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El Domo de la Roca NO es la Mezquita de Omar

Esto NO es la Mezquita de Omar

El Domo de la Roca con su magnífica cúpula dorada es sin duda el edificio más llamativo de Jerusalén, se encuentra en el centro de la llamada explanada de las mezquitas, sobre el Monte del Templo. Muchos lo conocen también como la Mezquita de Omar. Un error muy extendido que desde Paseando por Israel nos proponemos erradicar:

  • El Domo de la Roca no es una mezquita, es un monumento. Indica el lugar donde según la tradición musulmana Mahoma subió en sueños al cielo para recibir las plegarias de Alá. Si bien hay una mezquita cerca, se trata de otra construcción: la Mezquita de Al-Aqsa, que se distingue a lo lejos por su cúpula plateada.
  • No es de Omar. El segundo califa, Omar Ibn Al-Jatab, gran guerrero responsable de la rapidísima expansión del islam en sus inicios, durante el período del Califato Rashidún, conquistó Jerusalén en el año 637 y murió en el año 644. En cambio el Domo de la Roca fue construido décadas más tarde, en el año 691, por el califa Abd al-Malik ibn Marwan del Califato Omeya.
  • La Mezquita de Omar es otro edificio en otra ubicación. Se encuentra en la callejuela Santa Helena, a pocos pasos del Santo Sepulcro. La entrada a la mezquita suele pasar desapercibida por los visitantes que cruzan el mercado árabe, saliendo de la iglesia en dirección a la Puerta de Jaffa.

Esto SÍ es la Mezquita de Omar

Según la tradición, el Patriarca de Jerusalén llamado Sofronio aceptó rendir la ciudad al ejército árabe a condición de que Omar en persona la tomara. Luego de entrar a Jerusalén, el califa fue invitado por el patriarca a rezar en el Santo Sepulcro. Omar rechazó la invitación para impedir que el sitio se convirtiera en sagrado para los musulmanes y tuviese que ser incautado a los cristianos, prefirió postrarse fuera de la iglesia. La Mezquita de Omar conmemora el lugar donde oró el califa.

La Iglesia del Santo Sepulcro: breve resumen histórico

La Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén es el sitio más sagrado del mundo para todas las corrientes del cristianismo, exceptuando a las protestantes. Allí, según la creencia, se encuentra el Gólgota o Monte del Calvario, el lugar donde Jesús de Nazaret murió crucificado. A pocos metros, dentro del mismo recinto, se halla también la tumba donde Jesús fue enterrado y resucitó. La tradición católica ubica dentro de la Iglesia las últimas cinco de las catorce estaciones de la Vía Dolorosa. Junto con la Iglesia de la Natividad en Belén, es la iglesia más antigua del mundo aún en pie, con cerca de 1700 años de antigüedad. Al igual que la propia Jerusalén, ha sufrido innumerables guerras, incendios y terremotos, y fue destruida y vuelta a construir varias veces.


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Año 135. El Emperador Adriano sofoca la Rebelión de Bar Kojba, cambia el nombre de Jerusalén por Aelia Capitolina y la transforma en una ciudad pagana. Donde antes estaba el Templo de Jerusalén construye un templo dedicado a Jupiter. Donde hoy se encuentra la Iglesia del Santo Sepulcro construye un templo a la diosa Venus, tal vez para borrar los rastros de un lugar de culto cristiano anterior.

326. La Emperatriz Helena, madre del emperador Constantino, viaja a Tierra Santa y ordena construir cuatro iglesias, entre ellas la Iglesia de la Natividad en Belén y la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, llamada originalmente Iglesia de la Anástasis (resurrección en griego). Según la leyenda, donde hoy está la Capilla de Santa Helena, en la cripta de la actual iglesia, Helena encuentra tres cruces: la de Jesús y las del ladrón bueno y el ladrón malo que habían sido crucificados a su lado. Para poder distinguir cuál de las tres era la de Jesús, trae a un enfermo que toca cada una de las cruces hasta que al posar sus manos sobre La Cruz Verdadera se cura milagrosamente.

La Iglesia de la Resurrección en el período bizantino 326 - 614.

614. Los persas sasánidos invaden Tierra Santa, matan a miles de clérigos, destruyen decenas de monasterios e iglesias, la Iglesia del Santo Sepulcro resulta dañada y se llevan La Cruz Verdadera a Persia como botín. Catorce años más tarde, el emperador bizantino Heraclio derrota a los persas, recupera la cruz y restaura la Iglesia.

