Paseo por Jope


Yaffo en hebreo, Jaffa en inglés, Jope según las traducciones bíblicas al español. Hoy en día es la parte sur de Tel Aviv, como indica el nombre oficial del municipio: Tel Aviv-Yaffo. Pero Tel Aviv es una ciudad nueva, de algo más de cien años, mientras que Jope ronda los cuatro mil años de antigüedad. Desde sus comienzos fue una ciudad puerto sobre el Mar Mediterráneo. De los muchos puertos de la zona, el más cercano a Jerusalén. Por eso, durante siglos, Jope fue la puerta de entrada a la Tierra Santa. Sin duda, un buen lugar para comenzar un itinerario de viaje por Israel.

Caminando por las calles de la antigua Jope, uno se encuentra con varios personajes:


El Profeta Jonás.
El Libro de Jonás, en el Antiguo Testamento, cuenta que Jonás embarcó en Jope. Dios lo envió a Nínive (Una ciudad en la actual Siria), pero Jonás desobedeció y tomó un barco en otra dirección. En el mar se desató una tempestad que amenazaba con hundir la nave con toda su tripulación. Para que no perecieran todos por su pecado, Jonás fue lanzado al agua, donde fue devorado por un gran pez. Tres días y tres noches pasó en el vientre del animal, se arrepintió de su pecado, fue devuelto a tierra y continuó viaje hacia Nínive.

Jonás dentro de la ballena. Imagen de Wikipedia.

El Apostol Pedro.
Hoy en día, para llegar a Israel uno ya no viaja en barco al puerto de Yaffo, lo más común es volar a Ben Gurión. Aunque el tiquete diga que el vuelo es a Tel Aviv, en realidad el aeropuerto está en la ciudad de Lod (en hebreo) o Lida. El Nuevo Testamento, en Hechos de los Apóstoles (capítulos 9 y 10), cuenta que Pedro se encontraba en Lida, de Lida fue a Jope, de Jope siguió a Cesarea Marítima. Quienes aterrizan en Israel, y siguiendo un itinerario clásico continúan a Jope y Cesarea, hacen el mismo camino que hizo Pedro. En Jope Pedro resucitó a un niña llamada Tabita (o Dorcas, varía según la traducción). Se alojó en la casa de Simón el Curtidor, donde tuvo la visión de los animales impuros bajando del cielo sobre un lienzo. Según la tradición católica la casa de Simón el Curtidor estaba donde hoy está la Iglesia de San Pedro. Según la tradición armenia, la ubiación es unos metros más al sur, donde está el faro.

Iglesia de San Pedro.

Napoleón Bonaparte.
Después de que los cruzados fueran derrotados a fines del Siglo XIII, pasaron cuatrocientos años antes de que otro europeo volviera a intentar conquistar la Tierra Santa. En 1799, viniendo desde Egipto, Napoleón conquistó Jope. No consiguió conquistar todo Israel, fue derrotado más tarde en Akko, tuvo que regresarse a Egipto. Cinco años más tarde se convirtió en "Emperador de los franceses", demostrando que uno puede perder una batalla, incluso una guerra, y seguir subiendo de rango.

Napoleón dando la bienvenida a una turista.
Abdul Hamid II.
El último Sultán del Imperio Turco Otomano, cumplía 25 años de su ascenso al trono en 1901, para festejar ordenó construir cien torres de relojes a lo largo y ancho del imperio. De nada le sirvió tanta ostentación cuando fue derrocado unos años después, en 1909. El imperio acabó por desmoronarse después de la Primera Guerra Mundial, al contrario que varias de las torres, que siguen en pie hasta hoy. La más conocida de las que hay en Israel está en Jope. Hay otras en Haifa, Akko y Safed.

La Torre del Reloj en Jope. Imagen de Wikipedia.

