches. Hasta que fue descubierto por un guardia que no estaba al tanto del arreglo y dio la voz de alarma. Se armó un revuelo general entre los musulmanes de Jerusalén ante semejante sacrilegio, Parker tuvo que huir apresuradamente hacia el puerto de Jaffa y de allí de vuelta a Europa.

Según la prensa sensacionalista de la época, Parker logró llevarse consigo la espada del Rey David, la corona del Rey Salomón y el cetro de Mahoma. Nada menos. Tanta imaginación acabaría por plasmarse en la pantalla grande, aunque inspirada en otra historia real de otro arqueólogo, que también vino por aquí décadas más tarde buscando los tesoros perdidos, un tal Wendel Jones (tema para otro post).

El túnel que excavó Parker hoy se puede visitar en el Parque Nacional Ciudad de David. Incluso se pueden ver un par de baldes que se dejó allí, con materiales de excavación y una pipa. El túnel:


El aviso en la pared



El Meitzad Ateret en hebreo, Chastelet du Gué de Jacob en francés, o en español el Castillito del Puente de Jacob, fue un de las más pequeñas fortalezas cruzadas y también la que duró menos tiempo, apenas cuatro meses. Construida por el Rey de Jerusalén Balduino IV y destruida por Saladino en 1179.

El lugar llamado Puente de Jacob se encuentra pocos kilómetros más al norte, desde tiempos prehístoricos por allí se cruzaba el Río Jordán. Un sitio estratégico en el camino que conectaba Tiberíades con Damasco. La orden de los Caballeros del Templo de Salomón, asentados en Safed, temían que desde allí los musulmanes ayubis invadieran (como efectivamente ocurrió pocos años después). Balduino y Saladino habían firmado un acuerdo en 1175 por el cual el pasaje quedaba abierto sin fortificaciones por ninguno de los dos lados. Por presión de los templarios Balduino violó el acuerdo y las obras comenzaron en diciembre de 1178. Al principio Saladino intentó resolver el conflicto por la vía diplomática y ofreció al Rey de Jerusalén la suma de mil dinares de oro para que detuviera la construcción. El rey rechazó la oferta y Saladino juró que destruiría el Chastelet y lo cumplió. Sus tropas le pusieron sitio, cavaron hasta llegar a las bases de la torre hechas en parte de madera y le prendieron fuego. Murieron unos mil guerreros cruzados.

Lo que no sabían los cruzados, ni los musulmanes que más adelante tuvieron la mala fortuna de construir allí una mezquita, es que el Chastele está justo encima de una falla geológica. La falla geológica sirio-africana que comenzó a formarse hace 20 millones de años, separa entre dos placas tectónicas. Uno puede pararse frente a la pared del Chastelet con un pie en el pie izquierdo en la Placa Africana y el derecho en la Placa Arábiga. La Placa Arábiga se mueve en dirección norte más rápido que la Africana. Este es uno de los únicos lugares donde es posible ver la actividad de las placas tectónicas en los últimos siglos, que ha dejado sus huellas sobre un edificio construido por el hombre. Durante los terremotos de 1202 y 1579 la mitad de la pared se mudó 2.2 metros hacia el norte.


Artículo relacionado: Crónica de un terremoto anunciado

El sarcófago de Ashkelón


Sarcófago significa en griego "comedor de carne". Los griegos no comprendían del todo el proceso de descompocisión del cuerpo, les sorprendía que al dejar el cuerpo en una caja de piedra cerrada, al tiempo quedaran sólo los huesos sin la carne. De allí proviene el nombre. Este sarcófago fue encontrado en los años 70 cuando se construyó el barrio Afridar en la ciudad de Ashkelon. Se exhibe en el museo de la calle Hanasí.

Data de finales del siglo II o principios del siglo III, probablemente haya sido fabricado en Grecia o Asia Menor e importado por encargo. Solamente los ricos se daban semejante lujo, a los pobres los enterraban directamente en la tierra sin tanta pompa. En la tapa aparecen dos figuras sin rostro. Se supone que allí deberían estar talladas las caras de los difuntos. El sarcófago se importaba con esa parte incompleta, luego un artista local lo completaba. No sabemos si es que no consiguieron un artista local que finalice la faena o si los fallecidos eran tan feos que prefirieron no dejarlo registrado para la posteridad. O si acaso el sarcófago nunca llegó a estrenarse: fue encontrado vacío. Lo que sí está claro es que estaba destinado a dos perosnas, probablemente marido y mujer.

