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Napoleón y los muros de Akko

Si bien Akko o Acre existe desde hace aproxidamente 4000 años, no tuvo gran importancia hasta sus dos grandes períodos de esplendor. El primero en el Siglo XIII, como capital del segundo Reino Cruzado. Luego en tiempos modernos, desde mediados del Siglo XVIII, cuando pasó a ser la capital regional, dentro del Imperio Otomano. Allí se establecieron una serie de gobernadores locales que la hicieron florecer, fortificando murallas, construyendo un acueducto, desarrollando el puerto y el comercio, y centralizando en ella el gobierno de la región.

Ahmad Al-Jazzar, no fue el primero de los gobernadores de Akko, pero sí uno de los más importantes. Al acercarse a Akko, puede divisarse a lo lejos una gran cúpula verde, sobre la gran mezquita que construyó y que lleva su nombre: Mezquita Al-Jazzar. Hasta el día de hoy, una de las mezquitas más grandes de Israel. Contiene una gran reliquia para los muslmanes: un pelo de la barba de Mahoma.

Mezquita Al Jazzar. Imagen de Wikipedia.


Al-Jazzar derrotó nada menos que a Napoleón Bonaparte. En 1799, Napoleón partió desde Egipto con la intención de conquistar la Tierra Santa. Después de tomar Ramle y Jope, Napoleón podría haber avanzado hacia Jerusalén, pero decidió pasar de largo y seguir hacia Akko. Jerusalén sería la Ciudad Santa, pero la ciudad importante desde el punto de vista político y militar era Akko. Napoleón sitió la ciudad, creyendo que la tomaría con facilidad. Pero Al-Jazzar contaba con apoyo: una flota británica lo protegía y abastecía desde el mar, y un militar francés enemigo de Napoleón lo asesoraba dentro de la ciudad. Después de casi dos meses de sitio, los franceses finalmente consiguieron abrir una brecha en los muros de Akko y penetrar en la ciudad. Dentro los esperaba una terrible sorpresa: Al-Jazzar había construido otra muralla más, los soldados franceses que penetraban quedaban atrapados entre los dos muros. Finalmente, después de haber sufrido numerosas bajas, Napoleón no tuvo más alternativa que retirarse y regresar a Egipto.

Los inmensos muros que se ven hoy al entrar por la entrada principal a la parte antigua de Akko, no son iguales a los que Napoleón luchó por derribar. Después de la retirada, Al Jazzar fortificó la ciudad más aún, ensanchando las murallas para que pudieran resistir fuego de artillería.

Muros de Akko, imagen de wikipedia.

Paseo por Tel Aviv

El puerto de Jaffa, fue la principal puerta de entrada a la Tierra Santa, también para los judíos que llegaron en la "Primera Aliá", la ola inmigratoria de judíos de fines del Siglo XIX. Así surgieron los primeros barios judíos al norte de Jaffa, que hoy son parte de Tel Aviv. El primero, fundado en 1887, se llama Neve Tzedek, que significa "oasis de justicia", uno de los nombres de Dios, según Jeremías 50:7. Hoy en día es una de las zonas más pintorescas de la ciudad.

Mural junto al centro de danza Suzanne Dellal en Neve Tzedek.

Junto al nuevo barrio, está la antigua estación (HaTachana) de la primera línea de tren del Medio Oriente, que en 1892, conectó Jaffa con Jerusalén. El tren a vapor serpenteaba lentamente entre la montañas, demorando seis horas en llegar a la Ciudad Santa. Era tan, pero tan lento, que se cuenta que un día una persona se quiso suicidar, se ató a las vías del tren... y murió de hambre. El nuevo tren eléctrico inaugurado en 2018, se espera que complete el trayecto en 28 minutos, sin duda un gran avance. 

Antigua estación del tren.

