Jerusalén y las embajadas

Para los judíos, Jerusalén es nuestra capital, desde que el Rey David la conquistó hace tres mil años y la convirtió en capital de su reino. Jerusalén es, de facto, la capital del moderno Estado de Israel. Allí se encuentran las sedes de los ministerios, la Knéset o parlamento, la Suprema Corte de Justicia, la Residencia del Primer Ministro y la del Presidente, etc. Sin embargo, la mayoría de los países del mundo no reconocen a Jerusalén como capital de Israel, casi todas las embajadas están entre Tel Aviv y Herzlia. Israel es el único país del mundo al que se le niega el derecho a determinar cuál es su capital. ¿Cómo llegamos a esta situación?

La actual knéset (parlamento) en Jerusalén. Foto tomada de Wikipedia.

En noviembre del 1947, las Naciones Unidas aprobaron el Plan de Partición de Palestina. Según dicha resolución, el territorio entonces conocido como Palestina Británica sería dividido en dos, un estado judío y un estado árabe. Jerusalén y Belén quedarían como un enclave internacional gobernado directamente por las Naciones Unidas. Los judíos aceptaron, los árabes no, estalló la guerra y el plan nunca llegó a aplicarse. Durante la Guerra de 1948, era dificil acceder a Jerusalén, por la duras batallas en el camino que conduce desde la costa mediterranea a la Ciudad Santa. En la práctica, el gobierno judío comenzó operando desde Tel Aviv. Fue en Tel Aviv donde David Ben Gurión declaró la Indepencia de Israel, el 14 de mayo de 1948. En Tel Aviv se reunió al principio la knéset, aunque por pocos meses.

Como concecuencia de la guerra, Jerusalén quedó dividida en dos. Jerusalén Oriental, incluyendo la Ciudad Antigua y el Monte de los Olivos, en manos de Jordania. Jerusalén Occidental, incluyendo el Monte Sión, en manos de Israel. En diciembre de 1949, David Ben Gurión declaró a Jerusalén como capital de Israel. El gobierno y la kneset se mudaron a la parte occidental de Jerusalén. Algunos países fueron instalando sus embajadas en Jerusalén Occidental. Es importante resaltar que al principio había embajadas en Jerusalén, la soberanía israelí sobre la parte oeste de Jerusalén no estaba en tela de juicio.

En 1967, durante la Guerra de los Seis Días, Israel conquistó de Jordania la parte este de Jerusalén. Toda Jerusalén quedó bajo control israelí. Ningún otro país del mundo, ni siquiera el gran aliado Estados Unidos, ha reconocido jamás la soberanía israelí sobre Jerusalén Oriental. La situación diplomática se complicó en 1980, cuando bajo el liderazgo de Menajem Beguin, la knéset emitió una nueva ley declarando explícitamente a TODA Jerusalén, "entera y unificada", como capital de Israel. A modo de protesta, los países que tenían sus embajadas en Jerusalén las fueron mudando paulatinamente a Tel Aviv y alrededores. En el 2006, Jerusalén quedó vacía de embajadas cuando se fueron las dos últimas: Costa Rica y El Salvador. Del 2007 al 2017 no hubo ninguna embajada en Jerusalén.

En 1995, durante la administación de Bill Clinton, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley, por la cual la Embajada de Estados Unidos en Israel debía mudarse de Tel Aviv a Jerusalén. Pero según la misma ley, el Presidente de Estados Unidos podía firmar un documento que postergara su implementación por seis meses. Así lo hicieron cada seis meses todos los presidentes: Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama y también Donald Trump al principio. Donald Trump firmó el documento dos veces, luego decidió no firmarlo una tercera vez, dejando que la ley de tiempos de Clinton entrara en vigencia. La "mudanza" de la Embajada de Estados Unidos fue muy simple, porque en realidad no fue necesario trasladar nada. A lo que era el edificio del Consulado de Estados Unidos en Jerusalén le cambiaron el cartel en la entrada, donde decía "consulado" ahora dice "embajada". La "nueva" embajada fue inaugurada simbólicamente, el 14 de mayo del 2018, al cumplirse 70 años de la creación de Israel. Mientras tanto, en el edificio de la embajada en Tel Aviv añadieron al cartel de entrada la palabra "branch" (sucursal), y el embajador sigue trabajando cómodamente desde allí.

Siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, Paraguay y Guatemala mudaron también sus embajadas a Jerusalén en el 2018. La de Paraguay duró pocos meses, hubo elecciones y el nuevo gobierno electo retiró la embajada paraguaya de Jerusalén. Brasil y República Checa han expresado sus intenciones de trasladar sus embajadas a la Ciudad Santa, pero hasta el momento no lo han hecho. Al día de hoy (enero 2019), hay en Jerusalén sólo dos embajadas: Estados Unidos y Guatemala.

Foto con el Embajador de Guatemala en Israel.

Introducción a Jerusalén

Jerusalén es la Ciudad Santa para las tres grandes religiones monoteistas. Para los judíos: Jerusalén es la capital del Reino de David, donde su hijo Salomón construyó el Primer Templo, donde fue eregido también el Segundo Templo, y se espera que algún día se constuya el tercero. Para los cristianos en Jerusalén acontecieron varios episodios de la vida de Jesús, principalmente: Jerusalén es donde Jesús fue crucificado, enterrado y donde resucitó. Para los musulmanes: desde Jerusalén el profeta Mahoma subió al cielo a recibir las plegarias de Alá.

Jerusalén es también la capital del Estado de Israel. Más allá de la discusión política, cuántos países la reconocen como tal y dónde están las embajadas, es la capital de facto. En Jerusalén está el asiento de los tres poderes del estado: la Residencia del Primer Ministro y las sedes de los ministerios (poder ejecutivo), la Kneset o Parlamento (poder legislativo), la Suprema Corte de Justicia (poder judicial). Es la ciudad más grande del país con cerca de 900 mil habitantes, un 10% de la población de Israel. Entre ellos, aproximadamente un tercio son árabes, un tercio judíos ultra-ortodoxos y un tercio "otros judíos" (entre quienes me incluyo).

Vista panorámica de Jerusalén Antigua desde el Monte de los Olivos.

Para entender mejor la ciudad podemos clasificar las distintas partes según dos criterios. El primer criterio: Jerusalén Antigua versus Jerusalén Moderna. Llamamos a Jerusalén Antigua a todo lo que está dentro de las Murallas de Jerusalén, cuatro muros de un kilómetro de largo cada uno. Los muros no son tan antiguos, tienen 500 años solamente, construidos en el Siglo XVI por Suleimán el Magnífico, Sultán del Imperio Otomano. No es mucho, si tenemos en cuenta que Jerusalén ya era una ciudad amurallada hace cerca de 4000 años. Fue destruida y vuelta a construir varias veces. Es importante recordar que los muros actuales no son los mismos que los que había en tiempos de Jesús (hace 2000 años), o en tiempos del Rey David (hace 3000). En tiempos de Jesús la ciudad amurallada era mucho más grande, en algunas partes coincidía con la actual y en otras no. En tiempos de David era mucho más pequeña y estaba más al sur (donde hoy se encuentra el Parque Ciudad de David). Resumiedo en una frase: hay partes de Jerusalén, más antiguas que Jerusalén Antigua, por fuera de Jerusalén Antigua. Desde Suleimán el Magnifico hasta 1860, Jerusalén era solamente lo que hoy es el casco antiguo. Hoy en día, Jerusalén Moderna (es decir, casi todo lo que está fuera de los muros) abarca muchísimo más territorio que Jerusalén Antigua.

El segundo criterio: Jerusalén Oriental versus Jerusalén Occidental. Durante la Guerra de Independencia de Israel, en 1948, Jerusalén quedó dividida en dos. La parte Este, incluyendo toda la Ciudad Antigua y el Monte de los Olivos, quedó del lado de Jordania. La parte Oeste, incluyendo el Monte Sión, quedó del lado de Israel. Durante 19 años, no se podía cruzar de una parte a otra, los judíos no tenían permitido acceder al Muro de los Lamentos. Hasta que en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, la parte Este fue "liberada", "conquistada" u "ocupada" por Israel (la terminología cambia según quien narra lo hechos). Jerusalén lleva mucho más tiempo unificada que los 19 años que pasó divida. Aún así, la división de entonces se siente hasta hoy en día: en Jerusalén Oriental están los barrios árabes, en Jerusalén Occidental los barrios judíos.

