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Monte Merón: de la epidemia del Siglo II a la catástrofe del 2021.

El Monte Merón a lo lejos, visto desde Safed.

Hace pocos días, durante los festejos de Lag Baomer en el Monte Merón, en la Alta Galilea, murieron 45 personas y varios cientos resultaron heridos, aplastados en una avalancha humana. Al parecer algunos tropezaron en las escaleras de salida, provocando un efecto dominó que acabó en tragedia. A los festejos habían concurrido cien mil judíos, en su mayoría ultra-ortodoxos, generando un amontonamiento de gente excesivo y peligroso para un sitio relativamente pequeño con salidas estrechas. Y eso que este año la concurrencia estuvo muy por de bajo de lo habitual, en años anteriores rondaba el medio millón de personas. El año pasado las celebraciones fueron canceladas por la pandemia de COVID, este año se renovaron después de que la pandemia en Israel quedara relativamente bajo control, gracias a la exitosa campaña de vacunaciones. La Tumba de Rabi Shimon Bar Iojai ("Rashbi"), en el Monte Merón, es el segundo sitio santo judío más concurrido, después del Muro de los Lamentos. Pero a diferencia del Muro mundialmente famoso, la Tumba de Rashbi no es muy conocida. ¿Qué es la Fiesta de Lag Baomer y qué tiene que ver con Rashbi? La respuesta es compleja.

Lag Baomer significa día 33 de la Cuenta del Omer. La Cuenta del Omer, es un período de cincuenta días entre las fiestas de Pésaj y Shavuot. O cincuenta días que transcurrían entre la cosecha de cebada y la cosecha de trigo, o más precisamente, los cincuenta días entre que se ofrecían en el Templo de Jerusalén las primicias de las dos cosechas (Levítico 23). Una de las grandes discusiones entre fariseos, saduceos y esenios, (distintos ramas del judaísmo en tiempos de Jesús), era cómo calcular cuando exactamente empezaba y terminaba la cuenta. Los cristianos adoptaron una postura que, curiosamente, en este punto coincide con la de los saduceos. Los saduceos empezaban la cuenta siempre un domingo y acababan siempre en domingo, igual que los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección, a la fiesta de Pentecostés que también siempre cae en domingo. El judaísmo actual heredó la versión de los fariseos, nuestra cuenta empieza el tercer día de la semana de Pésaj, que puede caer cualquier día de la semana.

En el Siglo II d. C., según una leyenda, hubo un año en que una terrible epidemia azotó a Israel, y en el transcurso de esos cincuenta días murieron 24.000 alumnos de Rabi Akiva, uno de los rabinos más importantes de la Historia judía. En la Edad Media, esos cincuenta días eran un período de luto en distintas comunidades judías. No sabemos exactamente cuándo o por qué la Cuenta del Omer se transformó en tiempo de luto. Rabinos medievales interpretaron que el motivo del duelo era la muerte de los estudiantes en el Siglo II. Tampoco sabemos por qué en algunas comunidades, precisamente en el día treinta y tres (osea en Lag Baomer), puasaban el duelo por un día, y en otras comunidades daban el período de luto por finalizado. Algunos interpretaron que los estudiantes habían muerto sólo hasta el día treinta y tres, aunque eso contradecía todas las versiones escritas de la leyenda. Las interpretaciones que conectan el fin del duelo con Rashbi surgen recién en el Siglo XVI. Rashbi había sido el alumno más importante de de Rabi Akiva, a él se le atribuye el desarrollo de la Cábala, la mística judía. Según una versión, Rashbi empezó a estudiar de Rabi Akiva en Lag Baomer. Según otra, Rashbi murió en Lag Baomer. Por un motivo u otro, surgió la costumbre de honrar a Rashbi en Lag Baomer, encendiendo antorchas junto a su tumba en el Monte Merón.

¿Por qué la costumbre surgió precisamente en el Siglo XVI? Anteriormente, judíos acostumbraban honrar al Profeta Samuel, encendiendo fuego junto a su tumba en una fecha cercana, que según la tradición es el aniversario de su muerte. Se encendían antorchas, como quien prende velas junto al sepultura de un ser querido. También se acostumbraba cortar el pelo a los varones de tres años junto a la Tumba de Samuel, tradición relacionada con el relato del nacimiento de Samuel, el voto de su madre de no cortarle el pelo, su entrada al servicio del Sacerdote Elí más o menos a los tres años (1 Samuel 1). Los musulmanes, por su parte, consideran a Samuel como profeta del Islam y su sepulcro también es sagrado para ellos. En el Siglo XVI, los turcos otomanos prohibieron a los judíos la entrada a la Tumba de Samuel. Cabe suponer que las costumbres se "mudaron" a Merón, cuando se perdió el acceso a la Tumba de Samuel. Pero eso es Historia, y en esta tierra la Tradición siempre es más fuerte que la Historia. En las últimas décadas, las celebraciones en Merón se han vuelto cada vez más populares y multitudinarias.

Ojalá que los heridos se recuperen pronto. Qué las autoridades sepan tomar las medidas para que no se repita la tragedia. Qué los responsables por las fallas de seguridad respondan ante la justicia.