En los años siguientes surgieron más barrios. Pero un grupo de vecinos decidió que con barrios no bastaba, se organizaron para crear "la primer ciudad hebrea" en tiempos modernos: Tel Aviv fue fundada en 1909. El nombre de la ciudad, viene de un libro escrito por Theodor Herzl, fundador del Movimiento Sionista. Una novela que podría clasificarse de ciencia ficción, donde Herzl imaginaba como sería el futuro país. Imaginaba una relación armoniosa entre judíos y árabes, que lamentablemete no se ha concretado. El libro, publicado en 1902, fue escrito en alemán y se titula "Alteneuland", que significa "nueva-vieja tierra". Fue traducido más libremente al hebreo como Tel Aviv. "Tel" se le llama a cierto tipo de sitio arqueológico y "Aviv" significa primavera, yuxtaponiendo las dos palabras se representa la idea de la renovación de lo antiguo, expresada en el título original.

Tel Aviv empezó con algunas decenas de parcelas de tierra arenosa, que fueron sorteadas entre los vecinos, para que cada cuál se construyera su hogar. Entre ellos: Meir Dizengoff, el primer alcalde. Más adelante, Dizengoff convirtió su casa en museo de arte y la donó a la ciudad. Allí fue donde el 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión, declaró la Independencia del Estado de Israel. Se puede revivir la histórica ceremonia, visitando el Salón de la Independencia (temporalmente cerrado por renovaciones desde septiembre 2018). Está ubicada en el Boulevard Rotchild, una de las zonas chic de la ciudad, muy apropiada para salir a caminar o ir a tomar una cerveza.

David Ben-Gurión leyendo la Declaración de Independencia.
Por encima de Ben-Gurión, una foto de Theodor Herzel.
Imagen tomada de Wikipedia.

Para muchos, el momento histórico más importante acontecido en Tel Aviv desde la creación del Estado de Israel, fue el asesinato del Primer Ministro Isaac Rabin, el 4 de noviembre de 1995, en la Plaza Reyes de Israel. Al finalizar una multitudinaria manifestación a favor del Proceso de Paz, un israelí de extrema derecha, opuesto a los acuerdos alcanzados entre el gobierno de Rabin y el líder palestino Yasser Arafat, le pegó dos tiros. Desde entonces la plaza es conocida como Plaza Rabin. Se puede ver el monumento que marca el punto donde Rabin cayó abatido. También es interesante visitar el museo Centro Isaac Rabin, dedicado a la vida y obra del mandatario y a la historia reciente del Estado de Israel.

Plaza Rabin. Imagen tomada de wikipedia.

Otros sitios que recomendamos visitar en Tel Aviv: Puerto de Jaffa, Puerto de Tel Aviv, Mercado Carmel, Mercado Sarona, Museo de la Diáspora, Museo del Palmaj. Y por supuesto: la playa.

Paseo por Jope


Yaffo en hebreo, Jaffa en inglés, Jope según las traducciones bíblicas al español. Hoy en día es la parte sur de Tel Aviv, como indica el nombre oficial del municipio: Tel Aviv-Yaffo. Pero Tel Aviv es una ciudad nueva, de algo más de cien años, mientras que Jope ronda los cuatro mil años de antigüedad. Desde sus comienzos fue una ciudad puerto sobre el Mar Mediterráneo. De los muchos puertos de la zona, el más cercano a Jerusalén. Por eso, durante siglos, Jope fue la puerta de entrada a la Tierra Santa. Sin duda, un buen lugar para comenzar un itinerario de viaje por Israel.

Caminando por las calles de la antigua Jope, uno se encuentra con varios personajes:


El Profeta Jonás.
El Libro de Jonás, en el Antiguo Testamento, cuenta que Jonás embarcó en Jope. Dios lo envió a Nínive (Una ciudad en la actual Siria), pero Jonás desobedeció y tomó un barco en otra dirección. En el mar se desató una tempestad que amenazaba con hundir la nave con toda su tripulación. Para que no perecieran todos por su pecado, Jonás fue lanzado al agua, donde fue devorado por un gran pez. Tres días y tres noches pasó en el vientre del animal, se arrepintió de su pecado, fue devuelto a tierra y continuó viaje hacia Nínive.