Napoleón y los muros de Akko

Si bien Akko o Acre existe desde hace aproxidamente 4000 años, no tuvo gran importancia hasta sus dos grandes períodos de esplendor. El primero en el Siglo XIII, como capital del segundo Reino Cruzado. Luego en tiempos modernos, desde mediados del Siglo XVIII, cuando pasó a ser la capital regional, dentro del Imperio Otomano. Allí se establecieron una serie de gobernadores locales que la hicieron florecer, fortificando murallas, construyendo un acueducto, desarrollando el puerto y el comercio, y centralizando en ella el gobierno de la región.

Ahmad Al-Jazzar, no fue el primero de los gobernadores de Akko, pero sí uno de los más importantes. Al acercarse a Akko, puede divisarse a lo lejos una gran cúpula verde, sobre la gran mezquita que construyó y que lleva su nombre: Mezquita Al-Jazzar. Hasta el día de hoy, una de las mezquitas más grandes de Israel. Contiene una gran reliquia para los muslmanes: un pelo de la barba de Mahoma.

Mezquita Al Jazzar. Imagen de Wikipedia.


Al-Jazzar derrotó nada menos que a Napoleón Bonaparte. En 1799, Napoleón partió desde Egipto con la intención de conquistar la Tierra Santa. Después de tomar Ramle y Jope, Napoleón podría haber avanzado hacia Jerusalén, pero decidió pasar de largo y seguir hacia Akko. Jerusalén sería la Ciudad Santa, pero la ciudad importante desde el punto de vista político y militar era Akko. Napoleón sitió la ciudad, creyendo que la tomaría con facilidad. Pero Al-Jazzar contaba con apoyo: una flota británica lo protegía y abastecía desde el mar, y un militar francés enemigo de Napoleón lo asesoraba dentro de la ciudad. Después de casi dos meses de sitio, los franceses finalmente consiguieron abrir una brecha en los muros de Akko y penetrar en la ciudad. Dentro los esperaba una terrible sorpresa: Al-Jazzar había construido otra muralla más, los soldados franceses que penetraban quedaban atrapados entre los dos muros. Finalmente, después de haber sufrido numerosas bajas, Napoleón no tuvo más alternativa que retirarse y regresar a Egipto.

Los inmensos muros que se ven hoy al entrar por la entrada principal a la parte antigua de Akko, no son iguales a los que Napoleón luchó por derribar. Después de la retirada, Al Jazzar fortificó la ciudad más aún, ensanchando las murallas para que pudieran resistir fuego de artillería.

Muros de Akko, imagen de wikipedia.

Paseo por Tel Aviv

El puerto de Jaffa, fue la principal puerta de entrada a la Tierra Santa, también para los judíos que llegaron en la "Primera Aliá", la ola inmigratoria de judíos de fines del Siglo XIX. Así surgieron los primeros barios judíos al norte de Jaffa, que hoy son parte de Tel Aviv. El primero, fundado en 1887, se llama Neve Tzedek, que significa "oasis de justicia", uno de los nombres de Dios, según Jeremías 50:7. Hoy en día es una de las zonas más pintorescas de la ciudad.

Mural junto al centro de danza Suzanne Dellal en Neve Tzedek.

Junto al nuevo barrio, está la antigua estación (HaTachana) de la primera línea de tren del Medio Oriente, que en 1892, conectó Jaffa con Jerusalén. El tren a vapor serpenteaba lentamente entre la montañas, demorando seis horas en llegar a la Ciudad Santa. Era tan, pero tan lento, que se cuenta que un día una persona se quiso suicidar, se ató a las vías del tren... y murió de hambre. El nuevo tren eléctrico inaugurado en 2018, se espera que complete el trayecto en 28 minutos, sin duda un gran avance. 

Antigua estación del tren.