La Fiesta de Jánuca: breve resumen del contexto histórico, bíblico y talmúdico.

Una "januquiá" en el Muro de los Lamentos,
candelabro de nueve brazos especial para Jánuca.
Un brazo por cada día de fiesta y uno adicional
que se usa para encender los otros ocho. 

Tras la muerte de Alejandro en el 323 a. C., su imperio fue dividido entre los diádocos, sus antiguos generales, entre ellos Ptolomeo y Seleuco. La Tierra de Israel quedo en manos del Imperio Griego-Ptolomeico, con base en Egipto. En el año 198 a. C. hubo una gran batalla en la zona que hoy llamamos Banias o Cesarea de Filipo, la Batalla de Panio, tras la cual el control pasó al Imperio Griego-Seléucida, con base en Siria.

En el año 168 a. C., el emperador seléucida Antíoco IV Epifanes, prohibió a los judíos practicar la circuncisión, comer kasher y descansar en shabat. Al año siguiente, Antíoco transformó el Templo de Jerusalén en un templo pagano en honor a Zeus. En la ciudad de Modiín estalló una rebelión liderada por el sacerdote Matatías, de la familia de los Hasmoneos. Matatías murió en el año 166 y fue sucedido por su hijo Judas, apodado "Macabeo", que tal vez signifique maza de guerra. A pesar de la inferioridad numérica de los rebeldes judíos, que se enfrentaban al ejército organizado y bien armado de un gran imperio, obtuvieron varias victorias aprovechando su mejor conocimiento del terreno montañoso y las astutas tácticas de Judas Macabeo. Luego de tres años de guerra, en invierno del 164, Judas tomó la ciudad de Jerusalén, purificó el Templo y volvió a inaugurarlo. Inauguración en hebreo se dice "Jánuca" y de ahí proviene el nombre de la fiesta.

Me parece interesante destacar que esa victoria militar que tanto celebramos hasta hoy, en realidad fue muy parcial. Judas Macabeo siguió luchando contra los griegos hasta que murió en batalla en el 161 a. C.  A pesar de todas sus hazañas, ni siquiera consiguió tomar toda la ciudad de Jerusalén, los griegos permanecieron pertrechados en su fortaleza militar, estratégicamente ubicada cerca del Templo, que sólo consiguió capturar Simón, hermano de Judas, casi un cuarto de siglo más tarde, en el 140 a. C.  Judea se independizó de los griegos en forma definitiva recién con la muerte de Antíoco VII Sidetes, en el 129 a. C., cuando gobernaba Juan Hircano I, hijo de Simón. Aún así, fue aquella victoria parcial de Judas Macabeo la que se convirtió en símbolo, ya que permitió la renovación del culto judío en el Templo de Jerusalén. 

Los textos más antiguos que se refieren a la fiesta son los libros 1 Macabeos y 2 Macabeos, escritos en el Siglo II a. C., pocas décadas después de los hechos. No forman parte del Tanaj o Biblia Hebrea y no son textos sagrados para los judíos. Pero sí forman parte del canon católico del Antiguo Testamento. Son dos de los siete libros que Martín Lutero quitó del canon y no aparecen en las versiones protestantes del Antiguo Testamento, los libros llamados "deuterocanónicos". ¿Quieren saber si la traducción de la Biblia que tienen en casa es católica o protestante? Miren  en el índice a ver si aparece o no Macabeos. En 1 y 2 Macabeos se relata la lucha entre Judas Macabeo y los griegos, la reinauguración del Templo y el establecimiento de la fiesta anual de ocho días. Jánuca es mencionada también en el Nuevo Testamento, en el Evangelio de Juan (10:22) como "Fiesta de la Dedicación", una de las fiestas que Jesús fue a pasar en Jerusalén.

Si preguntan a un judío por qué celebramos Jánuca precisamente ocho días, la respuesta tradicional es la leyenda del milagro del pequeño recipiente de aceite, que es posterior y aparece en el Talmud (que fue redactado en los siglos III a V d. C.). El Templo de Jerusalén era ilumiando por la Menorá, un candelabro de oro de siete brazos. Se encendía con aceite que tenía que ser puro y debía estar certificado como tal con el sello del Sumo Sacerdote. El Templo llevaba tres años de culto pagano y ya no quedaba aceite puro. Cuando los macabeos fueron a prender la Menorá, no encontraron más que una pequeña ánfora de aceite que normalmente hubiese durado un solo día, pero milagrosamente duró ocho días y por eso celebramos Jánuca encendiendo la januquiá durante ocho días.

Qué es el Muro de los Lamentos

Muro de los Lamentos o Muro Occidental. Fotógrafo: Gabriel Colodro.