Jonás dentro de la ballena. Imagen de Wikipedia.

El Apostol Pedro.
Hoy en día, para llegar a Israel uno ya no viaja en barco al puerto de Yaffo, lo más común es volar a Ben Gurión. Aunque el tiquete diga que el vuelo es a Tel Aviv, en realidad el aeropuerto está en la ciudad de Lod (en hebreo) o Lida. El Nuevo Testamento, en Hechos de los Apóstoles (capítulos 9 y 10), cuenta que Pedro se encontraba en Lida, de Lida fue a Jope, de Jope siguió a Cesarea Marítima. Quienes aterrizan en Israel, y siguiendo un itinerario clásico continúan a Jope y Cesarea, hacen el mismo camino que hizo Pedro. En Jope Pedro resucitó a un niña llamada Tabita (o Dorcas, varía según la traducción). Se alojó en la casa de Simón el Curtidor, donde tuvo la visión de los animales impuros bajando del cielo sobre un lienzo. Según la tradición católica la casa de Simón el Curtidor estaba donde hoy está la Iglesia de San Pedro. Según la tradición armenia, la ubiación es unos metros más al sur, donde está el faro.

Iglesia de San Pedro.

Napoleón Bonaparte.
Después de que los cruzados fueran derrotados a fines del Siglo XIII, pasaron cuatrocientos años antes de que otro europeo volviera a intentar conquistar la Tierra Santa. En 1799, viniendo desde Egipto, Napoleón conquistó Jope. No consiguió conquistar todo Israel, fue derrotado más tarde en Akko, tuvo que regresarse a Egipto. Cinco años más tarde se convirtió en "Emperador de los franceses", demostrando que uno puede perder una batalla, incluso una guerra, y seguir subiendo de rango.

Napoleón dando la bienvenida a una turista.
Abdul Hamid II.
El último Sultán del Imperio Turco Otomano, cumplía 25 años de su ascenso al trono en 1901, para festejar ordenó construir cien torres de relojes a lo largo y ancho del imperio. De nada le sirvió tanta ostentación cuando fue derrocado unos años después, en 1909. El imperio acabó por desmoronarse después de la Primera Guerra Mundial, al contrario que varias de las torres, que siguen en pie hasta hoy. La más conocida de las que hay en Israel está en Jope. Hay otras en Haifa, Akko y Safed.

La Torre del Reloj en Jope. Imagen de Wikipedia.

San Juan de Acre y los Caballeros Hospitalarios

En el año 1094, el Papa Urbano II promulgó que todos los pecados serían perdonados a quien fuera a Tierra Santa a "liberar" los sitios santos para el cristianismo, (especialmente el Santo Sepulcro en Jerusalén), que entonces se encontraban bajo dominio musulmán. Miles partieron de todas partes de Europa, llevando cruces rojas bordadas en los hombros, de ahí que luego fueran conocidos como "cruzados". En el 1099, los cruzados conquistaron la Ciudad Santa y establecieron el Primer Reino Cruzado de Jerusalén.

Antes de que llegaran los cruzados, había en Jerusalén un grupo de monjes que tenían un hospital dedicado a Juan el Bautista. Hospital no en el sentido que damos hoy a la palabra: ofrecían hospitalidad, no solamente asistencia médica, sino alojamiento y comida. Incluso hacían de guías, se puede decir que cubrían lo que hoy llamaríamos servicios turísticos. Una necesidad fundamental del viajero europeo era la protección, los caminos podían ser peligrosos para un cristiano en tierras musulmanas. Para poder encargarse también de esa tarea, los hospitalarios solicitaron al Papa permiso para portar armas. Algo hasta entonces insólito: monjes que además de cumplir votos de pobreza, castidad y obediencia, debían ser diestros en el uso de las armas. Más tarde, cuando llegaron los cruzados, las órdenes de monjes guerreros se convirtieron en el pilar del poderío militar del Reino de Jerusalén. Los Caballeros Hospitalarios o Caballeros de la Orden de San Juan, fueron los primeros, luego surgieron los famosos Caballeros Templarios, etc.