En los años siguientes surgieron más barrios. Pero un grupo de vecinos decidió que con barrios no bastaba, se organizaron para crear "la primer ciudad hebrea" en tiempos modernos: Tel Aviv fue fundada en 1909. El nombre de la ciudad, viene de un libro escrito por Theodor Herzl, fundador del Movimiento Sionista. Una novela que podría clasificarse de ciencia ficción, donde Herzl imaginaba como sería el futuro país. Imaginaba una relación armoniosa entre judíos y árabes, que lamentablemete no se ha concretado. El libro, publicado en 1902, fue escrito en alemán y se titula "Alteneuland", que significa "nueva-vieja tierra". Fue traducido más libremente al hebreo como Tel Aviv. "Tel" se le llama a cierto tipo de sitio arqueológico y "Aviv" significa primavera, yuxtaponiendo las dos palabras se representa la idea de la renovación de lo antiguo, expresada en el título original.

Tel Aviv empezó con algunas decenas de parcelas de tierra arenosa, que fueron sorteadas entre los vecinos, para que cada cuál se construyera su hogar. Entre ellos: Meir Dizengoff, el primer alcalde. Más adelante, Dizengoff convirtió su casa en museo de arte y la donó a la ciudad. Allí fue donde el 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión, declaró la Independencia del Estado de Israel. Se puede revivir la histórica ceremonia, visitando el Salón de la Independencia (temporalmente cerrado por renovaciones desde septiembre 2018). Está ubicada en el Boulevard Rotchild, una de las zonas chic de la ciudad, muy apropiada para salir a caminar o ir a tomar una cerveza.

David Ben-Gurión leyendo la Declaración de Independencia.
Por encima de Ben-Gurión, una foto de Theodor Herzel.
Imagen tomada de Wikipedia.

Para muchos, el momento histórico más importante acontecido en Tel Aviv desde la creación del Estado de Israel, fue el asesinato del Primer Ministro Isaac Rabin, el 4 de noviembre de 1995, en la Plaza Reyes de Israel. Al finalizar una multitudinaria manifestación a favor del Proceso de Paz, un israelí de extrema derecha, opuesto a los acuerdos alcanzados entre el gobierno de Rabin y el líder palestino Yasser Arafat, le pegó dos tiros. Desde entonces la plaza es conocida como Plaza Rabin. Se puede ver el monumento que marca el punto donde Rabin cayó abatido. También es interesante visitar el museo Centro Isaac Rabin, dedicado a la vida y obra del mandatario y a la historia reciente del Estado de Israel.

Plaza Rabin. Imagen tomada de wikipedia.

Otros sitios que recomendamos visitar en Tel Aviv: Puerto de Jaffa, Puerto de Tel Aviv, Mercado Carmel, Mercado Sarona, Museo de la Diáspora, Museo del Palmaj. Y por supuesto: la playa.

Paseo por Jope


Yaffo en hebreo, Jaffa en inglés, Jope según las traducciones bíblicas al español. Hoy en día es la parte sur de Tel Aviv, como indica el nombre oficial del municipio: Tel Aviv-Yaffo. Pero Tel Aviv es una ciudad nueva, de algo más de cien años, mientras que Jope ronda los cuatro mil años de antigüedad. Desde sus comienzos fue una ciudad puerto sobre el Mar Mediterráneo. De los muchos puertos de la zona, el más cercano a Jerusalén. Por eso, durante siglos, Jope fue la puerta de entrada a la Tierra Santa. Sin duda, un buen lugar para comenzar un itinerario de viaje por Israel.

Caminando por las calles de la antigua Jope, uno se encuentra con varios personajes:


El Profeta Jonás.
El Libro de Jonás, en el Antiguo Testamento, cuenta que Jonás embarcó en Jope. Dios lo envió a Nínive (Una ciudad en la actual Siria), pero Jonás desobedeció y tomó un barco en otra dirección. En el mar se desató una tempestad que amenazaba con hundir la nave con toda su tripulación. Para que no perecieran todos por su pecado, Jonás fue lanzado al agua, donde fue devorado por un gran pez. Tres días y tres noches pasó en el vientre del animal, se arrepintió de su pecado, fue devuelto a tierra y continuó viaje hacia Nínive.

Jonás dentro de la ballena. Imagen de Wikipedia.