San Juan de Acre y los Caballeros Hospitalarios

En el año 1094, el Papa Urbano II promulgó que todos los pecados serían perdonados a quien fuera a Tierra Santa a "liberar" los sitios santos para el cristianismo, (especialmente el Santo Sepulcro en Jerusalén), que entonces se encontraban bajo dominio musulmán. Miles partieron de todas partes de Europa, llevando cruces rojas bordadas en los hombros, de ahí que luego fueran conocidos como "cruzados". En el 1099, los cruzados conquistaron la Ciudad Santa y establecieron el Primer Reino Cruzado de Jerusalén.

Antes de que llegaran los cruzados, había en Jerusalén un grupo de monjes que tenían un hospital dedicado a Juan el Bautista. Hospital no en el sentido que damos hoy a la palabra: ofrecían hospitalidad, no solamente asistencia médica, sino alojamiento y comida. Incluso hacían de guías, se puede decir que cubrían lo que hoy llamaríamos servicios turísticos. Una necesidad fundamental del viajero europeo era la protección, los caminos podían ser peligrosos para un cristiano en tierras musulmanas. Para poder encargarse también de esa tarea, los hospitalarios solicitaron al Papa permiso para portar armas. Algo hasta entonces insólito: monjes que además de cumplir votos de pobreza, castidad y obediencia, debían ser diestros en el uso de las armas. Más tarde, cuando llegaron los cruzados, las órdenes de monjes guerreros se convirtieron en el pilar del poderío militar del Reino de Jerusalén. Los Caballeros Hospitalarios o Caballeros de la Orden de San Juan, fueron los primeros, luego surgieron los famosos Caballeros Templarios, etc.

En el 1187, el ejército cruzado con sus mojes belicosos, fue aplastado por el legendario caudillo musulmán, Saladino. Los pocos que quedaron, organizaron la resistencia tras los muros de la ciudad de Akko o Acre. Cuatro años más tarde, Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra, llegó a apoyar a los cruzados y comenzó a reconquistar el territorio arrebatado por Saladino. Pero no llegó a completar la tarea, tuvo que volverse de apuro a las islas británicas. El que haya visto la película de Robin Hood, se acordará del Sherif malvado que quería hacerse con el poder real en ausensia del legítimo soberano. Ricardo recuperó Inglaterra, pero El Segundo Reino Cruzado de Jerusalén (1191-1291), se quedó sin Jerusalén. La capital de los cruzados pasó a ser Akko, allí se establecieron las órdenes monásticas, incluidos los prominentes Caballeros de San Juan, de ahí que la ciudad sea conocida hasta hoy como San Juan de Acre.

La Fortaleza de los Caballeros Hospitalarios, con sus enormes columnas, es una visita imperdible para quien pasea por Akko. Vale la pena ver la mazmorras, el comedor, el patio, las letrinas y el túnel subterráneo que comunica con lo que era la cripta de la iglesia. Encima de los edificios cruzados del siglo XIII, hubo un palacio del gobernador otomano en el siglo XVII y una cárcel británica en el siglo XX.

Pío XII y el Holocausto

Cuando llevo grupos católicos al Instituto Yad Vashem, Museo del Holocausto, el rol del Papa durante el Holocausto es un tema delicado. Suelo contar que hay quienes recriminan a Pío XII no haberse opuesto al régimen nazi, no haber denunciado en forma contundente sus políticas genocidas, no haber llamado a los fieles católicos a ayudar a los judíos. Un llamado claro e inequívoco del Papa en persona, pudo haber salvado miles de vidas, pero el Papa guardó silencio. Cuento que hubo muchísimos sacerdotes y monjas que salvaron a judíos escondiéndolos en monasterios, pero eran miembros del bajo clero, la cúpula de la Iglesia miró a un costado. En dos ocasiones, católicos muy instruidos me contestaron que eso no fue así, que Pío XII intercedió a favor de los judíos en discursos y encíclicas. Agradezco a un sacerdote chileno y a un católico argentino, que me motivaron a estudiar más sobre el tema.

Pío XII. Imagen tomada de Wikipedia.