En el 1187, el ejército cruzado con sus mojes belicosos, fue aplastado por el legendario caudillo musulmán, Saladino. Los pocos que quedaron, organizaron la resistencia tras los muros de la ciudad de Akko o Acre. Cuatro años más tarde, Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra, llegó a apoyar a los cruzados y comenzó a reconquistar el territorio arrebatado por Saladino. Pero no llegó a completar la tarea, tuvo que volverse de apuro a las islas británicas. El que haya visto la película de Robin Hood, se acordará del Sherif malvado que quería hacerse con el poder real en ausensia del legítimo soberano. Ricardo recuperó Inglaterra, pero El Segundo Reino Cruzado de Jerusalén (1191-1291), se quedó sin Jerusalén. La capital de los cruzados pasó a ser Akko, allí se establecieron las órdenes monásticas, incluidos los prominentes Caballeros de San Juan, de ahí que la ciudad sea conocida hasta hoy como San Juan de Acre.

La Fortaleza de los Caballeros Hospitalarios, con sus enormes columnas, es una visita imperdible para quien pasea por Akko. Vale la pena ver la mazmorras, el comedor, el patio, las letrinas y el túnel subterráneo que comunica con lo que era la cripta de la iglesia. Encima de los edificios cruzados del siglo XIII, hubo un palacio del gobernador otomano en el siglo XVII y una cárcel británica en el siglo XX.

Kalat al Mina: una fortaleza del periodo árabe antiguo

Año 638. Tras dos años de asedio, las fuerzas árabes al mando del califa Omar ibn al Jattab logran entrar en la ciudad bizantina de Jerusalén. La conquista árabe de Palestina estaba prácticamente asegurada, pero aún quedaban enclaves bizantinos hostiles en la costa mediterránea. Los bizantinos, que eran maestros del mar, intentaron bloquear la expansión árabe mediante una férrea resistencia. La ausencia de una flota naval musulmana facilitó la entrega de suministros y la llegada de refuerzos desde Constantinopla, protegiendo las ciudades costeras de Cesarea y Ashkelón, que finalmente cayeron en los años 641 y 644 respectivamente. A mediados del siglo VII, mientras la guerra continúa en otros frentes, comienza en la Tierra de Israel el periodo árabe antiguo.

Almacenes de la fortaleza árabe de Ashdod
(Gabriel Colodro)

Este periodo se divide en tres grandes etapas principales: califato omeya (661-750), califato abasí (750-969) y califato fatimí (969-1073). Debido a que el Imperio bizantino poseía la supremacía naval en el Mediterráneo oriental y central, los árabes construyeron fortalezas a lo largo de la costa con el objetivo de evitar la reconquista cristiana de Palestina. De las fortalezas erigidas durante el periodo árabe antiguo la que mejor se conserva se encuentra en la ciudad de Ashdod.

El nombre árabe de la fortaleza es Kalat al Mina (la Ciudadela del Puerto), y fue construida, probablemente, a finales del siglo VII por el califa omeya Abd al Malik (el mismo que construyó la Cúpula de la Roca) sobre las ruinas del antiguo puerto bizantino. Para su construcción se utilizó una piedra arenisca característica de Israel llamada kurkar, producto de la litificación de las dunas de la costa. Las excavaciones arqueológicas en Kalat al Mina descubrieron columnas de mármol y algunos capiteles decorados con cruces y otros motivos cristianos. Se trata de los restos de una iglesia bizantina de Azotus Paralius. Esta práctica, reutilizar escombros y partes de edificios antiguos en proyectos nuevos, se conoce como spolia.