El Apostol Pedro.
Hoy en día, para llegar a Israel uno ya no viaja en barco al puerto de Yaffo, lo más común es volar a Ben Gurión. Aunque el tiquete diga que el vuelo es a Tel Aviv, en realidad el aeropuerto está en la ciudad de Lod (en hebreo) o Lida. El Nuevo Testamento, en Hechos de los Apóstoles (capítulos 9 y 10), cuenta que Pedro se encontraba en Lida, de Lida fue a Jope, de Jope siguió a Cesarea Marítima. Quienes aterrizan en Israel, y siguiendo un itinerario clásico continúan a Jope y Cesarea, hacen el mismo camino que hizo Pedro. En Jope Pedro resucitó a un niña llamada Tabita (o Dorcas, varía según la traducción). Se alojó en la casa de Simón el Curtidor, donde tuvo la visión de los animales impuros bajando del cielo sobre un lienzo. Según la tradición católica la casa de Simón el Curtidor estaba donde hoy está la Iglesia de San Pedro. Según la tradición armenia, la ubiación es unos metros más al sur, donde está el faro.

Iglesia de San Pedro.

Napoleón Bonaparte.
Después de que los cruzados fueran derrotados a fines del Siglo XIII, pasaron cuatrocientos años antes de que otro europeo volviera a intentar conquistar la Tierra Santa. En 1799, viniendo desde Egipto, Napoleón conquistó Jope. No consiguió conquistar todo Israel, fue derrotado más tarde en Akko, tuvo que regresarse a Egipto. Cinco años más tarde se convirtió en "Emperador de los franceses", demostrando que uno puede perder una batalla, incluso una guerra, y seguir subiendo de rango.

Napoleón dando la bienvenida a una turista.
Abdul Hamid II.
El último Sultán del Imperio Turco Otomano, cumplía 25 años de su ascenso al trono en 1901, para festejar ordenó construir cien torres de relojes a lo largo y ancho del imperio. De nada le sirvió tanta ostentación cuando fue derrocado unos años después, en 1909. El imperio acabó por desmoronarse después de la Primera Guerra Mundial, al contrario que varias de las torres, que siguen en pie hasta hoy. La más conocida de las que hay en Israel está en Jope. Hay otras en Haifa, Akko y Safed.

La Torre del Reloj en Jope. Imagen de Wikipedia.

San Juan de Acre y los Caballeros Hospitalarios

En el año 1094, el Papa Urbano II promulgó que todos los pecados serían perdonados a quien fuera a Tierra Santa a "liberar" los sitios santos para el cristianismo, (especialmente el Santo Sepulcro en Jerusalén), que entonces se encontraban bajo dominio musulmán. Miles partieron de todas partes de Europa, llevando cruces rojas bordadas en los hombros, de ahí que luego fueran conocidos como "cruzados". En el 1099, los cruzados conquistaron la Ciudad Santa y establecieron el Primer Reino Cruzado de Jerusalén.

Antes de que llegaran los cruzados, había en Jerusalén un grupo de monjes que tenían un hospital dedicado a Juan el Bautista. Hospital no en el sentido que damos hoy a la palabra: ofrecían hospitalidad, no solamente asistencia médica, sino alojamiento y comida. Incluso hacían de guías, se puede decir que cubrían lo que hoy llamaríamos servicios turísticos. Una necesidad fundamental del viajero europeo era la protección, los caminos podían ser peligrosos para un cristiano en tierras musulmanas. Para poder encargarse también de esa tarea, los hospitalarios solicitaron al Papa permiso para portar armas. Algo hasta entonces insólito: monjes que además de cumplir votos de pobreza, castidad y obediencia, debían ser diestros en el uso de las armas. Más tarde, cuando llegaron los cruzados, las órdenes de monjes guerreros se convirtieron en el pilar del poderío militar del Reino de Jerusalén. Los Caballeros Hospitalarios o Caballeros de la Orden de San Juan, fueron los primeros, luego surgieron los famosos Caballeros Templarios, etc.