En la librería de Yad Vashem obtuve el libro "Pius XII and the Holocaust. Current state of research". Es una serie de disertaciones y debates entre historiadores, un simposio a iniciativa de Yad Vashem y el Instituto Teológico Salesiano de San Pedro y San Pablo en Jerusalén. Tuvo lugar en el año 2009 y reunió a académicos "a favor" y "en contra" de Pío XII. Una de las pocas cosas en la que estuvieron de acuerdo todos los participantes, es que para poder investigar mejor el tema habría que tener acceso a los archivos secretos del Vaticano. En el 2009 se esperaba que los archivos fueran desclasificados en pocos años, no sé si esto ya ocurrió, tal vez hoy (2018) ya haya información más actualizada. De todos modos, resumo lo que aprendí del libro:

Pío XII y los judíos antes de la Segunda Guerra Mundial.
Durante siglos la Iglesia Católica sostuvo la "Teología del Reemplazo". La idea que las promesas de Dios a Abraham y su descendencia, ya no sea aplican al pueblo judío (hijos de Abraham en la carne), sino a los cátolicos (hijos de Abraham en espiritu), los judíos perdieron su relación de privilegio con Dios al rechazar a Jesús de Nazaret como mesías. Según esta postura, los judíos somos los culpables por la muerte de Jesús, Dios nos ha castigado, todo lo malo que nos ocurra lo tenemos merecido. Estas ideas fueron retractadas por la Iglesia en 1965, durante el Segundo Concilio del Vaticano. Después de la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia Católica comprendió las consecuencias nefastas de siglos y más siglos de propagar odio hacia los judíos. Pero hasta entonces esa era la visión de la Iglesia Católica, en la que fue educado Eugenio Pacelli (futuro Pío XII) y que siguió sosteniendo durante su papado.

Hay quienes afirman que a pesar de eso, a nivel personal, Pacelli sentía simpatía hacia los judíos, incluso intercedió a favor de los judíos en ciertos casos. En 1917, cuando era Nuncio Apostólico (embajador del Vaticano) en Bavaria, pidió al gobierno alemán que defendiera a los judíos de Jerusalén, amenazados por las autoridades turcas. En 1938, como Secretario de Estado de Pío XI, se opuso a una ley polaca que prohibía la shjitá (matar animales según las normas judías para producir carne kasher). Sin embargo, cuando las amenazas a la población judía llegaron desde Alemania nazi, no consta que haya intervenido. No condenó el boicot alemán contra negocios judíos en 1934, las leyes de discriminación racial (Leyes de Núremberg) en 1935, los ataques a tiendas y sinagogas en 1938 (Kristallnacht).

Pío XII y el nazismo antes del Holocausto.
No hay duda que Eugenio Pacelli despreciaba al Nacional-Socialismo. En 1924, cuando era Nuncio Apostólico en Alemania, envió una carta a su superior en el Vaticano, en la que se refirió a dicha ideología como: "probablemente la más peligrosa herejía de nuestro tiempo". Aún así, temía y deploraba todavía más al comunismo, que antes de la Segunda Guerra Mundial azotó a la Iglesia en Rusia, España y México.

El Concordato. 
En 1933, Eugenio Pacelli, como Secretario de Estado de Pío XI, negoció con los nazis el Concordato. Un acuerdo según el cual el Tercer Reich respetaba los derechos de la Iglesia Católica, mientras que la Iglesia se comprometía a no interferir en asusntos de política interna alemana. Los críticos de Pío XII, sostienen que con este acuerdo, el Vaticano se convirtió en el primer estado soberano, en reconocer de facto al gobierno de Adolf Hitler y así otorgarle legitimidad internacional. Los defensores del Papa, señalan que Pacelli también intentó (sin éxito) llegar a un acuerdo similar con la URSS en 1925, a pesar de su aversión hacia los bolcheviques. Se trataba de un intento de preservar la libertad de culto para los católicos, no una aprobación de las ideas de Hitler.