Hace dos mil años, el Rey Herodes comunicó a los ancianos de la ciudad que quería agrandar el Templo de Jerusalén, pues no era tan grande ni tan magnífico como en los días del Rey Salomón. El Rey Salomón había construido el Primer Templo aproximadamente en el año 1000 A.C. El Templo de Salomón fue destruido por los babilonios en el 586 A.C. Unas décadas más tarde, cuando los judíos regresaron del exilio de Babilonia a Jerusalén, construyeron el Segundo Templo. Herodes quería ampliar el Segundo Templo, aunque su plan eran tan ambicioso, que el Monte Moriá o Monte del Templo, no era lo suficientemente grande para el Templo que pretendía construir. Herodes no era de esos que dejara que minucias como la madre naturaleza impidieran sus colosales planes arquitectónicos (véase por ejemplo: el puerto de Cesarea Marítima). Así que agrandó el monte artificialmente: lo rodeó de cuatro muros, lo aplanó donde quedaba más alto que los muros, rellenó el espacio entre el monte y los muros hasta dejar una superficie llana. Por eso cuando hoy miramos hacia el Monte del Templo desde el Monte de los Olivos, no vemos una colina sino una plataforma plana.

El Templo de Jerusalén, sobre una plataforma plana, rodeada de cuatro muros.
Maqueta de Jerusalén a fines del período del Segundo Templo, Museo de Israel.

El Muro de los Lamentos es un pequeño resto de uno de los muros que construyó Herodes, el muro que estaba al oeste del Templo, por eso se lo conoce también como Muro Occidental. El muro de Herodes era mucho más grande, cerca de 500 metros de largo y 30 de alto, la pequeña parte que hoy llamamos Muro Occidental es la mitad de alto y tiene sólo 70 metros de largo (sin contar las partes que están bajo tierra y se ven en los túneles, etc). Originalmente no era una parte integral del templo propiamente dicho, no tenía una función religiosa sino de ingeniería: sostener la plataforma sobre la cual se eregía el Templo. Pero después que el Segundo Templo fue destruido por los romanos en el 70 D.C. fue una de las pocas partes que quedó en pie. No la única, pero sí la más cercana al Lugar Santísimo o Santo Santuario, la parte más sagrada del Templo, donde sólo entraba el Sumo Sacerdote una vez al año, en Yom Kipur, a pedir perdón por los pecados del Pueblo de Israel (y donde hoy en día está el Domo de la Roca con su cúpula dorada). Por eso, con el tiempo, el Muro de los Lamentos se fue transformando en lugar de oración, hasta convertirse en el principal sitio de culto del mundo para el pueblo judío. Aunque el lugar más sagrado sigue sin ser el muro en sí mismo, sino el Lugar Santísimo que está detrás.

El Domo de la Roca, construido en el 691 D.C.
Donde antes estaba el Santo Santuario.

¿De qué nos lamentamos en el Muro de los Lamentos? De la destrucción del Templo, la destrucción de Jerusalén y la expulsión de los judíos. Los judíos mantenemos hasta la actualidad costumbres de luto para lamentar la destrucción de Jerusalén. Un día al año de ayuno, Tishá Beav, para recordar la caida de los dos templos, el primero y el segundo, y otras desgracias acontecidas a nuestro pueblo casi en la misma fecha (no confundir con Yom Kipur o Día del Perdón, otra fecha en la que también se ayuna). Cuando una pareja judía se casa, la ceremonia termina con el novio pisando y rompiendo una copa, simbolizando la destrucción de Jerusalén. Antes de pisar la copa el novio recita el Salmo 137: "Si me olvidare de ti Jerusalén, se olvide mi mano derecha, se pegue mi lengua al paladar, si no recordare, si no pusiere a Jerusalén por encima de mi propia alegría" (traducción propia). Tan central es el recuerdo de la destrucción de Jerusalén, que incluso lo ponemos por encima de nuestra alegía (על ראש שמחתי), incluso en el día más alegre de nuestras vidas (bueno... depende... con quién se case uno, pero supongamos que es el día más alegre). El mismo salmo también se recita antes de la circunsición, cuando se celebra el nacimiento de un hijo varón.

Se acostumbra dejar papelitos con peticiones en los orificios del muro. No sólo los judíos, también gente de otras naciones y creencias. Cuando Salomón construyó el Primer Templo, pidió a Dios que cupliera allí todas las peticiones, incluyendo las de los extranjeros. "Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué." 1 Reyes 8:41-43 (RV 1960).

Dejando una petición en el Muro.

Así dijo Ciro

El Cilindro de Ciro (539 A.C.): uno de los documentos más importantes de la historia del pueblo judío y de la humanidad. Otra entrega de nuestra serie "Quién ganó", esta vez directo desde el Museo Británico en Londres:




"Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba." Crónicas 36:23

(VII) El periodo de entretemplos

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos recordando a Sion
(Salmos 137:1).

La destrucción de Jerusalén y el asesinato de Guedalia (año 586 a. C.) marcaron el fin de la autonomía judía en la tierra de Israel. Terminaba de este modo el periodo del Primer Templo y comenzaba el exilio en Babilonia.  

¿Cómo vivían los judíos en Babilonia? ¿Cuáles fueron sus elementos de identidad? ¿Qué los distinguía como judíos y los diferenciaba de la población local? El Tanaj no ofrece muchos detalles sobre la vida de los exiliados -se limita a decir que lloraban junto a los ríos de Babilonia "recordando a Sion"- y las fuentes extrabíblicas sobre esta época escasean. 