Una de las torres circulares occidentales de Kalat al Mina, construida
con kurkar, orientada hacia el Mediterráneo (G. Colodro)

La mayor parte de los restos visibles de la ciudadela pertenecen al periodo del califato fatimí. A diferencia de las fortalezas cruzadas, construidas con torres rectangulares, las fortalezas del periodo árabe antiguo se caracterizan por sus torres circulares. En Kalat al Mina las torres occidentales son circulares mientras que las orientales son rectangulares, detalle que nos indica que la fortaleza también consta de una etapa cruzada.

Este complejo era parte del sistema árabe de defensa, que consistía en una cadena de fortalezas, fortines y torres ubicados de manera estratégica entre la costa y la ciudad de Ramle, la capital provincial. Estas fortificaciones mantenían entre ellas contacto visual, de modo que pudiesen pedir auxilio en caso de emergencia. Todavía hoy en día pueden verse los restos de un fortín construido sobre una pequeña colina a 2 km al este de Kalat al Mina, en uno de los barrios residenciales de Ashdod.

Fortín del periodo árabe antiguo a 2 km
de la fortaleza costera de Kalat al Mina

Kalat al Mina quedó destruida en el año 1033 por un terremoto. Los cruzados llegaron a Tierra Santa en 1099 y reconstruyeron la fortaleza, cuyo nombre fue latinizado a Castellum Beroart. El castillo fue finalmente abandonado tras la expulsión de los cruzados en 1291.

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Ashdod fue una de las ciudades-estado que conformaban la Pentápolis filistea (junto con Gaza, Ashkelón, Gat y Ekrón). A pesar de estar cerca de la costa mediterránea, la ciudad, cuyas ruinas se identifican actualmente en Tel Ashdod, no tenía acceso directo al mar, y su actividad portuaria se desarrollaba en los asentamientos de Ashdod Yam, a 5 km al oeste, y de Tel Mor, a 8 km al noroeste.

La antigua ciudad filistea de Ashdod (Tel Ashdod)
y sus puertos (Ashdod Yam y Tel Mor)

Probablemente durante la Edad de Bronce ya existía un pequeño puerto de comercio en Ashdod Yam, pero su importancia empezó a crecer en la Edad de Hierro. Con la destrucción de Tel Mor por parte de las tropas asirias del rey Sargón II en el año 712 a. C., Ashdod Yam se convirtió en el principal asentamiento portuario conectado directamente a la ciudad interior de Ashdod.

Mapa de Madaba (siglo VI d. C.) que muestra la ciudad-puerto 
de Ashdod Yam (llamada Azotus Paralius)

En la época bizantina, la ciudad costera de Azotus Paralius se hizo aún más importante que su antigua capital. El Mapa de Madaba muestra una ciudad cristiana próspera y floreciente, con iglesias, fuentes, mercados y grandes edificios públicos. Tras la conquista árabe de la tierra de Israel, a mediados del siglo VII, el nombre de la ciudad fue arabizado a Isdud. Del periodo árabe destaca en Ashdod Yam una fortaleza llamada Kalat al Mina (la Ciudadela del Puerto).

Kalat al Mina, fortaleza árabe destinada a defender Ashdod
de los barcos de guerra bizantinos

Se está hoy en día realizando una excavación exhaustiva del antiguo puerto de Ashdod Yam. Es, pues, momento propicio para recordar la importancia que en su día tuvo esta ciudad. El proyecto de la Universidad de Tel Aviv, iniciado en verano de 2013 y cuya etapa inicial constará de 5 temporadas de excavación, tiene previsto volver a colocar a Ashdod en el mapa arqueológico.