Encíclica Summi Pontificatus.
En marzo de 1939, Pacelli fue elegido Papa y adoptó el nombre de Pío XII. En septiembre, Alemania invadió a Polonia y estalló la Segunda Guerra Mundial. En octubre, Pío XII publicó su primera encíclica: Summi Pontificatus. Las encíclicas son cartas del Papa a los obispos, la primera encíclica de un Papa tiene especial importancia como declaración de principios. En ésta encíclica Pío XII habla de la unidad de la raza humana, rechaza la idea fascista del estado como valor supremo, llama a la solidaridad con Polonia ocupada. La encíclica fue considerada como una refutación de las bases del nazismo (racismo y totalitarismo), un denuncia pública contra Alemania nazi.

El discurso de Navidad.
El 24 de diciembre de 1942, Pío XII pronunció un discurso que fue transmitido por radio, en el cual habló de la responsabilidad de la humanidad por el sufrimiento causado por la guerra, incluyendo "a los cientos de millares de personas que, sin culpa propia alguna, a veces sólo por razones de nacionalidad o de raza, se ven destinados a la muerte o a un progresivo aniquilamiento". Quienes critican a Pío XII dicen que con eso no era suficiente, un solo discurso, en el que no se refiere explícitamente a los judíos, ni a Alemania, a los nazis, a los campos de exterminio, ni a las cámaras de gas (de las que sin duda a esta altura de la guerra ya tenía conocimiento). Un discurso en el que no llama claramente y sin rodeos a los fieles católicos a salvar judíos, ni a oponerse a los nazis. Discurso largo, en el que menciona el tema una vez, a la pasada. Un solo discurso, seguido por inacción. Quienes defienden al Papa, dicen que el discurso tuvo una gran repercusión, que aunque no usó la palabra "judíos", era obvio para cualquier católico que se refería a los judíos. Muchos católicos que salvaron judíos, se inspiraron en las palabras del Papa.

La redada de los judíos de Roma.
El 16 de octubre de 1943 los nazis arrestaron a poco más de mil judíos romanos. Pío XII se enteró de lo que estaba sucediendo. Monseñor Maglione, su Secretario de Estado, convocó de urgencia al embajador de Alemania. Le pidió que detenga los arrestos: "La Santa Sede no quisiera verse en la necesidad de tener que expresar palabras de desaprobación". Otro de los pocos puntos en que coinciden los distintos historiadores: en la cita con el embajador, el enviado del Papa amenazó con una protesta pública si los arrestos continuaban. Los arrestos continuaron durante unas horas más hasta que acabó la redada, los judíos arrestados fueron deportados a Auschwitz, donde murieron casi todos, la mayoría fueron enviados a las cámaras de gas en menos de una semana. El Vaticano no llegó a cumplir su amenaza, no protestó públicamente. Quienes critican a Pío XII, dicen que no se atrevió a oponerse abiertamente a los alemanes, por miedo a que los nazis invadieran el Vaticano, tal vez incluso que lo secuestraran a él. Pío XII también temía una posible insurgencia comunista en Roma, esperaba que los nazis pudieran suprimirla. Si bien Pío XII se oponía al asesinato de los judíos de Roma, tampoco le preocupaba demasiado, tenía otras preocupaciones.

Refugio de los judíos de Roma en instituciones religiosas.
Cientos de judíos romanos, se escondieron en monasterios, conventos y otras instituciones religiosas, sobre todo después de la redada. Al rededor de 200 instituciones abrieron sus puertas para dar refugio a judíos y no judíos cuyas vidas corrían peligro. El Papa Pío XII lo sabía y lo aprobaba. Lo que no está claro, es hasta que punto fueron iniciativas personales de religiosos particulares, o si acaso seguían indicaciones del Pontífice. Como fueron tantas las casas religiosas involucradas, hay quienes sugieren que un rescate a tal escala sólo pudo haber sucedido con intervención del Papa. Sin embargo, hubo también instituciones religiosas que cerraron sus puertas a los judíos. La falta de un criterio uniforme, hace pensar que no hubo una directriz del Papa, sino que se trató de una muestra espontánea de caridad cristiana por parte de religiosos individuales.