En el 1187, el ejército cruzado con sus mojes belicosos, fue aplastado por el legendario caudillo musulmán, Saladino. Los pocos que quedaron, organizaron la resistencia tras los muros de la ciudad de Akko o Acre. Cuatro años más tarde, Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra, llegó a apoyar a los cruzados y comenzó a reconquistar el territorio arrebatado por Saladino. Pero no llegó a completar la tarea, tuvo que volverse de apuro a las islas británicas. El que haya visto la película de Robin Hood, se acordará del Sherif malvado que quería hacerse con el poder real en ausensia del legítimo soberano. Ricardo recuperó Inglaterra, pero El Segundo Reino Cruzado de Jerusalén (1191-1291), se quedó sin Jerusalén. La capital de los cruzados pasó a ser Akko, allí se establecieron las órdenes monásticas, incluidos los prominentes Caballeros de San Juan, de ahí que la ciudad sea conocida hasta hoy como San Juan de Acre.

La Fortaleza de los Caballeros Hospitalarios, con sus enormes columnas, es una visita imperdible para quien pasea por Akko. Vale la pena ver la mazmorras, el comedor, el patio, las letrinas y el túnel subterráneo que comunica con lo que era la cripta de la iglesia. Encima de los edificios cruzados del siglo XIII, hubo un palacio del gobernador otomano en el siglo XVII y una cárcel británica en el siglo XX.

Pío XII y el Holocausto

Cuando llevo grupos católicos al Instituto Yad Vashem, Museo del Holocausto, el rol del Papa durante el Holocausto es un tema delicado. Suelo contar que hay quienes recriminan a Pío XII no haberse opuesto al régimen nazi, no haber denunciado en forma contundente sus políticas genocidas, no haber llamado a los fieles católicos a ayudar a los judíos. Un llamado claro e inequívoco del Papa en persona, pudo haber salvado miles de vidas, pero el Papa guardó silencio. Cuento que hubo muchísimos sacerdotes y monjas que salvaron a judíos escondiéndolos en monasterios, pero eran miembros del bajo clero, la cúpula de la Iglesia miró a un costado. En dos ocasiones, católicos muy instruidos me contestaron que eso no fue así, que Pío XII intercedió a favor de los judíos en discursos y encíclicas. Agradezco a un sacerdote chileno y a un católico argentino, que me motivaron a estudiar más sobre el tema.

Pío XII. Imagen tomada de Wikipedia.

En la librería de Yad Vashem obtuve el libro "Pius XII and the Holocaust. Current state of research". Es una serie de disertaciones y debates entre historiadores, un simposio a iniciativa de Yad Vashem y el Instituto Teológico Salesiano de San Pedro y San Pablo en Jerusalén. Tuvo lugar en el año 2009 y reunió a académicos "a favor" y "en contra" de Pío XII. Una de las pocas cosas en la que estuvieron de acuerdo todos los participantes, es que para poder investigar mejor el tema habría que tener acceso a los archivos secretos del Vaticano. En el 2009 se esperaba que los archivos fueran desclasificados en pocos años, no sé si esto ya ocurrió, tal vez hoy (2018) ya haya información más actualizada. De todos modos, resumo lo que aprendí del libro:

Pío XII y los judíos antes de la Segunda Guerra Mundial.
Durante siglos la Iglesia Católica sostuvo la "Teología del Reemplazo". La idea que las promesas de Dios a Abraham y su descendencia, ya no sea aplican al pueblo judío (hijos de Abraham en la carne), sino a los cátolicos (hijos de Abraham en espiritu), los judíos perdieron su relación de privilegio con Dios al rechazar a Jesús de Nazaret como mesías. Según esta postura, los judíos somos los culpables por la muerte de Jesús, Dios nos ha castigado, todo lo malo que nos ocurra lo tenemos merecido. Estas ideas fueron retractadas por la Iglesia en 1965, durante el Segundo Concilio del Vaticano. Después de la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia Católica comprendió las consecuencias nefastas de siglos y más siglos de propagar odio hacia los judíos. Pero hasta entonces esa era la visión de la Iglesia Católica, en la que fue educado Eugenio Pacelli (futuro Pío XII) y que siguió sosteniendo durante su papado.