Necrópolis de Ashdod de la época bizantina (Azotus Paralius)
descubierta durante las excavaciones de 2013

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Cesarea Marítima: breve resumen histórico

Cuenta el historiador Flavio Josefo que en el lugar había un pequeño puerto fenicio, hasta que el Rey Herodes el Grande construyó la ciudad de Cesarea del 22 al 10 a. C. Llamada así en honor a su patrón político, el Cesar Octavio Augusto. La máxima obra de Herodes en Cesarea fue la construcción del gran puerto artificial. En el año 6 d. C. el hijo de Herodes, Arquelao, fue despojado del poder por los romanos y enviado al exilio en Galia, a partir de entonces gobernaron los procuradores romanos, asentados en Cesarea, entre ellos Poncio Pilatos.

Restos del Palacio de Herodes. ¿Habitado luego por Poncio Pilatos?
Las trifulcas entre los habitantes judíos y paganos de Cesarea en el año 66 d. C., fueron uno de los detonantes de la Gran Rebelión de los judíos contra Roma. En el año 70 d. C., luego que los romanos aplastaran la rebelión y destruyeran Jerusalén, Cesarea pasó a ser la capital de la provincia. En el Siglo IV el Imperio Romano se convirtió al cristianismo (período bizantino), Cesarea también: los templos paganos fueron sustituidos por iglesias, cesaron las luchas de gladiadores en el anfiteatro, etc. Durante el período bizantino el obispado de Cesarea rivalizaba en su estatus político con el de Jerusalén. La ciudad continuó creciendo hasta alcanzar su máxima extensión.

El hipódromo, originalmente para carreras de caballos.
Convertido luego en anfiteatro para luchas de gladiadores.

Cesarea fue una de las ciudades que duró más tiempo como capital en Tierra Santa, perdió su posición luego de casi seis siglos, con la primera conquista árabe en el 640 d. C. Sin llegar a recuperar el esplendor ni la centralidad que tuvo en los tiempos romanos y bizantinos, Cesarea volvió a ser una ciudad importante tras ser conquistada por los cruzados en el año 1101. Pasó de manos entre cristianos y musulmanes un par de veces más, hasta que fue conquistada en el año 1265 por el Sultán mameluco Baibars. Temiendo que los cruzados pudieran volver a invadir por mar, Baibars destruyó hasta los cimientos las antiguas fortalezas cruzadas sobre la costa del Mediterráneo, entre ellas Cesarea. Desde entonces Cesarea permaneció en ruinas y despoblada por más de 600 años. En 1872 se estableció allí una aldea de musulmanes provenientes de Bosnia, que fue evacuada durante la Guerra de 1948.

Minarete de la mezquita bosnia.

Hoy en día Cesarea es una de las ciudades de más alto nivel socio-económico de Israel, entre los adinerados que la habitan, se cuenta el actual Primer Ministro, Benjamín Netanyahu. El Parque Nacional de Cesarea, con sus ruinas romanas, bizantinas y cruzadas, es uno de los más visitados del país. Parada obligatoria si salen desde Tel Aviv hacia la Galilea por el Camino de la Costa. También se recomienda visitar el acueducto en la playa apenas al sur del parque arqueológico.


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Nota: fotos tomadas de Wikimedia Commons.

El puerto sumergido


Cesarea Marítima fue construida por el Rey Herodes entre los años 22 al 10 a.c. Como toda ciudad romana que se preciara de tal, tenía su teatros, hipódromos, baños públicos y templos. Pero sin duda el edificio más asombroso era el puerto. Con un muelle que se adentraba ochocientos metros hacia el mar, era el puerto más grande de la época en todo el este del Mediterráneo. Pero lo sorprendente no era sólo su tamaño sino el hecho de no estar basado en una bahía natural, sino en la construcción artificial. ¿Por qué no construyó su puerto en la Bahía de Haifa, poco más al norte, donde hoy se encuentra el principal puerto de Israel? Por un motivo sencillo: esa zona no formaba parte de sus dominios, la Provincia de Judea, sino que pertenecía a la Provincia de Siria. Cesarea era lo más al norte que podía construir sobre la costa, y Herodes no era de esos que dejara que minucias como la madre naturaleza impidieran sus colosales planes arquitectónicos. Ordenó traer de Italia cantidades industriales de un tipo de ceniza volcánica que se vuelve sólida al sumergirse en agua salada, para construir su gran muelle.