La escena representada proviene de la mitología griega: el secuestro de Persepone. Hades, dios del mundo de los muertos, se enamora de la hermosa Persepone y envia a Hermes, dios del comercio y recadero oficial de los dioses, a que se la traiga al submundo. La que no queda nada conforme con el asunto es Demeter, madre de Persepone y diosa de la agricultura. Demeter se declara en huelga y se marcha tras el rastro de su hija hasta el infierno. Lo cual afecta gravemente la producción agrícola. Y como siempre que hay rencillas entre los dioses los que pagan los platos rotos son los seres humanos, que en este caso se mueren de hambre. Hasta que el patrón Zeus toma cartas en el asunto. Tras largas negociaciones gremiales llegan a un acuerdo. Demeter se puede pasar cada año una temporada con su hija, pero también tiene que volver a la tierra y hacerla florecer la temporada siguiente. Así nacen las estaciones del año.

Es curioso que justamente en un ataúd tallen una escena que simboliza la resurrección y la vuelta a la vida que es la primavera. Hay otros símbolos de resurrección, como el gallo, que anuncia el renacimiento del día con la salida del sol cada mañana. Pareciera que los hombres nunca aceptamos del todo la idea de la muerte y la esperanza de la resurrección nos acopaña hasta el mismo entierro.

Éste es sólo uno de los muchísimos hallazgos arqueológicos de Ashkelon. Una ciudad muy antigua. Hace 4000 años, cuando Jerusalén aún no era más que una aldea, Ashkelon ya estaba amurallada. Vale la pena visitar el Parque Nacional de Ashkelon y echarle un vistazo a los restos de diversas épocas.

El secreto de Ein Guedi

"Todo aquel que genere discordia entre un hombre y su prójimo, todo aquel que calumnie a la comunidad ante los pueblos y todo quien revele a los extranjeros el secreto de la aldea, que sea arrancado de la faz de la tierra por aquel cuyo ojo se pasea por toda la tierra*. Diga toda la comunidad amén y amén".
Estas palabras aparecen en un mosaico sobre el piso del antigua sinagoga de Ein Guedi, que data del siglo III d .C. (traducción propia). Es el código de conducta de la comunidad. Se entiende que condenen a quien genere riñas entre los vecinos o los calumnie, lo que no está claro cuál es ese secreto tan guardado cuya revelación merece una pena tan terrible. Quizás la respuesta se encuentre hoy en día en un rincón apartado del Jardín Botánico, donde se han vuelto a cultivar dos arbustos muy especiales. El secreto del éxito económico de Ein Guedi en la antigüedad: las plantaciones de mirra y olíbano. Si haces una pequeña hendidura en uno de los árboles, puedes extraer de él pequeñas cantidades de sabia que luego se seca y se vuelve sólida. Tienes en tus manos un material que en otros tiempos valía su peso en oro. Un pueblo que habitaba en el desierto, conocido como los nabateos, extraían el material en el sur de la Península Arábiga, (donde hoy está Yemen). Tardaban tres meses de viaje en camello para atravesar todo el camino hasta el puerto de Gaza. De allí era exportado a Europa.



¿Por qué tan caro? En parte por los costos de producción. Sólo crece en lugares muy específicos, como el Yemen o los oasis del Desierto de Judea: Ein Guedi y Jericó. En parte por los costos de transporte, los nabateos no lo transportaban gratis. Pero sobre todo por la altísima demanda. Ese material se quema para generar incienso que da buen olor. El incienso era un producto imprescindible en todos los templo paganos, para cubrir el hedor de los animales sacrificados. También en el Templo de Jerusalén se utilizaba el incienso con este fin. De ahí proviene también el uso de incienso en las iglesias. El cristianismo sustituyó a la religión pagana en Europa y canceló los sacrificios de animales, pero el incienso continuó asociado al ritual religioso.

La mirra también tiene otro uso también relacionado con su placentero aroma. De una especie específica de mirra, llamada afarsemón, se fabrica un perfume también muy solicitado en la antigüedad. Según el historiador romano Plinio el Viejo, Ein Guedi era el único lugar en todo el Imperio Romano donde se fabricaba el perfume. ¿Será ése el secreto? ¿Cómo se fabricaba el perfume? Sólo los artesanos de Ein Guedi lo sabían, ni siquiera los agricultores que cultivaban la materia prima tenían acceso a él. La producción y exportación del incienso y el perfume dejaba grandes réditos no sólo a la aldea, sino que también enriquecía al César, que se llevaba un buen porcentaje. Durante la Rebelión de Bar Kojba (132-135 d .C.) los rebeldes intentaron incendiar las plantaciones, pero los romanos enviaron a los soldados a protegerlas.