Hay quienes afirman que a pesar de eso, a nivel personal, Pacelli sentía simpatía hacia los judíos, incluso intercedió a favor de los judíos en ciertos casos. En 1917, cuando era Nuncio Apostólico (embajador del Vaticano) en Bavaria, pidió al gobierno alemán que defendiera a los judíos de Jerusalén, amenazados por las autoridades turcas. En 1938, como Secretario de Estado de Pío XI, se opuso a una ley polaca que prohibía la shjitá (matar animales según las normas judías para producir carne kasher). Sin embargo, cuando las amenazas a la población judía llegaron desde Alemania nazi, no consta que haya intervenido. No condenó el boicot alemán contra negocios judíos en 1934, las leyes de discriminación racial (Leyes de Núremberg) en 1935, los ataques a tiendas y sinagogas en 1938 (Kristallnacht).

Pío XII y el nazismo antes del Holocausto.
No hay duda que Eugenio Pacelli despreciaba al Nacional-Socialismo. En 1924, cuando era Nuncio Apostólico en Alemania, envió una carta a su superior en el Vaticano, en la que se refirió a dicha ideología como: "probablemente la más peligrosa herejía de nuestro tiempo". Aún así, temía y deploraba todavía más al comunismo, que antes de la Segunda Guerra Mundial azotó a la Iglesia en Rusia, España y México.

El Concordato. 
En 1933, Eugenio Pacelli, como Secretario de Estado de Pío XI, negoció con los nazis el Concordato. Un acuerdo según el cual el Tercer Reich respetaba los derechos de la Iglesia Católica, mientras que la Iglesia se comprometía a no interferir en asusntos de política interna alemana. Los críticos de Pío XII, sostienen que con este acuerdo, el Vaticano se convirtió en el primer estado soberano, en reconocer de facto al gobierno de Adolf Hitler y así otorgarle legitimidad internacional. Los defensores del Papa, señalan que Pacelli también intentó (sin éxito) llegar a un acuerdo similar con la URSS en 1925, a pesar de su aversión hacia los bolcheviques. Se trataba de un intento de preservar la libertad de culto para los católicos, no una aprobación de las ideas de Hitler.

Encíclica Summi Pontificatus.
En marzo de 1939, Pacelli fue elegido Papa y adoptó el nombre de Pío XII. En septiembre, Alemania invadió a Polonia y estalló la Segunda Guerra Mundial. En octubre, Pío XII publicó su primera encíclica: Summi Pontificatus. Las encíclicas son cartas del Papa a los obispos, la primera encíclica de un Papa tiene especial importancia como declaración de principios. En ésta encíclica Pío XII habla de la unidad de la raza humana, rechaza la idea fascista del estado como valor supremo, llama a la solidaridad con Polonia ocupada. La encíclica fue considerada como una refutación de las bases del nazismo (racismo y totalitarismo), un denuncia pública contra Alemania nazi.

El discurso de Navidad.
El 24 de diciembre de 1942, Pío XII pronunció un discurso que fue transmitido por radio, en el cual habló de la responsabilidad de la humanidad por el sufrimiento causado por la guerra, incluyendo "a los cientos de millares de personas que, sin culpa propia alguna, a veces sólo por razones de nacionalidad o de raza, se ven destinados a la muerte o a un progresivo aniquilamiento". Quienes critican a Pío XII dicen que con eso no era suficiente, un solo discurso, en el que no se refiere explícitamente a los judíos, ni a Alemania, a los nazis, a los campos de exterminio, ni a las cámaras de gas (de las que sin duda a esta altura de la guerra ya tenía conocimiento). Un discurso en el que no llama claramente y sin rodeos a los fieles católicos a salvar judíos, ni a oponerse a los nazis. Discurso largo, en el que menciona el tema una vez, a la pasada. Un solo discurso, seguido por inacción. Quienes defienden al Papa, dicen que el discurso tuvo una gran repercusión, que aunque no usó la palabra "judíos", era obvio para cualquier católico que se refería a los judíos. Muchos católicos que salvaron judíos, se inspiraron en las palabras del Papa.