Sobre la colina adyacente al puerto, mirando hacia el mar, construyó un gigantezco templo que los navegantes podían ver desde las lejanías, dedicado a la diosa Juno, a la gloria de la ciudad de Roma y al César Augusto. En honor a este último tambén dedicó el nombre de la ciudad. Qué nadie diga que Herodes no era agradecido con quien lo colocó en el poder. Ni que construía templos sólo a sus súbditos judíos, al parecer no tenía problema en honrar al Dios de Israel y a los dioses paganos a la vez, la política por encima de la religión. Del templo a Juno no queda más que el recuerdo, cuando el Imperio Romano se convirtió al cristianismo fue desmantelado y en su lugar se construyó una iglesia, que a su vez fue destruida siglos más tarde. Tampoco el puerto puede divisarse hoy en día casi, salvo con equipo de buceo. El muelle comenzó a fracturarse unos cien años después de la muerte de Herodes y ya no hubo quién lo reparara. En los siglos siguientes la naturaleza se cobró su venganza y las aguas acabaron por tragárselo. Nos queda la imaginación, (con un poco de ayuda de la maqueta y el video en el centro de visitantes), para ver el puerto como se veía en su momento de mayor esplendor, hace unos 2000 años.

El sarcófago de Ashkelón


Sarcófago significa en griego "comedor de carne". Los griegos no comprendían del todo el proceso de descompocisión del cuerpo, les sorprendía que al dejar el cuerpo en una caja de piedra cerrada, al tiempo quedaran sólo los huesos sin la carne. De allí proviene el nombre. Este sarcófago fue encontrado en los años 70 cuando se construyó el barrio Afridar en la ciudad de Ashkelon. Se exhibe en el museo de la calle Hanasí.

Data de finales del siglo II o principios del siglo III, probablemente haya sido fabricado en Grecia o Asia Menor e importado por encargo. Solamente los ricos se daban semejante lujo, a los pobres los enterraban directamente en la tierra sin tanta pompa. En la tapa aparecen dos figuras sin rostro. Se supone que allí deberían estar talladas las caras de los difuntos. El sarcófago se importaba con esa parte incompleta, luego un artista local lo completaba. No sabemos si es que no consiguieron un artista local que finalice la faena o si los fallecidos eran tan feos que prefirieron no dejarlo registrado para la posteridad. O si acaso el sarcófago nunca llegó a estrenarse: fue encontrado vacío. Lo que sí está claro es que estaba destinado a dos perosnas, probablemente marido y mujer.

La escena representada proviene de la mitología griega: el secuestro de Persepone. Hades, dios del mundo de los muertos, se enamora de la hermosa Persepone y envia a Hermes, dios del comercio y recadero oficial de los dioses, a que se la traiga al submundo. La que no queda nada conforme con el asunto es Demeter, madre de Persepone y diosa de la agricultura. Demeter se declara en huelga y se marcha tras el rastro de su hija hasta el infierno. Lo cual afecta gravemente la producción agrícola. Y como siempre que hay rencillas entre los dioses los que pagan los platos rotos son los seres humanos, que en este caso se mueren de hambre. Hasta que el patrón Zeus toma cartas en el asunto. Tras largas negociaciones gremiales llegan a un acuerdo. Demeter se puede pasar cada año una temporada con su hija, pero también tiene que volver a la tierra y hacerla florecer la temporada siguiente. Así nacen las estaciones del año.

Es curioso que justamente en un ataúd tallen una escena que simboliza la resurrección y la vuelta a la vida que es la primavera. Hay otros símbolos de resurrección, como el gallo, que anuncia el renacimiento del día con la salida del sol cada mañana. Pareciera que los hombres nunca aceptamos del todo la idea de la muerte y la esperanza de la resurrección nos acopaña hasta el mismo entierro.