Existe, sin embargo, un archivo compuesto por más de 100 tablillas de escritura cuneiforme que datan de los siglos VI-V a. C. Se trata de una colección de documentos legales que reflejan las transacciones comerciales, casas y campos de arrendamiento, direcciones y herencias de los exiliados de Judá que se habían establecido en varios asentamientos entre los ríos Tigris y Éufrates. El archivo se llama Al Yahudu en referencia al nombre que las fuentes babilónicas utilizaban para describir Jerusalén. Al Yahudu era la nueva Jerusalén de Babilonia, la principal ciudad judía en el exilio.

En el archivo de Al Yahudu, que contiene decenas de nombres propios, la identidad judía de los exiliados se manifiesta en el uso de los elementos teofóricos Yahu o El en los nombres. De este modo, aparecen con bastante frecuencia nombres como Shemayahu, Netanyahu o Shaaltiel. Estos mismos documentos demuestran, sin embargo, que a partir de la segunda generación de exiliados -aquellos que nacieron ya en Babilonia-, comenzó a producirse una combinación teofórica judeo-babilónica en los nombres (Nabu Utzur ben Delayahu, Nabu Sar Utzur ben Shaaltiel).

Este fenómeno refleja claramente la tensión entre, por un lado, el intento de preservar la cultura judía en el exilio y, por otro, la necesidad -en ocasiones también la voluntad- de integración en la sociedad babilónica. En este sentido, la vida judía en Babilonia parece haberse visto fuertemente influenciada por la carta que envío el profeta Jeremías a los exiliados a principios del siglo VI a. C.:

Construid casas y vivid en ellas, plantad huertos y comed el fruto de ellos. Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas, y tomad mujeres para vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos, para que críen hijos e hijas, y multiplicaos ahí, y no os dejéis disminuir (Jeremías 29:5-6).

(VI) La conquista de Nabucodonosor y el asesinato de Guedalia

El rey Sedequías, hijo del reformador Josías, forjó una alianza con Egipto y se rebeló en contra de Babilonia en el año 589 a. C., negándose a pagar tributo al rey Nabucodonosor. Se desconoce el verdadero alcance de esta rebelión, pero Sedequías y sus asesores nunca se hubiesen atrevido a declararle la guerra a Babilonia, que ya había vencido a Judá con anterioridad, sin el apoyo de una gran coalición formada por otros reinos de la región, como Tiro, Sidón, Amón o Moab. Nabucodonosor tomó represalias militares para sofocar la rebelión, y el 10 de tevet del año 588 a. C. sitió la capital del reino de Judá. 

Y ocurrió en el mes décimo, el día diez del mes, que vino Nabucodonosor rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y acamparon frente a la ciudad y construyeron torres a su alrededor, de modo que la ciudad fue sitiada en el año onceno del rey Sedequías (Jeremías 52:4-5).

Un año y medio después, el 9 de av del año 586 a. C., habiendo derribado las murallas de Jerusalén, quemó el ejército de Nabucodonosor el Templo de Salomón.


Torre de vigilancia israelita destruida durante la conquista de Babilonia alrededor de la cual se han encontrado restos de flechas del ejército de Nabucodonosor (586 a. C.)

Al terminar la guerra, y como castigo por haberse sublevado, los líderes judíos fueron deportados a Babilonia. En Judá, ya sin Templo, Nabucodonosor escogió a un antiguo asesor de Sedequías llamado Guedalia ben Ajikam -que al parecer se había opuesto a la rebelión desde el principio- para gobernar a la población rural que no había sido exiliada. Pero Guedalia no era miembro de la dinastía davídica y el pueblo no aceptó su nombramiento. El 3 de tishrei del 586 a. C., dos meses después de la destrucción del Templo, Guedalia fue asesinado por un grupo de judíos opositores.

Tras el asesinato de Guedalia, la mitad de los campesinos de Judá huyeron a Egipto llevándose consigo al profeta Jeremías en contra de su propia voluntad. La otra mitad, para demostrarle lealtad al rey Nabucodonosor, decidió trasladarse a Babilonia. De este modo quedó la tierra de Judá desolada* durante un periodo de 70 años, sin judíos y sin Templo.

* El ayuno de Guedalia, instituido por los sabios de la siguiente generación, no conmemora el asesinato de Guedalia, sino la pérdida de la autonomía judía en Israel y la desolación de la tierra que duró 70 años.

(V) ¿Existió el Primer Templo de Jerusalén?

El Templo de Salomón siempre ha cautivado la imaginación de arqueólogos e historiadores. La Biblia es su única fuente, y los restos arqueológicos que atestiguan su existencia son escasos y tardíos. Una de las mayores controversias en el campo de la arqueología bíblica es la que genera el estudio de la monarquía unificada en cuyo periodo, según la tradición, fue construido el Primer Templo de Jerusalén.