En el siglo VI d .C. Ein Guedi desaparece del mapa. Los arqueólogos encontraron los restos de la destrucción pero no saben por qué ocurrió. Otro de los misterios de Ein Guedi. Desde entonces el lugar permaneció despoblado hasta el moderno Estado de Israel, cuando en los años cincuenta surge el Kibutz Ein Gedi. En las inmediaciones hay mucho que ver: la catarata del Arroyo David, en la Reserva Natural Ein Guedi o los restos del templo prehistórico y de la antigua sinagoga. A mi gusto lo más bonito es el Jardín Botánico, donde se exhiben especies de árboles de todo el mundo. Mi favorito es el Baobab (traído de África, no del Asteroide B612). Después de 15 siglos los jardineros del moderno Ein Guedi han vuelto a plantar la morra y el olíbano. Tal vez algún día consigan descifrar el secreto.




*Nota: "Aquel cuyo ojo se pasea por tierra." No, no se refiere a Sauron del Señor de los Anillos. Sino a Yahvé, el Señor de los Ejércitos.

Tel Aviv no es un tel

Imaginemos una ciudad muy antigua que se encuentra a poca altura. Llega un invasor desde tierras lejanas y arrasa con la ciudad. Los sobrevivientes vuelven a construir la ciudad en el mismo lugar, cubren con tierra las ruinas que dejó el invasor y construyen por encima. Un siglo más tarde un terremoto destruye de nuevo la ciudad. Otra vez más, la ciudad es construida encima de las ruinas que a su vez están arriba de otras ruinas anteriores. Dos siglos más tarde ocurre un incendio y la ciudad vuelve ser destruida. De nuevo, vuelta a empezar. Cada vez que la ciudad es reconstruida sobre una nueva capa de ruinas va subiendo en altura. Así se forma lo que en arqueología se denomina tel. Una colina formada no por la naturaleza, sino por la acumulación de capas de ruinas de edificios construidos por el hombre. Los tels son un fenómeno muy raro en el mundo, los hay en el Medio Oriente aunque tampoco son muy frecuentes. Sin embargo en Israel los hay por decenas.

El ejemplo más impresionante es el de Meguido. Asentamiento destruido y vuelto a construir no menos de 25 veces. Sí, han leído bien, 25 veces. La última vez hace más de 2500 años. Quizás no sea casualidad que justamente en ese lugar, que ha visto tanta destrucción, es donde según la fe cristiana comenzará el fin del mundo, la gran batalla final entre el bien y el mal. En hebreo lo llamamos Tel Meguido o Ar Meguido, y fue traducido al griego como Armagedón en el Nuevo Testamento (Apocalipsis de San Juan). Un lugar que vale la pena visitar. Recomiendo no esperar hasta que estalle la guerra entre Gog y Magog para la visita.

Para conocer el Armagedon no hace falta un transbordador espacial,
alcanza con un avión que lo lleve a Israel.


¿Por qué construyeron la ciudad tantas veces en el mismo lugar donde fue destruida? No fue por masoquismo. La ubicación era excelente, ya que reunía las cuatro condiciones: su altura en medio de un valle le otorgaba una importante ventaja estratégica para su defensa militar (1); contaba con su propia fuente de agua potable (2); con buenas tierras para la agricultura (3); sobre el camino (4) internacional que une a Egipto con Mesopotamia. A modo de comparación, Jerusalén en la antigüedad sólo cumplía con una de esas condiciones: el agua (gracias al manantial Guijón). En la Tierra de Israel eran pocos los sitios que reunían las condiciones, no había mucho de donde elegir. Por eso la gente volvía a instalarse en los mismos lugares cuando eran arrasados y por eso se formaron tantos tels. Pero no es el caso de Tel Aviv, que fue construida por primera vez en 1909 al nivel del mar. ¿Por qué se llama Tel Aviv entonces? Eso es tema para otro post.

Esto no es una pipa un tel


Aunque Meguido sea quizás el tel más importante por la asombrosa cantidad de capas y su significado religioso, a mí personalmente los que más me gustan son Tel Dan y Tel Banias (Cesaria de Filipo). Me encanta cómo las ruinas de distintos períodos se mezclan con la tupida vegetación que las cubre casi por completo. Como si las ruinas se asomaran de entre las entrañas de la tierra para enviarnos saludos desde tiempos remotos. Los arqueólogos no han destapado más que un porcentaje diminuto, ¡quién sabe cuántos tesoros queden escondidos bajo las raíces de esos arboles!

Esto sí es un tel: Tel Dan.

En la foto se ve parte de un altar del siglo VIII a. C.
construido según el modelo del Templo de Salomón.