Éste es sólo uno de los muchísimos hallazgos arqueológicos de Ashkelon. Una ciudad muy antigua. Hace 4000 años, cuando Jerusalén aún no era más que una aldea, Ashkelon ya estaba amurallada. Vale la pena visitar el Parque Nacional de Ashkelon y echarle un vistazo a los restos de diversas épocas.

Tel Aviv no es un tel

Imaginemos una ciudad muy antigua que se encuentra a poca altura. Llega un invasor desde tierras lejanas y arrasa con la ciudad. Los sobrevivientes vuelven a construir la ciudad en el mismo lugar, cubren con tierra las ruinas que dejó el invasor y construyen por encima. Un siglo más tarde un terremoto destruye de nuevo la ciudad. Otra vez más, la ciudad es construida encima de las ruinas que a su vez están arriba de otras ruinas anteriores. Dos siglos más tarde ocurre un incendio y la ciudad vuelve ser destruida. De nuevo, vuelta a empezar. Cada vez que la ciudad es reconstruida sobre una nueva capa de ruinas va subiendo en altura. Así se forma lo que en arqueología se denomina tel. Una colina formada no por la naturaleza, sino por la acumulación de capas de ruinas de edificios construidos por el hombre. Los tels son un fenómeno muy raro en el mundo, los hay en el Medio Oriente aunque tampoco son muy frecuentes. Sin embargo en Israel los hay por decenas.

El ejemplo más impresionante es el de Meguido. Asentamiento destruido y vuelto a construir no menos de 25 veces. Sí, han leído bien, 25 veces. La última vez hace más de 2500 años. Quizás no sea casualidad que justamente en ese lugar, que ha visto tanta destrucción, es donde según la fe cristiana comenzará el fin del mundo, la gran batalla final entre el bien y el mal. En hebreo lo llamamos Tel Meguido o Ar Meguido, y fue traducido al griego como Armagedón en el Nuevo Testamento (Apocalipsis de San Juan). Un lugar que vale la pena visitar. Recomiendo no esperar hasta que estalle la guerra entre Gog y Magog para la visita.

Para conocer el Armagedon no hace falta un transbordador espacial,
alcanza con un avión que lo lleve a Israel.


¿Por qué construyeron la ciudad tantas veces en el mismo lugar donde fue destruida? No fue por masoquismo. La ubicación era excelente, ya que reunía las cuatro condiciones: su altura en medio de un valle le otorgaba una importante ventaja estratégica para su defensa militar (1); contaba con su propia fuente de agua potable (2); con buenas tierras para la agricultura (3); sobre el camino (4) internacional que une a Egipto con Mesopotamia. A modo de comparación, Jerusalén en la antigüedad sólo cumplía con una de esas condiciones: el agua (gracias al manantial Guijón). En la Tierra de Israel eran pocos los sitios que reunían las condiciones, no había mucho de donde elegir. Por eso la gente volvía a instalarse en los mismos lugares cuando eran arrasados y por eso se formaron tantos tels. Pero no es el caso de Tel Aviv, que fue construida por primera vez en 1909 al nivel del mar. ¿Por qué se llama Tel Aviv entonces? Eso es tema para otro post.

Esto no es una pipa un tel


Aunque Meguido sea quizás el tel más importante por la asombrosa cantidad de capas y su significado religioso, a mí personalmente los que más me gustan son Tel Dan y Tel Banias (Cesaria de Filipo). Me encanta cómo las ruinas de distintos períodos se mezclan con la tupida vegetación que las cubre casi por completo. Como si las ruinas se asomaran de entre las entrañas de la tierra para enviarnos saludos desde tiempos remotos. Los arqueólogos no han destapado más que un porcentaje diminuto, ¡quién sabe cuántos tesoros queden escondidos bajo las raíces de esos arboles!

Esto sí es un tel: Tel Dan.

En la foto se ve parte de un altar del siglo VIII a. C.
construido según el modelo del Templo de Salomón.