En Israel, la disputa académica gira en torno a dos objetos de investigación principales: la existencia de una casa real davídica y, por otro lado, la existencia del reino de David. Y hacer esta distinción es importante. Porque es posible que haya existido un líder llamado David, pero que su reino, sin embargo, no alcanzara la extensión y el esplendor descritos en los libros de la Biblia. Una inscripción del siglo IX a. C. hallada en el yacimiento de Tel Dan confirma que ya existía una casa real vinculada al nombre de David cien años después de la muerte de Salomón.


La Estela de Dan descubierta en 1993
en la que se lee la inscripción "casa de David"

Los arqueólogos de la Universidad Hebrea de Jerusalén tienden a ser favorables a la existencia del reino de David de acuerdo a las descripciones del Tanaj. Por el contrario, los arqueólogos de la Universidad de Tel Aviv muestran al respecto una postura minimalista: no niegan la existencia de David y Salomón, pero postulan que en esa época Jerusalén era una pequeña aldea rural de las colinas de Judá, sin el poder y la riqueza pretendidos en el relato bíblico. 

No hay consenso en el mundo académico sobre si Jerusalén ya era una ciudad densamente poblada antes del siglo VII a. C., momento en que llegan los refugiados del reino del norte. Tampoco hay restos arqueológicos que corroboren la existencia de un templo en el monte Moriá antes del siglo VIII a. C., cuando comienzan las reformas de Ezequías.

¿Existió el Primer Templo de Jerusalén? Sí, y fue destruido por Babilonia en el año 586 a. C. Se han encontrado pruebas relacionadas con el trabajo cotidiano en el Templo durante los siglos octavo y sexto antes de la era común: restos de huesos de animales, jarras de aceite, sellos con nombres de funcionarios reales, un ostracón en hebreo con referencias a la "Casa de Yahvé en Jerusalén", etc. Nada indica, sin embargo, que este templo haya sido necesariamente construido por el rey Salomón.


Maximalismo vs. minimalismo bíblicos: 
Eilat Mazar (Universidad Hebrea de Jerusalén) 
e Israel Finkelstein (Universidad de Tel Aviv)

(IV) Las reformas de Josías y la centralización del culto a Yahvé

A pesar de la existencia del Templo de Jerusalén, construido por Salomón, la idolatría continuaba siendo una práctica común en el reino de Judá. En varios yacimientos arqueológicos judaítas, como Tel Arad o Tel Beersheva, se han encontrado restos de templos y altares destinados al culto religioso.

En el año 622 a. C., el rey Josías, descendiente directo de David, decidió erradicar los santuarios de culto extranjero o sincretista de la periferia del reino. Pero la reforma de Josías no se limitó a la destrucción de los templos rurales. Sus medidas generaron la primera gran revolución en la historia del judaísmo: la adoración exclusiva a Yahvé en un único lugar (Jerusalén), la observancia centralizada y nacional de las principales fiestas judías (Pésaj, Shavuot y Sucot) y la aprobación de un conjunto de leyes sobre la justicia social y el bienestar personal.

Templo rural judaíta hallado en las excavaciones
de Tel Arad (siglo VIII a. C.)

La centralización del culto a Dios en Jerusalén se vio también influenciada por un repentino e inesperado descubrimiento. Durante la remodelación del Templo, ordenada por Josías al sumo sacerdote a finales del siglo VII a. C., fue hallado un libro de leyes que la tradición atribuye al propio Moisés: el Libro del Deuteronomio o segunda ley,

Esta segunda ley, que da origen a la tradición deuteronómica de la Biblia, enfatiza la importancia de Jerusalén como capital nacional y religiosa del pueblo judío. El Deuteronomio fue hallado -o escrito- precisamente en un periodo de crisis de unidad de Israel.

Y subió el rey al Templo de Dios con todos los hombre de Judá y todos los moradores de Jerusalén, y los sacerdotes y los profetas y todo el pueblo, y leyó ante ellos todas las palabras del Libro del Pacto que había sido hallado en el Templo de Dios. Y el rey, de pie sobre una plataforma, hizo un pacto ante Dios para guardar sus mandamientos, testimonios y estatutos con todo su corazón y toda su alma en confirmación de las palabras del pacto escrito en el libro. Y todo el pueblo se adhirió a la alianza (2 Reyes 23:2-3).

Como parte de sus reformas, ordenó Josías que todos los sacerdotes y levitas se trasladaran a Jerusalén para dedicarse plenamente al trabajo sagrado en el Templo. Según el arqueólogo Israel Finkelstein y el historiador Neil Silberman, las reformas llevadas a cabo por el rey Josías establecieron los cimientos del judaísmo y el cristianismo del futuro.

(III) Los refugiados del reino del norte y la Pascua en Jerusalén

Mapa del reino de Israel (norte) y del reino de Judá (sur)
hacia finales del siglo VIII a. C.

Tras la caída del reino de Israel en la guerra contra Asiria (722 a. C.), el rey Ezequías de Judá hizo un llamamiento invitando a todos los supervivientes del norte a refugiarse en sus fronteras. La rivalidad histórica entre los dos reinos hebreos, originada tras la muerte de Salomón, había quedado en el pasado y era el momento perfecto para la reconciliación.