La redada de los judíos de Roma.
El 16 de octubre de 1943 los nazis arrestaron a poco más de mil judíos romanos. Pío XII se enteró de lo que estaba sucediendo. Monseñor Maglione, su Secretario de Estado, convocó de urgencia al embajador de Alemania. Le pidió que detenga los arrestos: "La Santa Sede no quisiera verse en la necesidad de tener que expresar palabras de desaprobación". Otro de los pocos puntos en que coinciden los distintos historiadores: en la cita con el embajador, el enviado del Papa amenazó con una protesta pública si los arrestos continuaban. Los arrestos continuaron durante unas horas más hasta que acabó la redada, los judíos arrestados fueron deportados a Auschwitz, donde murieron casi todos, la mayoría fueron enviados a las cámaras de gas en menos de una semana. El Vaticano no llegó a cumplir su amenaza, no protestó públicamente. Quienes critican a Pío XII, dicen que no se atrevió a oponerse abiertamente a los alemanes, por miedo a que los nazis invadieran el Vaticano, tal vez incluso que lo secuestraran a él. Pío XII también temía una posible insurgencia comunista en Roma, esperaba que los nazis pudieran suprimirla. Si bien Pío XII se oponía al asesinato de los judíos de Roma, tampoco le preocupaba demasiado, tenía otras preocupaciones.

Refugio de los judíos de Roma en instituciones religiosas.
Cientos de judíos romanos, se escondieron en monasterios, conventos y otras instituciones religiosas, sobre todo después de la redada. Al rededor de 200 instituciones abrieron sus puertas para dar refugio a judíos y no judíos cuyas vidas corrían peligro. El Papa Pío XII lo sabía y lo aprobaba. Lo que no está claro, es hasta que punto fueron iniciativas personales de religiosos particulares, o si acaso seguían indicaciones del Pontífice. Como fueron tantas las casas religiosas involucradas, hay quienes sugieren que un rescate a tal escala sólo pudo haber sucedido con intervención del Papa. Sin embargo, hubo también instituciones religiosas que cerraron sus puertas a los judíos. La falta de un criterio uniforme, hace pensar que no hubo una directriz del Papa, sino que se trató de una muestra espontánea de caridad cristiana por parte de religiosos individuales.

Los huérfanos judíos después de la guerra.
Después de la guerra, el Gran Rabino de la comunidad judía en Palestina, Issac Herzog, se entrevistó con el Papa. Pidió ayuda a Pío XII para recuperar a aquellos niños judíos que fueron escondidos en conventos católicos durante la guerra. Para Pío XII esos niños ya no eran judíos, sino católicos, puesto que habían sido bautizados. El Papa prohibió entregar a los niños a instituciones que "no garantizaran la continuación de su educación cristiana". Esta actitud contrasta con la de Juan Pablo II, que siendo aún un simple párroco, se negó a bautizar a huérfanos de origen judío, porque los padres de dichos niños hubieran querido que sus hijos fueran criados como judíos. Los defensores de Pío XII resaltan que en el caso de una niña bautizada que fue reclamada por su madre judía, en 24 horas el Papa ordenó devolver la niña a la madre. La política del Papa era devolver a los niños si los reclamaban sus familiares, pero no si los reclamaban instituciones. Sin embargo, también hubo otros casos en que las peticiones de los parientes fueron rechazadas por la Iglesia, niños que retornaron a sus familias sólo después de largos años de litigios legales.

Las líneas de ratas.
"Ratlines" o "líneas de ratas", se le llama a las rutas de escape hacia el continente americano, utilizadas por criminales nazis y de otros regimenes fascistas, luego de la guerra. Una de esas líneas fue auspiciada por la Iglesia Católica. El objetivo original del Vaticano era ayudar a escapar a católicos perseguidos por los comunistas en Europa oriental. Entregaban documentos con nombres falsos a prófugos, que luego eran utilizados para conseguir pasaportes que emitía la Cruz Roja. Si bien la gran mayoría de la ayuda fue otorgada a personas que genuinamente buscaban refugio de persecusiones políticas, también fue aprovechada por criminales que huían de la justicia. Incluído el comandante del Campo de exterminio de Treblinka (donde fue asesinada la familia de mi bisabuelo). ¿Lo sabía Pio XII? Quienes lo defienden dicen que esto ocurrió sin su conocimiento ni su consentimiento. Quienes lo critican dicen que lo sabía y lo aprobaba, esperaba que los nazis y fascistas caídos en desgracia, ayudaran a combatir el Marxismo en América del Sur.