Los huérfanos judíos después de la guerra.
Después de la guerra, el Gran Rabino de la comunidad judía en Palestina, Issac Herzog, se entrevistó con el Papa. Pidió ayuda a Pío XII para recuperar a aquellos niños judíos que fueron escondidos en conventos católicos durante la guerra. Para Pío XII esos niños ya no eran judíos, sino católicos, puesto que habían sido bautizados. El Papa prohibió entregar a los niños a instituciones que "no garantizaran la continuación de su educación cristiana". Esta actitud contrasta con la de Juan Pablo II, que siendo aún un simple párroco, se negó a bautizar a huérfanos de origen judío, porque los padres de dichos niños hubieran querido que sus hijos fueran criados como judíos. Los defensores de Pío XII resaltan que en el caso de una niña bautizada que fue reclamada por su madre judía, en 24 horas el Papa ordenó devolver la niña a la madre. La política del Papa era devolver a los niños si los reclamaban sus familiares, pero no si los reclamaban instituciones. Sin embargo, también hubo otros casos en que las peticiones de los parientes fueron rechazadas por la Iglesia, niños que retornaron a sus familias sólo después de largos años de litigios legales.

Las líneas de ratas.
"Ratlines" o "líneas de ratas", se le llama a las rutas de escape hacia el continente americano, utilizadas por criminales nazis y de otros regimenes fascistas, luego de la guerra. Una de esas líneas fue auspiciada por la Iglesia Católica. El objetivo original del Vaticano era ayudar a escapar a católicos perseguidos por los comunistas en Europa oriental. Entregaban documentos con nombres falsos a prófugos, que luego eran utilizados para conseguir pasaportes que emitía la Cruz Roja. Si bien la gran mayoría de la ayuda fue otorgada a personas que genuinamente buscaban refugio de persecusiones políticas, también fue aprovechada por criminales que huían de la justicia. Incluído el comandante del Campo de exterminio de Treblinka (donde fue asesinada la familia de mi bisabuelo). ¿Lo sabía Pio XII? Quienes lo defienden dicen que esto ocurrió sin su conocimiento ni su consentimiento. Quienes lo critican dicen que lo sabía y lo aprobaba, esperaba que los nazis y fascistas caídos en desgracia, ayudaran a combatir el Marxismo en América del Sur.

Cesarea de Filipo: Breve resumen histórico

Arroyo Banias.

Cesarea de Filipo es también conocida como Banias. El nombre Banias, en árabe, proviene del griego Panias, que hace referencia al dios Pan, a quien allí se rendía culto. En la mitología griega, Pan, hijo de Hermes y Penélope, tenía cuerpo mitad de cabra y mitad de hombre. Se lo consideraba el dios de pastores y rebaños, la música ruprestre y demás. Se le rendía culto sobre todo fuera de las ciudades, en cuevas y fuentes de agua. Como en árabe la letra pe y la be se pronuncian igual, el nombre del lugar mutó a Banias. Se le llama Banias también a la reserva natural y al arroyo de agua que allí surge, una de las fuentes del Río Jordán.

En el año 332 A.C. Alejandro Magno conquistó la Tierra de Israel, así comienza el período helenístico en esta zona. Tal vez haya sido en ese período que los itureos, un pueblo de origen árabe o arameo, se asentaron en lo que hoy es la región del Golán y el Monte Hermón. Tras la muerte de Alejandro en el 323 A.C., su imperio fue dividido entre los diádocos, sus antiguos generales, entre ellos Ptolomeo y Seleuco. La tierra de Israel quedo en manos del Imperio Griego-Ptolomeico, con base en Egipto. En el año 200 A.C. hubo una gran batalla en Banias, la Batalla de Panio, tras la cual el control pasó al Imperio Griego-Seléucida, con base en Siria.