Y envió Ezequías cartas a todo Israel para que vinieran a la Casa de Dios en Jerusalén para celebrar la Pascua al Eterno, el Dios de Israel (2 Crónicas 30:1).

Muchos refugiados se trasladaron a Jerusalén para ofrecer en el Templo el sacrificio pascual y luego se asentaron en la ciudad de forma permanente. Los hallazgos arqueológicos demuestran que en el período que siguió a la destrucción de Israel la población de Jerusalén se quintuplicó. El arqueólogo Nahman Avigad, en su excavación de 1970, descubrió un espeso muro datado en la época de Ezequías que da fe de la expansión hacia el oeste de la ciudad. Dan Bahat, uno de los más prestigiosos investigadores de la historia de Jerusalén, está convencido de que el objetivo de la muralla era acomodar a los refugiados provenientes del reino del norte, además de reforzar la ciudad ante el avance de las tropas asirias.

La muralla de Ezequías descubierta en Jerusalén por Nahman Avigad
en las excavaciones arqueológicas de 1970

La llegada masiva de refugiados del norte fue el detonante de un proceso de reformas políticas y religiosas iniciado por Ezequías durante su reinado y culminado por su bisnieto, el rey Josías, un siglo después con la destrucción de todos los templos de culto pagano. La principal finalidad de las reformas era apuntalar las pretensiones del reino de Judá (sur) como único legitimado para liderar al pueblo judío tras la debacle del reino de Israel (norte).

Por primera vez en trescientos años, desde la división de la monarquía unificada, todo el pueblo de Israel celebró la Pascua en el monte del Templo de Jerusalén, el lugar escogido por Dios.

Y toda la congregación de Judá, con los sacerdotes y los levitas, y toda la congregación que vino de Israel, junto con los extranjeros que vinieron de la tierra de Israel y los que vivían en Judá, estaban jubilosos de tal manera que había un gran regocijo en Jerusalén, porque desde tiempos del rey Salomón hijo de David no hubo nada parecido en Jerusalén (2 Crónicas 30:25-26).

(II) La decisión del rey David

No adoraréis al Eterno vuestro Dios sino en el lugar que Él escogerá 
(Deuteronomio 22:4-5).

En el desierto, antes de entrar a la tierra de Canaán, los israelitas construyeron un santuario temporal e itinerante -el Tabernáculo- para guardar el Arca de la Alianza. Al cruzar el río Jordán lo colocaron en una ciudad llamada Shiló, y allí permaneció durante 369 años hasta que fue destruido en la guerra contra los filisteos.

El Arca de la Alianza migró por todo el país, pasando por ciudades filisteas e israelitas. Finalmente el rey David la colocó en Jerusalén y santificó la ciudad. También levantó un altar para ofrecer sacrificios en el lugar escogido por Dios y preparó el proyecto para construir el Templo que más tarde finalizaría su hijo Salomón. 

¿Por qué escogió David el monte Moriá? La investigación histórica no ofrece una respuesta específica a este interrogante. Según una explicación, el monte ya era utilizado por los jebuseos en sus ceremonias paganas y esa tradición, con el tiempo, fue adoptada -y modificada- por el pueblo de Israel. La cercanía del monte con la Ciudad de David y la antigua costumbre de levantar centros rituales en lugares elevados también pudieron ser factores importantes. 

Desde el punto de vista rabínico, la decisión de David fue religiosa: el propio Dios escogió ese lugar. Además, la tradición judía relaciona ese monte con varios de los acontecimientos más importantes de la historia: la creación del mundo, la creación de Adán, el sacrificio de Isaac, el sueño de Jacob... Todo estos sucesos, según la interpretación rabínica, tuvieron lugar en la roca que se encuentra en la cima del monte Moriá, llamada la Roca de la Fundación.

Sobre esa roca erigió el rey Salomón el Templo de Jerusalén, en cuyo interior estaba, entre otros objetos importantes, el Arca de la Alianza. Durante el reinado de Salomón, caracterizado por ser una época de paz, la ciudad creció y se expandió hacia el norte, incluyendo el monte del Templo dentro de sus murallas.

Y me harán un santuario y moraré en medio de ellos (Éxodo 25:8).

Expansión de Jerusalén en la época del Primer Templo
En rosa: la Ciudad de David
En naranja: el monte de Templo (expansión realizada por Salomón)
En amarillo: expansión de la ciudad en el siglo VI a. C.)
En azul: la actual ciudad amurallada

(I) De la tierra de Moriá al monte Sion

Y aconteció después de estos sucesos que Dios puso a prueba a Abraham, dicéndole: "¡Abraham!". Y éste le contestó: "Heme aquí". Y le dijo: "Toma a tu hijo, a tu unigénito a quien amas, a Isaac, y vete a la tierra de Moriá y ofrécelo allí en sacrificio sobre uno de los montes que te indicaré" (Génesis 22:1-2).