1009. El califa de la dinastía fatimí en Egipto, Al-Hakim bi Amr Allah, destruye la Iglesia.

1048. El emperador bizantino Monómaco, después de haber llegado a un acuerdo con los fatimís, reconstruye la iglesia. Pero la Iglesia ya no vuelve al tamaño colosal ni recupera el esplendor que ostentaba en tiempos de Constantino y Helena.

1099. Los cruzados, al mando de Godofredo de Bouillón, conquistan Jerusalén. Poco después comienzan obras de ensanchamiento y reconstrucción del Santo Sepulcro.

1149. Al cumplirse cincuenta años de la conquista cruzada, la reina Melisenda reinagura la Iglesia.

1187. Los cruzados llevan la Cruz Verdadera al campo de batalla para infundirse valor, imitando a los israelitas que cargaban con el Arca de la Alianza cuando luchaban contra los filisteos. Saladino derrota a los cruzados, la Cruz Verdadera se pierde y el primer Reino Cruzado de Jerusalén se desploma. La presencia cristiana en Tierra Santa disminuye y también el flujo de peregrinos cristianos que llegan al Santo Sepulcro por los siguientes ocho siglos.

1852. Transcurren siglos de disputas entre distintas comunidades cristianas por la posesión y administración de la iglesia, que fue variando según la conveniencia política y económica del gobernante de turno. Hasta que el sultán otomano decreta el Status Quo a mitad del siglo XIX. Desde entonces prevalece la división de la Iglesia del Santo Sepulcro entre seis comunidades: Griega Ortodoxa, Católica, Armenia, Siria, Copta y Etíope. El Status Quo establece qué sección corresponde a cada comunidad, qué derechos litúrgicos tiene cada una, en qué partes y en qué fechas. La división ha continuado casi intacta aún cuando Jerusalén ha cambiado de manos varias veces desde entonces. El Status Quo se ha mantenido bajo el Imperio Otomano, el Mandato Británico, el Reino de Jordania y el Estado de Israel.


La escalera de madera en la ventana de la fachada.
Sigue en el mismo sitio desde 1852.

Nota: las imágenes del artículo fueron tomadas de Wikimedia Commons.

La espada de Godofredo


Hace tres años y medio escribí en otro blog: "...la Iglesia del Santo Sepulcro es un lugar que puede ser visto como una alegoría de la situación en Israel. Se trata de un lugar sagrado para muchos grupos distintos que se disputan su control. Es uno de los lugares más impactantes y más visitados de Jerusalén, una parada obligatoria para todo turista que pase por el país, sea de la religión que sea. Desde su fundación en el siglo IV por los bizantinos, ha pasado por innumerables manos. Se concentran en un lugar muy pequeño obras de artes de distintos estilos que se fueron añadiendo durante las distintas épocas, cada una con un alto valor en sí misma, pero que en su conjunto - en mi opinión de ignorante en la materia - conforman un mosaico cultural carente de toda armonía, un espléndido mamarracho."

Hoy en día, un poco menos ignorante que entonces, más que la mezcla de estilos artísticos y arquitectónicos lo que me llama la atención de la Iglesia del Santo Sepulcro es la variedad de cuentos, leyendas, tradiciones e historias que esconde en cada rincón. Cada capilla, cada columna, cada pared y hasta cada escalera, tienen un cuento que contar. Se podría dedicar un blog entero únicamente al Santo Sepulcro. Por poner sólo un ejemplo de uno de esos tantos recovecos no tan conocidos aunque dignos de interés: el cuarto donde los monjes franciscanos guardan sus vestimentas rituales. A veces abren la puerta a las visitas para poder admirar dos curiosas reliquias:


Según la creencia la columna de granito, es la misma a la que Jesús fue maniatado para ser azotado por los soldados romanos, antes de obligarlo a cargar con la cruz por la Via Dolorosa. A su lado la espada que se cree perteneció a Godofredo de Bouillón, quien encabezó las tropas cruzadas que conquistaron Jerusalén en el 1099. Luego de su triunfo militar, los demás caballeros propusieron coronarlo como Rey de Jerusalén, pero Godofredo se negó con su frase inmortal: "No llevaré corona de oro donde Cristo la llevó de espinas". Incluso quien como yo no sea creyente, puede conmoverse ante semejante relato de humildad, ojalá los gobernates de hoy en día siguieran su ejemplo. En lugar del título de monarca, adoptó el nombramiento de "Protector del Santo Sepulcro". Supongo que no es casualidad que su espada sea exhibida junto a la columna de la flagelación, una reliquia que al igual que la corona de espinas resalta el sufrimiento de Jesús. Sin embargo, Godofredo de Bouillón murió al año siguiente, lo sucedió su hermano que asumió el cargo de rey sin rechistar, Balduino I de Jerusalén.