A fines del Siglo II A.C., los itureos construyeron el Templo al dios Pan. Unas décadas más tarde llegaron los romanos. El general Marco Antonio, enamorado de Cleopatra, entregó Banias a su amada en el 36 A.C. Cleopatra la arrendó al líder de los itureos, el Rey Zenodoro. El Emperador Augusto, prefería a Herodes el Grande, que pagaba puntualente a Roma los debidos impuestos. Tras la muerte de Zenodoro en el año 20 A.C., su territorio fue anexado al reino de Herodes. En agradecimiento, Herodes construyó allí un templo a Augusto, conocido como Augusteo, cuyos restos pueden verse hasta el día de hoy. 

Tras la muerte de Herodes, su reino fue dividido entre cuatro de sus hijos, conocidos como los Tetrarcas. Uno de sus hijos, llamado Filipo, fue el que recibió el territorio que incluía Banias. En el año 2 A.C., Filipo construyó allí una ciudad, que llamó Cesarea, en honor a Cesar Augusto. Para distinguirla de otra ciudad construida por su padre (también llamada Cesarea por la misma razón), ésta es conocida Cesarea de Filipo.

Cesarea de Filipo, según los evangelios de Mateo (16) y Marcos (8), es el lugar donde Jesús es reconocido por primera vez en forma explícita como Mesías e Hijo de Dios, por el Apostol Pedro:

Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo. Evangelio de Mateo 16:13-21.

En el Siglo I, Agripas II, sobrino nieto de Filipo y bisnieto del Rey Herodes, último rey de la dinastía, construyó su palacio en Cesarea de Filipo. Agripas cambió el nombre de la ciudad por Neronias, en honor al Emperador Nerón, por unos pocos años, desde el 61 D.C. hasta el suicidio de Nerón el 68 D.C. En el año 98 D.C., al cumplirse cien años de la fundación de la ciudad, la visitó el Emperador Trajano, quien fundó alli un Templo a Zeus. En el años 210 D.C. también fue construido un altar a la Diosa Némesis. Si bien Cesarea de Filipo comenzó como una ciudad pagana, contó con población judía y cristiana. Se convirtió en un centro importante para la comunidad cristiana, tanto que el obispo de la ciudad partició del Concilio de Nicea en el 325 D.C. 

Cesarea de Filipo siguió existiendo durante el período bizantino y el primer período árabe. Fue una pequeña fortaleza en el período cruzado, destruida en 1164 por Nur a Din. Sobre sus restos una pequeña aldea musulmana, que quedó abandonada tras la Guerra de los Seis Días, en 1967.

Así dijo Ciro

El Cilindro de Ciro (539 A.C.): uno de los documentos más importantes de la historia del pueblo judío y de la humanidad. Otra entrega de nuestra serie "Quién ganó", esta vez directo desde el Museo Británico en Londres:




"Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba." Crónicas 36:23

(VII) El periodo de entretemplos

Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos recordando a Sion
(Salmos 137:1).

La destrucción de Jerusalén y el asesinato de Guedalia (año 586 a. C.) marcaron el fin de la autonomía judía en la tierra de Israel. Terminaba de este modo el periodo del Primer Templo y comenzaba el exilio en Babilonia.  

¿Cómo vivían los judíos en Babilonia? ¿Cuáles fueron sus elementos de identidad? ¿Qué los distinguía como judíos y los diferenciaba de la población local? El Tanaj no ofrece muchos detalles sobre la vida de los exiliados -se limita a decir que lloraban junto a los ríos de Babilonia "recordando a Sion"- y las fuentes extrabíblicas sobre esta época escasean. 

Existe, sin embargo, un archivo compuesto por más de 100 tablillas de escritura cuneiforme que datan de los siglos VI-V a. C. Se trata de una colección de documentos legales que reflejan las transacciones comerciales, casas y campos de arrendamiento, direcciones y herencias de los exiliados de Judá que se habían establecido en varios asentamientos entre los ríos Tigris y Éufrates. El archivo se llama Al Yahudu en referencia al nombre que las fuentes babilónicas utilizaban para describir Jerusalén. Al Yahudu era la nueva Jerusalén de Babilonia, la principal ciudad judía en el exilio.