Hace unos 4 mil años, el patriarca Abraham, obedeciendo el mandato divino, caminó durante tres días junto con su hijo desde la ciudad de Beersheva hasta la tierra de Moriá. Sin embargo, el sacrificio de Isaac nunca tuvo lugar ya que, según la tradición judía, un ángel de Dios lo detuvo in extremis. La prueba de fe había sido superada. 

Siglos más tarde, según la Biblia, el rey David conquistó "la fortaleza de Sion" (2 Samuel 5:7) de mano de los jebuseos y la convirtió en la capital del reino bajo el nombre de Jerusalén. En uno de sus montes, llamado el monte Sion, construyó David un altar para ofrecer sacrificios. En ese mismo monte, tras su muerte, su hijo Salomón completó la construcción del Templo de Jerusalén. 

Según la tradición, también bíblica, Moriá y Sion son dos nombres diferentes que describen el mismo punto geográfico. El lugar en el que Salomón edificó el Templo de Jerusalén es exactamente el mismo lugar en el que, mil años atrás, Abraham había atado a su hijo Isaac con la intención de sacrificarlo. 

El Eterno de los ejércitos, que vive en el monte Sion (Isaías 8:18).

Sobre el monte Sion, que está desolado, caminan los zorros (Lamentaciones 5:18).

Con el devenir de los años el monte Moriá empezó a ser conocido también con otro nombre: el monte del Templo. ¿Y el monte Sion? El nombre Sion, que originalmente hacía referencia al mismo monte Moriá (es decir, al monte del Templo) se trasladó hacia una colina ubicada al oeste de la Jerusalén bíblica, actualmente fuera de las murallas de la ciudad.

El monte Moriá, el monte Sion y el monte del Templo son, históricamente, el mismo monte. Pero el término Moriá está ya en desuso y el monte Sion, a partir de la época bizantina, se identifica erróneamente con otra colina.

Mapa topográfico de Jerusalén
En rosa: la ciudad amurallada
En amarillo: el monte Sion
En rojo: el monte del Templo

El Monte del Templo: breve resumen

Si la ciudad de Jerusalén es el núcleo histórico y religioso de la Tierra Santa, el Monte del Templo es el epicentro de Jerusalén. Según algunas tradiciones es el mismísimo centro del universo, debajo de donde hoy se ubica el Domo de la Roca está la Piedra Fundacional (אבן השתייה), a partir de la cual fue construido el mundo.

Según la tradición judía, sobre esa piedra Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac (1800 A.C. aprox). Más adelante el Rey Salomón (1000 A.C. aprox.) construyó el Primer Templo y en su centro el Santo Santuario, donde se guardaba el Arca de la Alianza que contenía las Tablas de la Ley. Solamente el Sumo Sacerdote tenía permitido entrar al santuario, una vez al año, en el Día del Perdón, para pedir perdón por los pecados del pueblo. El Primer Templo fue destruido por los babilonios (586 A.C.) y desde entonces el Arca se ha perdido, aunque existen todo tipo de leyendas acerca de su paradero.

Los judíos que retornaron del exilio de Babilonia (536 A.C.), bajo el liderazgo de Zorobabel, comenzaron a construir el Segundo Templo. Los griegos-seleucidas, durante el reinado de Antioco Epifanes profanaron el Templo, pero fueron derrotados por la Revuelta Macabea y el Templo fue reinagurado en el 164 A.C. dando origen a la festividad de Jánuca. Se suele atribuir la gran ampliación del Segundo Templo al Rey Herodes el Grande, aunque si bien los trabajos se iniciaron durante su reinado (20 A.C.), no acabaron hasta los tiempos de su biznieto, Agripa II (64 D.C.). Cuando Jesús visitó Jerusalén el Templo estaba en construcción.

El Segundo Templo en su máxima extensión.
Maqueta de Jerusalén en el Museo de Israel.

Según el Nuevo Testamento, Zacarías, el padre de Juan el Bautista, se encontraba en el Santo Santuario cuando se le apareció un ángel a anunciar que su mujer Isabel estaba embarazada. Jesús de Nazaret estuvo en el Templo al menos varias veces. La primera vez fue presentado en el Templo cuando era un niño recién nacido y fue reconocido por Simón. A los doce años discutió allí con los doctores de la ley. A los treinta y tres, desde el Monte de los Olivos profetizó la destrucción del Templo. Luego expulsó de allí a los mercaderes. En el primer juicio el Sumo Sacerdorte Caifás le preguntó si era cierto que decía que destruiría el Templo y volvería a construirlo en tres días. Caifás sin entender que Jesús se refería a su cuerpo y no al Templo de Jerusalén, lo condenó y lo envió a Poncio Pilatos. En el momento que Jesús murió en la cruz, el velo del Santo Santuario se rasgó.