En el archivo de Al Yahudu, que contiene decenas de nombres propios, la identidad judía de los exiliados se manifiesta en el uso de los elementos teofóricos Yahu o El en los nombres. De este modo, aparecen con bastante frecuencia nombres como Shemayahu, Netanyahu o Shaaltiel. Estos mismos documentos demuestran, sin embargo, que a partir de la segunda generación de exiliados -aquellos que nacieron ya en Babilonia-, comenzó a producirse una combinación teofórica judeo-babilónica en los nombres (Nabu Utzur ben Delayahu, Nabu Sar Utzur ben Shaaltiel).

Este fenómeno refleja claramente la tensión entre, por un lado, el intento de preservar la cultura judía en el exilio y, por otro, la necesidad -en ocasiones también la voluntad- de integración en la sociedad babilónica. En este sentido, la vida judía en Babilonia parece haberse visto fuertemente influenciada por la carta que envío el profeta Jeremías a los exiliados a principios del siglo VI a. C.:

Construid casas y vivid en ellas, plantad huertos y comed el fruto de ellos. Tomad mujeres y engendrad hijos e hijas, y tomad mujeres para vuestros hijos y dad vuestras hijas a maridos, para que críen hijos e hijas, y multiplicaos ahí, y no os dejéis disminuir (Jeremías 29:5-6).

(VI) La conquista de Nabucodonosor y el asesinato de Guedalia

El rey Sedequías, hijo del reformador Josías, forjó una alianza con Egipto y se rebeló en contra de Babilonia en el año 589 a. C., negándose a pagar tributo al rey Nabucodonosor. Se desconoce el verdadero alcance de esta rebelión, pero Sedequías y sus asesores nunca se hubiesen atrevido a declararle la guerra a Babilonia, que ya había vencido a Judá con anterioridad, sin el apoyo de una gran coalición formada por otros reinos de la región, como Tiro, Sidón, Amón o Moab. Nabucodonosor tomó represalias militares para sofocar la rebelión, y el 10 de tevet del año 588 a. C. sitió la capital del reino de Judá

Y ocurrió en el mes décimo, el día diez del mes, que vino Nabucodonosor rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén, y acamparon frente a la ciudad y construyeron torres a su alrededor, de modo que la ciudad fue sitiada en el año onceno del rey Sedequías (Jeremías 52:4-5).

Un año y medio después, el 9 de av del año 586 a. C., habiendo derribado las murallas de Jerusalén, quemó el ejército de Nabucodonosor el Templo de Salomón.


Torre de vigilancia israelita destruida durante la conquista de Babilonia alrededor de la cual se han encontrado restos de flechas del ejército de Nabucodonosor (586 a. C.)

Al terminar la guerra, y como castigo por haberse sublevado, los líderes judíos fueron deportados a Babilonia. En Judá, ya sin Templo, Nabucodonosor escogió a un antiguo asesor de Sedequías llamado Guedalia ben Ajikam -que al parecer se había opuesto a la rebelión desde el principio- para gobernar a la población rural que no había sido exiliada. Pero Guedalia no era miembro de la dinastía davídica y el pueblo no aceptó su nombramiento. El 3 de tishrei del 586 a. C., dos meses después de la destrucción del Templo, Guedalia fue asesinado por un grupo de judíos opositores.

Tras el asesinato de Guedalia, la mitad de los campesinos de Judá huyeron a Egipto llevándose consigo al profeta Jeremías en contra de su propia voluntad. La otra mitad, para demostrarle lealtad al rey Nabucodonosor, decidió trasladarse a Babilonia. De este modo quedó la tierra de Judá desolada* durante un periodo de 70 años, sin judíos y sin Templo.

* El ayuno de Guedalia, instituido por los sabios de la siguiente generación, no conmemora el asesinato de Guedalia, sino la pérdida de la autonomía judía en Israel y la desolación de la tierra que duró 70 años.