Para cuando las ampliaciones iniciadas por Herodes fueron terminadas, el Templo se transformó en el recinto sagrado más grande del mundo. Pero sólo dos años más tarde (66 D.C.) estalló la Gran Rebelión de los judíos contra Roma, que concluyó con la destrucción de Jerusalén, la destrucción del Segundo Templo y la segunda expulsión de los judíos (70 D.C.). Los romanos se llevaron a Roma la Menorá, el candelabro de siete brazos que iluminaba el Templo, y otros tesoros. El botín sirvió para financiar la construcción del Coliseo. Eventualmente, el Muro de los Lamentos, uno de los pocos restos del Templo que quedaron en pie, se convirtió en el principal sitio de culto judío en el mundo. Los judíos guardamos luto hasta el día de hoy por la destrucción del Templo: tenemos en el calendario un día de ayuno (Tishá Be-Av), la ceremonia de casamiento termina con el novio rompiendo una copa, las plegarias diarias acaban con la frase "el año próximo en Jerusalén reconstruida", etc. Para el judaísmo la futura llegada del Mesías y la construcción del Tercer Templo están vinculadas.

Soldados romanos cargando la Menorá.
Relieve sobre el Arco de Tito en el Foro de Roma.


Según el Corán, Mahoma (a comienzos del Siglo VII) viajó en el caballo alado Al-Burak hasta la mezquita más lejana (en árabe: Al Aqsa) y subió al cielo para recibir las plegarias de Alá. En el año 691, donde siglos antes había estado el Santo Santuario, el califa Abd al-Malik ibn-Marwan construyó el Domo de la Roca (cúpula dorada), que marca el lugar donde Mahoma ascendió al cielo. Su hijo, El-Walid, construyó la Mezquita de Al-Aqsa (cúpula plateada) en el 715. Los mamelucos (1291-1517) y otomanos (1517-1917) llamaron al Monte del Templo Haram al-Sharif, que significa el noble santuario.

El Domo de la Roca

El Monte del Templo, también conocido como Explanada de las Mezquitas, lugar sagrado tanto para los judíos como para los musulmanes, es uno de los principales focos del actual conflicto árabe-israelí. Uno de los primeros estallidos de violencia del conflicto, los Disturbios de 1929, comenzaron luego del sermón que pronunció allí el Mufti de Jerusalén, Aj Amin Al-Husseini. El Monte del Templo quedó bajo dominio jordano luego de la Guerra de 1948, hasta que fue conquistado por Israel en 1967 durante la Guerra de los Seis Días. Según el acuerdo del Status Quo, Jordania sigue administrando los asuntos civiles y religiosos, mientras que Israel mantiene el control policial. En el año 2000, luego de que el entonces líder de la oposición parlamentaria israelí, Ariel Sharon, visitara el Monte del Templo, estalló la Segunda Intifada o Intifada de Al-Aqsa.

Safed, la ciudad de la cábala

Esclavos fuimos

"En cada generación debe el hombre verse a si mismo cómo si él hubiese salido de Egipto".



¡Moadim le simjá!
¡Feliz Pésaj!

La Fiesta de la Primavera

En una semana comienza la fiesta de Pésaj (Pascua judía), en celebración del Éxodo del pueblo judío de Egipto. La fiesta es conocida también con otros tres nombres: Fiesta de los Panes Ácimos (Jag Hamatzot), Fiesta de la Libertad (Jag Hajerut) y Fiesta de la Primavera (Jag Haaviv). Quiero dedicar este post al último. ¿Por qué fiesta de la primavera? Podemos atribuirle significados simbólicos, la salida de Egipto como el nacimiento del pueblo y bla bla bla. O podemos mirar a nuestro alrededor y quedarnos con el significado literal. Es la mejor época del año para admirar la flora silvestre local:

La rakefet en hebreo o el ciclamen en español, es la flor nacional de Israel. Florece en otoño, pero aún se la puede apreciar en esta época del año. Cuenta la leyenda sobre el Rey Salomón que tenía la habilidad de hablar con las plantas, tras consultar con todas las flores eligió a la rakefet como modelo para el diseño de su corona real, no sólo por su belleza sino por su humildad. La rakefet está en grave peligro de extinción, arrancar la flor puede ser penalizado con una cuantiosa multa. Pocos saben que nuestra flor nacional, viene nada menos que de nuestro actual peor enemigo: Irán. Es conocida también como violeta persa, por tener su origen en la tierra de los ayatolás.


La kalanit en hebreo o la anémone en español. En esta época, cuando ya floreció hace tiempo y está mayorcita, se puede apreciar ese halo blanco que la distingue de otras flores rojas y le da su nombre, que se podría traducir del hebreo como "la pequeña novia". Las rojas son las más comunes y las hay a montones, pero hay un sinfín de variedades de todos los colores dispersas por el país, como éstas otras:

Foto tomada en el jardín botánico de la Colina de Tom y Tomer.


Mi favorita: la iajnuk hamidbar. No encontré el nombre en espanol, en inglés se llama desert broomrape (¿¿¿violación escoba del desierto???) Tomé la foto en el desierto de la Aravá. Ese color amarillo patito contrasta con los pocos arbustos verdosos que se pueden ver por el desierto. Es increible cómo pueden florecer tan espléndidas en medio de ese mar de arena, en un lugar tan inhóspito con tan severa falta de agua. Dos solitarios monumentos a la tenacidad y la supervivencia.


Y muchas más: